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Anónimo García, el agitador ultrarracionalista

Anónimo García, el agitador ultrarracionalista
Martes, 12 de diciembre 2017

Hablamos con Anónimo García, miembro fundador de Homo Velamine, colectivo anti-dogmático de agitación cultural dedicado a incomodar a los biempensantes de izquierda y derecha mediante acciones de impacto mediático.

Nos citamos en un famoso café del barrio de Malasaña para compartir un tardo-desayuno. Anónimo aparece con una camiseta de Led Zeppelin, grupo legendario del rock analógico nunca superado por las bandas de la era digital. Bien podría interpretarse esta indumentaria como parte de su rechazo al mundo moderno. Ha hecho una pausa en la preparación del cursillo sobre guerrilla de comunicación que va a impartir en La Casa Encendida de Madrid para recibirnos y charlar sobre Homo Velamine, el colectivo del que es fundador y uno de sus miembros más activos y conocidos. En una época en la que se han puesto de moda los paralelismos históricos y todo el mundo explica el presente hablando de una nueva crisis del 29, un nuevo nacionalismo, un nuevo imperialismo y hasta un nuevo capitalismo, la acción de Homo Velamine viene a sumarse a la tendencia reivindicando las provocaciones dadaístas y surrealistas contra los burgueses en la época de las vanguardias. El propio Anónimo nos lo explica a lo largo de esta interesante conversación.

Ctlr.- ¿Queréis intervenir en la realidad? ¿Tenéis objetivos políticos o causas que defender? ¿Qué pretende vuestra guerrilla?

Anónimo.- La comunicación de guerrilla tiene tres vertientes. La primera es el marketing, que pretende vender un producto; otra es el arte, el dadaísmo, el situacionismo y el surrealismo; y, por último, el activismo, que sería lo que hace gente como Femen o Greenpeace. Todo está muy mezclado. El arte y el activismo son díficiles de separar muchas veces. Por ejemplo, lo que hace Yolanda Domínguez es arte de acción que denuncia el machismo o el consumismo. Nosotros estamos más en el terreno del arte, aunque tampoco lo llamamos así. Lo que hacemos es alterar el espacio común, como hacían los dadaístas, con menos objetivos políticos que los surrealistas, que acabaron en el comunismo. Es arte, provocación.

¿Tenéis la intención de ridiculizar o parodiar a vuestros enemigos políticos?

Sí, en parte. Tenemos ideas políticas, pero no son tan obvias. Muchos somos de izquierdas, y sin embargo algunas de nuestras acciones pueden parecer a primera vista que apoyan al PP. Eso sucede porque las acciones no son tan simples como pueden parecer.

Hay dos acciones que ejemplifican mucho esta relación con el Partido Popular. Una se llamó “Hipsters con Rajoy” y la otra “FEA, Feministas con Esperanza Aguirre”. Algunos medios conservadores las vieron con cierta simpatía

¿Eran ataques al partido hegemónico de la derecha o tenían algo de complicidad con ellos?

En realidad, no pretenden criticar al PP, sino cuestionar fundamentos de la democracia tal como está configurada. Muchos de los más graves problemas de hoy se derivan de lo que ha votado el pueblo y hay que replantearse eso. Por citar un par ejemplos de fuera de España, ahí están el Brexit o Trump. Nosotros tampoco proponemos una alternativa definida, aunque en muchos aspectos nos fascina el despotismo ilustrado. Deberíamos modernizar y recuperar aquella idea, pero siempre que el pueblo se sienta integrado. No estamos en contra de que el pueblo vote determinadas cuestiones, pero creemos que para que la democracia funcione se tienen que cumplir unas premisas ideales de las que estamos muy alejados; como, por ejemplo, que el pueblo esté bien informado o que impere la razón sobre las emociones, cosa que no está pasando en absoluto. Por eso defendemos el ultrarracionalismo.

¿Eso no es elitismo?

Es posible. Creo que hay ideas que explicaba Ortega y Gasset en La rebelión de las masas que tienen vigencia en estos tiempos. Aunque sea duro decirlo. El problema es quién debe tener el poder. Ortega defendía que fuera una aristocracia, no entendida como una nobleza, sino como un gobierno de los mejores. Lo difícil es ponerse de acuerdo en quiénes son los mejores. Nosotros decimos que sea la clase creativa. Convivimos con estas contradicciones. Rechazamos el poder del pueblo y al mismo tiempo el fascismo. Porque muchos somos de izquierda, pero no nos convencen algunos experimentos de consulta popular que están siendo un desastre. Se consulta al pueblo, pero muchas veces el pueblo no tiene tiempo, ni ganas, ni autoridad para decidir. Quizás decir esto suene muy mal desde un punto de vista intelectual y progresista, pero creo que las motivaciones de mucha gente para votar no tienen nada que ver con la cuestión que se plantea en la consulta.

