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Desmontando a Donald Trump

Desmontando a Donald Trump
Domingo, 25 de octubre 2015

Donald Trump no deja títere con cabeza en su polémica campaña para alcanzar la Casa Blanca y nosotros hemos hablado con una experta en marketing político para analizar su estrategia. Porque, aunque no lo parezca, Trump sabe bien lo que hace y sigue a la cabeza en las encuestas.

Referirse a los mexicanos que cruzan ilegalmente la frontera como “criminales”, “narcotraficantes” y “violadores” fue el principio de una larga lista de improperios que, no sólo han monopolizado la atención del debate político interno en EE.UU, sino que además han hecho correr ríos de tinta en medios de comunicación de todo el mundo. Un circo global con un único personaje en la pista central, al que se abuchea y aplaude con idéntico fervor. Agárrense, porque las encuestas electorales siguen colocando a Donald Trump como un serio aspirante a la Casa Blanca.

Desde que Donald Trump anunciara su intención de competir por la candidatura republicana de cara a las próximas elecciones presidenciales en EE.UU, su nombre no ha dejado sonar. Para bien o para mal. Y es que el magnate neoyorquino no ha cesado en su empeño de hacer de su campaña un espectáculo mediático que, si bien avergüenza a propios y extraños, también cala hondo en un electorado aficionado como pocos al entretenimiento en su máxima expresión.

¿Simple populista o hábil estratega?

El arranque de la campaña de Donald Trump ha sido tan explosivo como la personalidad de su protagonista: un neoyorquino casi septuagenario que comenzó su andadura profesional en la empresa inmobiliaria de su padre y supo hacer de su apellido una marca estrechamente vinculada al lujo y el entretenimiento. Con una fortuna valorada por Forbes en 4.000 millones de dólares, Trump no depende de lobbies ni donaciones para su campaña y eso le da mucha libertad.

“Tiene muy claro lo que quiere y toda esta polémica forma parte de una estrategia muy bien definida para lograr un posicionamiento sólido”, nos cuenta Gisela Rubach, directora general de Consultores y Marketing Político SC y una de las estrategas políticas más reconocidas de México. “Ha sabido detectar y reavivar lo que ya era un estruendoso clamor entre los republicanos: Estados Unidos para nosotros”. No es de extrañar, por tanto, que Trump esté utilizando la seguridad fronteriza y el control de los indocumentados como uno de los pilares ideológicos de su campaña. Le pese a quien le pese.

Insultos, faltas de respeto y descalificaciones personales son los detonantes que han desatado la indignación de los afectados directamente y el público en general, pero quizá no sean tan espontáneos como parecen. “Trump ha sabido identificar muy bien el descontento de un segmento de la población afín al partido republicano y enarbolar la bandera de las causas que lo provocan”, apunta de nuevo Gisela, no sin antes destacar la importancia de conocer bien el proceso electoral en Estados Unidos. Primero hay que seducir a los votantes del propio partido en las elecciones primarias de cada estado y después competir por la presidencia contra el candidato electo de la facción contraria.

Así, en caso de conquistar la nominación republicana, Trump tendrá la oportunidad de suavizar su discurso para no herir las sensibilidades de un electorado mucho más numeroso, diverso y crítico. De hecho, ya hemos podido apreciar una incipiente moderación en el hasta ahora siempre excesivo magnate, quien pocas horas antes del debate republicano retransmitido por la CNN declaraba a la prensa: “Estoy tratando de ser agradable”. A buenas horas, dirían muchos de sus detractores dentro y fuera de su partido. Pero él sabía muy bien lo que decía.

Los medios toman partido capitalizando la polémica

Cuando el pasado mes de agosto el periodista mexicano Jorge Ramos intervino en una rueda de prensa de Donald Trump para preguntar sobre sus propuestas migratorias, fue ignorado con la habitual arrogancia del magnate: “Siéntese, no le he dado la palabra. Vuélvase a Univisión”. Este incidente con Ramos, quien goza de un reconocido prestigio en la industria de la comunicación, era tan sólo una batalla más en la guerra declarada a Trump por parte de los medios americanos con un marcado target latino.

