"Bandersnatch": sadomasoquismo tecnológico

'Bandersnatch': sadomasoquismo tecnológico
Viernes, 11 de enero 2019

La interactividad del episodio navideño de "Black Mirror" es lo de menos, lo realmente interesante es la puesta en escena de una fantasía recurrente en nuestras vidas: volver al pasado para corregir una mala decisión. Y así empieza la pesadilla...

Si lo mejor de "Bandersnatch" fuera que el espectador toma decisiones sobre la marca de cereales que el protagonista va a desayunar, este episodio navideño de "Black Mirror" no tendría nada de original ni excitante. Por eso algunos hilos generados en redes sociales en los que no pocos despistados han llegado a decir que se inaugura una nueva etapa en la historia de las narraciones son un poco erráticos, por decirlo suavemente. El propio guion del episodio reconoce sin complejos que lo de interactuar con la trama ya se hacía en los analógicos años ochenta ¡y con un libro de papel! Así que nada nuevo bajo el sol, al menos en ese aspecto.

En realidad, el atractivo de Bandersnatch es el mismo que tienen los mejores capítulos de la serie. La historia de Stefan es la puesta en escena de otra de nuestras fantasías más recurrentes, cumplida gracias a la tecnológica y convertida en pesadilla. Una cosa es soñar con tener súper-poderes y otra lo que haríamos si se nos concedieran. En Black Mirror, salvo contadas ocasiones, como en San Junípero o Hang de DJ, se nos muestra que esa tecnología maravillosa diseñada para cumplir sueños como la inmortalidad o la pareja perfecta no nos haría tan felices como pensábamos. Y probablemente ese sea el anzuelo masoquista de la serie que tantos fans hemos mordido con gusto.

Que levante la mano quién no ha fantaseado alguna vez con la posibilidad de volver al pasado para corregir una mala decisión. Casarse con otra persona, aceptar aquel trabajo, irse a vivir a otra ciudad, estudiar esto en lugar de aquello, no subirse a aquel avión, hablar cuando callaste o callar cuando hablaste, etcétera. Cada una de estas opciones no elegidas es la fuente de un dolor, el de imaginar “qué hubiera pasado si”, porque aquí en la realidad ninguna vida es perfecta y por eso no puede competir contra la que nosotros mismos imaginamos que hubiéramos vivido en caso de elegir el otro camino.

Esa es la fantasía que Charlie Brooker ha querido convertir en experiencia masoquista con este Bandersnatch. A todos se nos ha bifurcado alguna vez el camino de la vida y no hemos tenido más remedio que elegir una de las dos opciones para seguir adelante… porque ambas era imposible. El camino rechazado será nuestra vida no vivida, y de poco sirve pensar en ella salvo si eres aficionado a torturarte con el arrepentimiento.

En desdichado Stefan sufrirá las consecuencias de nuestras decisiones equivocadas, pero por fortuna no ocurrirá como en la vida real, porque en Bandersnatch esas decisiones no son irreversibles. Lo más interesante llega cuando comprobamos que la posibilidad de volver a la encrucijada en la que aparentemente nos equivocamos para tomar el otro camino no hace que la vida del protagonista mejore. Como quizás tampoco mejoraría la tuya si hubieras callado en lugar de hablar o hablado en lugar de callar cuando estuviste en aquella encrucijada de la vida que ahora te empeñas en recordar.

Que el espectador pueda decidir sobre la evolución de la historia no es una ventaja atractiva, ni tampoco –y por fortuna- inaugura una nueva época en la historia de la narración. Ni falta que hace porque las buenas historias no necesitan las decisiones del espectador. De hecho, muchas veces son tan buenas precisamente porque sorprenden al espectador o al menos no le dan lo que espera. En lo único que es pionero este episodio de Black Mirror es en que abre nuevas posibilidades para la publicidad, porque gracias al Big Data sabremos si elegiste los Frosties, cosa que interesa mucho a Kellogs y a poca gente más. Quizás sean los anunciantes los más interesados en este tipo de narración interactiva que servirá para alimentar sus bases de datos. Aunque en ese caso será bueno que tengas en cuenta una cosa: si elegiste la opción “matar al padre” en la escena de la cocina, ya puedes imaginar en qué fichero del Big Data te están poniendo los ingenieros de Netflix. Es como para escribir otro episodio de Black Mirror.

Por Javier San Román, Editor de la revista Ctrl Control Publicidad.


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