¿Entonces provocáis tanto a la izquierda como a la derecha?

Creemos que hay que salir del buenrrollismo, sobre todo el de la izquierda, que siempre se arroga una superioridad moral -nosotros la compartimos algunas veces-, pero que es nefasta cuando se convierte en un dogma y no te permite decir nada fuera de él o cuando censura el sentido del humor. Se puede comprobar en las redes sociales. Ya sé que esto lo dice también Trump, pero no nos importa.

¿Cómo se plantea la guerrilla de comunicación de Homo Velamine?

Tenemos reuniones periódicas, una o dos veces al mes, en las que pensamos ideas. Las ideas buscan siempre la oportunidad comunicativa, por algún evento que vaya a haber, por ejemplo, un mitin como el de Vista Alegre, en el que hicimos el acto de los clero-flautas. Las ideas se maduran durante días, no es algo improvisado ni surge por inspiración. Son el resultado de varios días dedicados a la tormenta de ideas y a dar contenido al acto. Al final son campañas de publicidad. Una vez que tenemos la idea pasamos a la fase de ejecución, que incluye la compra de los materiales y la búsqueda de apoyos mediáticos. Luego contactamos con periodistas para contarles la idea. Una vez ejecutada la acción, lo publicamos en las redes sociales, hacemos un vídeo, un e-mailing, hablamos con influenciadores, etcétera.

¿Cómo lo recibe la prensa? ¿Colaboran?

Tenemos un listado de periodistas que nos conocen y simpatizan con nosotros. Saben que lo que hacemos no es realidad cien por cien, sino que hay un poco de performance. También hay muchos periodistas destacados en los lugares de la acción que dan la noticia como si fuera verdadera. Eso es lo más interesante.

¿Pero es verdadera, no? ¿O lo es solo relativamente?

Es real porque ha pasado. ¿Pero qué es la realidad? En todo esto también hay un mensaje subyacente que nos interesa, el de la realidad construida por los medios de comunicación. El ABC dio la noticia de los cleroflautas como si de verdad existiera ese colectivo, incluso puso un vídeo en su web. Luego lo suprimió a las seis horas, pero conservó el pantallazo. Esta realidad construida está creando opinión pública y es una de las fuentes principales del actual pensamiento dogmático. Recientemente hemos creado un motor de fake news en Internet, para que cualquiera pueda crear uno de estos titulares. Lo llamamos Razonomator.

Es interesante que la prensa colabore en difundir acciones que sirven para demostrar que la prensa publica noticias falsas.

Creo que lo aceptan porque no es un mensaje muy explícito ni amenazante para ellos. Seguramente piensan que ese cuestionamiento de la credibilidad es subyacente y no llega a todo el mundo. Cuando hicimos el acto “Toros sí, carne no” -un colectivo de veganos que iba a los toros- salimos en el Tentaciones de El País. ¿Qué hay de realidad o de mentira en ello? Es difícil decirlo. Yo soy vegetariano y he ido a los toros. Eso es un hecho. Se lo propusimos a El País y ellos lo aceptaron y lo publicaron. Lo más interesante fueron las reacciones de algunos lectores criticando al periódico por fomentar la tauromaquia. Gente antitaurina muy enfadada, que no se daba cuenta de que estábamos haciendo una crítica a la hipocresía de los que se indignan con los toros pero comen carne, que es probablemente mucho peor para los animales.

¿Si tuvieras que elegir un enemigo a derrotar, cuál sería?

La lucha contra el dogmatismo tal vez sea lo que resume todo lo que hacemos. Poniendo el foco en la gente que no se cuestiona los dogmas. Renuncia a pensar sobre ellos y los acepta sin más. Pueden ser religiosos o de la moral izquierdista. Ese sometimiento intelectual nos molesta. Lo más violento que hemos hecho fue llevar una bandera de España a las marchas de la dignidad. Fue incluso arriesgado, me llamaron de todo, me quitaron la bandera y la tiraron al suelo. Y eso que yo estoy de acuerdo con muchas de sus protestas. Solo hubo que llevar un elemento distorsionador para demostrar que eso también era una tribu homogénea que se ve amenazada cuando algo no encaja.

Pero los mitos y los símbolos hacen comunidad, mantienen la cohesión interna de sus miembros. Quizás atacando estos símbolos se destruye la comunidad, la convivencia y toda la fuerza colaboradora que puede derivarse de esa unión.