Pero, cuando cadenas de televisión de la talla de NBC, Televisa y Univisión cancelaron sus contratos con el polémico candidato, ¿lo hicieron sólo por una cuestión de principios o había un interés económico detrás? Probablemente ambas cosas. Unas declaraciones de Álex Nogales, presidente y director ejecutivo de la Coalición Nacional Hispana ante los Medios, lo dejaba muy claro: “Somos el 18% de la población de EE.UU. Somos buenos consumidores, nos encantan los smartphones y vemos mucha televisión. Estos medios deben saber que tienen mucho que perder si siguen con Trump y mucho que ganar si se distancian de él”.

Por otro lado, Donald Trump “es un hombre que viene de los medios, a los que sabe manejar muy bien”, nos explica Gisela. “Sabe que es show y sabe hacer muy bien el show”. Nadie en EE.UU se va a extrañar a estas alturas de las salidas de tono de un personaje que desde el programa “El Aprendiz” despedía a participantes a diestro y siniestro con una actitud tan arisca y displicente que resultaba casi grotesca. Por no hablar de los brutales insultos propinados a la actriz y presentadora Rossie O´Donnell calificándola de “cerda gorda” o “animal asqueroso”. Un escarnio público absolutamente intolerable que, sin embargo, alimenta el morbo para secreto deleite de una parte del público entregada en cuerpo y alma al espectáculo televisivo.

Ahora Trump ha encontrado en la política un nuevo escenario con un alcance incluso mayor y pocos son los que se salvan de su lengua viperina. Ya ha calificado a todos los políticos de ineptos y a los dirigentes de estúpidos, para concluir diciendo que ninguno de ellos es capaz de devolver a América la grandeza y el respeto perdidos. Y no lo ha hecho en un único arrebato, sino incontables veces como parte de una estrategia muy calculada. Gisela, quien ha asesorado más de 300 campañas electorales en México, Centro y Sudamérica, lo tiene muy claro: “En esta primera etapa de campaña, yo pondría a Trump un 10 de calificación porque ha logrado posicionarse a la cabeza de todas las encuestas y, además, lo ha hecho en un periodo de tiempo muy corto”. Verdad, aunque nos duela.

Algún precio tendrá que pagar, ¿o no?

La ideología de Trump, si es que puede llamarse así, no dista mucho de la de sus contrincantes republicanos. Nostálgicos de la grandeza de una nación que imponía su hegemonía en el mundo a placer, todos quieren volver a “ser respetados por sus amigos y temidos por sus enemigos”. Para ello pretenden engrosar los presupuestos militares, aunque sea a costa de políticas sociales como el plan de salud de Obama o sus programas de planificación familiar.

Pero Trump no quiere ser uno más y se esfuerza por llevar al extremo su discurso para destacar, aunque sólo sea en las formas. “Su apuesta tenía que ser todo o nada. Si realmente quieres que el mundo hable de ti, tienes que polarizar la opinión”, reflexiona Gisela, quien afirma sin tapujos que los ricos estadounidenses no quieren a los latinos y no van a dudar en apoyar económicamente a Trump en la siguiente fase de la elección. Una vez superada ésta, el reto sería tener la capacidad de hacer piña con los candidatos perdedores de su propio partido y lidiar con la posible pérdida de credibilidad ante la ya mencionada moderación del tono de su campaña.

Y ¿qué pasa con su marca y sus negocios? Trump ha logrado aumentar significativamente la visibilidad de su nombre y de su imagen, aunque tampoco es que le hiciera mucha falta. En cuanto a la reacción de las marcas latinas, Gisela nos sorprende señalando: “Aquí no funcionan los boicots. No hay forma de ponerse de acuerdo, cada quien piensa de una manera diferente”. Lo que sí funciona, y mucho, es el sentimiento de orgullo latino que se ha visto reforzado con las voces de protesta de celebrities como Antonio Banderas, Shakira, Thalía, Eva Longoria o Ricky Martin, y alguna que otra campaña publicitaria que ha sabido aprovechar el tirón de la situación (Coca-Cola, sin ir más lejos).

En la calle, por su parte, predominan la ironía y el sentido del humor que tan acertadamente ha sabido reflejar la agencia digital Apto con el desarrollo de la app “Trumpada. Más de 13.000 descargas procedentes de países de Europa, Asia y América han puesto a los usuarios al mando de una frontera virtual para evitar la entrada de inmigrantes ilegales a toda costa, aunque sea lanzando tacos voladores. No sería de extrañar que el propio Trump disfrutara con el juego.


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