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Mamá te vigila en el 2º episodio de la 4ª temporada de "Black Mirror"

Mamá te vigila en el 2º episodio de la 4ª temporada de 'Black Mirror'
Martes, 09 de enero 2018

La tecnología quiere hacernos más felices. De acuerdo, pero ¿qué es la felicidad? Algunos de sus estudiosos la definen como "la ausencia de miedo". Partiendo de esta premisa, este episodio de "Black Mirror" puede considerarse como una reflexión sobre uno de los mayores miedos a los que puede enfrentarse un ser humano, el de la pérdida de un hijo.

La solución que da la tecnología a una madre poseída por el pánico a que a su hija le pase algo malo es una poderosa herramienta de control. Demasiado poderosa. En cuanto nos explican en qué consiste la fatídica tablet pensamos “menos mal que mi madre no tuvo eso”. En primer lugar, porque lo hubiera utilizado con la misma compulsión que la protagonista, y en segundo lugar porque significa la pérdida total y absoluta de nuestra intimidad en nombre del sacrosanto “amor” en su versión más celebrada, indiscutible y universalmente admirada: la maternal. Ni George Orwell llegó tan lejos al imaginar una pesadilla totalitaria. Esto es el "Gran Hermano" transmutado en "Gran Madre" y “mamá te vigila” deja al de 1984 unos puestos por debajo en el ranking de lemas liberticidas.

El segundo episodio de la serie "Black Mirror", dirigido hábilmente por Jodie Foster, juega con nosotros porque empezamos comprendiendo hasta cierto punto a la madre súper-protectora para luego ir descubriendo que hemos cometido un error al tolerar tanto control. Una vez más, nos cuesta admitir que la protagonista tiene algo en común con nosotros. No faltará el espectador que la rechace desde el principio, pero bastaría que su hija le dijera una noche que “se va con unos amigos a una fiesta y no sabe a qué hora volverá” para que se acordara con cierta envidia de esa tablet.

La conclusión podría ser “mejor que no exista, porque como exista me la compro”, algo que tal vez defina cómo va a ser nuestra relación con la tecnología en el futuro y vuelve a plantear la cuestión del “uso responsable” o, dicho de otro modo, si estamos preparados psicológicamente para disfrutar de tantas ventajas y súper-poderes. El propio David Eagleman lo llama poéticamente “el contrato de Ulises”. Hay que atarse al palo mayor para que el barco pueda pasar de largo cuando escuche el canto de las sirenas. La tecnología de control actúa así sobre nuestra psicología, como una tentación a la que cuesta mucho ignorar. Los cantos de sirena nos desvían del viaje a Ítaca y nos acaban destruyendo como a los protagonistas de este episodio. Por supuesto, al final los únicos que han salido ganando son los comercializadores de la tecnología. La madre es una adicta que acaba abandonada y la hija sobreprotegida ha salido a este mundo salvaje sin defensas intelectuales ni madurez para discernir el peligro. Atención al último plano. Es la profecía autocumplida. Cuando el miedo se hace real.


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