Tal vez, pero a cambio se acepta todo automáticamente porque la tribu dice que es así. Esa es la reflexión que nos hacemos. Nosotros creemos que la tribu puede estar organizada más libremente, y para ello hay que hacer un proceso mental de conocimiento de todos los símbolos y de reflexión de las razones por las que se acepta un símbolo o se elige entre todos los posibles. Claro que hay que compartir símbolos, pero con sentido crítico. La izquierda se levanta contra algo establecido y parece que tiene más conciencia crítica, pero luego resulta que sale de un grupo para entrar en otro. Realmente creo que es necesario abrirse a lo que los demás tienen que decir, y luego rechazarlo si se quiere.

¿No es eso lo que propone muchas veces el arte? ¿Una mirada diferente? ¿Otra perspectiva sobre la realidad comúnmente aceptada?

Efectivamente, el arte como provocación muchas veces hace eso. Y por eso hace reflexionar, incluso cuando no sea lo que se propone inicialmente. Nosotros no queremos estar en museos ni nada de eso. Esto no es Marina Abramovic, que hace perfomances en museos y galerías. A nosotros lo que nos gusta es sacar a la calle la provocación, como Yolanda Domínguez o los Yes Men, que para nosotros son un referente.

¿Sois muchos?

Tenemos muchos simpatizantes. Otra cosa es pasar al activismo directo porque a la hora de la verdad, a muchos les da miedo. Yo he participado, como otros compañeros, en acciones de protesta de Greenpeace y estamos más o menos acostumbrados a enfrentarnos a este tipo de situaciones, pero para el que lo hace por primera vez es un poco fuerte. Por ejemplo, en FEA (Feministas con Esperanza Aguirre) hicimos camisetas para todas y todos. El objetivo era hacerse una foto con Esperanza vistiendo la camiseta, pero muchas se fueron antes.

¿Habéis tenido problemas legales o de violencia alguna vez?

No. En realidad, el miedo no es por eso, sino porque es difícil enfrentarse al hecho de romper las reglas no escritas de la tribu. Llegas a un lugar donde todo el mundo tiene más o menos el mismo aspecto, edad, y actitud y hay una armonía y es difícil sentirse fuera de lugar y romper el esquema, porque se están rompiendo las normas de la convivencia. Es una violencia muy tácita. El profesor Milgram (famoso por su experimento sobre la tortura) hizo otros muy interesantes, como cuando pidió a sus alumnos que entraran en el metro y pidieran a los viajeros que les dejaran sentarse en sus asientos. Se convirtió en un suplicio para el que tenía que pedir que le cedieran el asiento, con síntomas incluso físicos, solo porque iba contra la norma. En el fondo, el experimento Milgram es lo mismo pero a lo bestia, porque los torturadores siguen adelante solo para no salirse del contexto de obediencia. Por eso lo que hacemos parece una tontería, pero supone enfrentarse a la cohesión de la tribu y no es tan fácil. Es más serio de lo que parece.

¿Es miedo a la libertad?

Es la espiral de silencio, que se ve tanto en sociedades donde se impone el pensamiento único. Hay que enfrentarse a las normas o por lo menos cuestionarlas. Hay dictaduras que pueden ser tan alienantes como las que todo el mundo ve como evidentes, porque practican otro tipo de coacciones ambientales que impiden pensar de manera diferente. En las redes sociales, sobre las que estamos todo el día diciendo que suponen el poder del pueblo, se ve a diario el nivel de agresividad a que puede llevar esto.

¿Qué es el ultrarracionalismo? ¿Estáis contra las emociones?

No estamos en contra de las emociones. Simplemente, creemos que hay una percepción equivocada de por qué actúa el ser humano. La mayoría de las veces pensamos que actuamos racionalmente, cuando en realidad es todo muy irracional. Por ejemplo, nos preguntamos por qué se vota a un partido corrupto y buscamos una explicación, pero no creo que se les vote de manera muy racional. Creo que las motivaciones son emocionales y de búsqueda de seguridad mediante la integración en el grupo.

En publicidad se suele decir que las decisiones se toman con las emociones y luego se explican con la razón. ¿Esto sería lo mismo?

Sí, algo parecido, pero llevado a otros temas. Estas afinidades creadas con emociones suelen llevar a comportamientos contradictorios con el discurso. Porque se buscan símbolos identitarios, y luego el comportamiento no es coherente con ellos. Vuelvo al ejemplo de los que están en contra de los toros y comen carne.

¿A quién queréis reclutar en Homo Velamine?

Esto es un colectivo, tenemos distintos niveles de participación. Está abierto a todo el mundo, en cada acto participa gente distinta. Organizarse no es fácil. Tenemo distintas actividades para conocer gente: una tertulia mensual, una revista, un foro de Facebook… También estamos buscando colaboradores en otras ciudades como Barcelona. En estos momentos nos estamos planteando hacer cosas distintas, más grandes. Nuestro objetivo es seguir creciendo.  


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