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El dilema de la marihuana

El dilema de la marihuana
Lunes, 18 de enero 2016

Una sentencia judicial inédita enciende el debate sobre la legalización de la marihuana en México, un país desgarrado por las consecuencias de una guerra gubernamental contra el narcotráfico que dura ya demasiado y no parece resolver nada. Toca cambiar de estrategia y la marihuana abre brecha.

El pasado 4 de noviembre una sentencia dictada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación marcó un punto de inflexión en la historia de México al autorizar a cuatro ciudadanos el cultivo, transporte y consumo de marihuana con fines recreativos y sin ánimo de lucro. Un hito de la jurisprudencia mexicana que ha desatado un acalorado debate social sobre el alcance de una sentencia largamente esperada por algunos y profundamente lamentada por otros. La opinión pública se divide, pero casi todos coinciden en que se ha abierto una puerta a la legalización plena de la marihuana con consecuencias inciertas para la sociedad y la economía mexicanas.

Un país desangrado por la narco-violencia

El último informe mundial sobre las drogas de la ONU nos desvela que México es el segundo país productor de marihuana en el mundo, tan sólo superado por Marruecos. Un dato avalado por las más de 12.000 hectáreas cultivadas con cannabis y los pingües beneficios obtenidos por los cárteles encargados de su comercialización ilegal. Y, claro, un poder económico tan descontrolado en manos criminales genera violaciones a los derechos humanos, actos espeluznantes de violencia, inseguridad creciente en las calles y corrupción institucional a golpe de soborno. El resultado es un país en pie de guerra cuyas víctimas se cuentan ya por miles: 80.000 muertes, 20.000 desapariciones y sumando.

“El 40% de los beneficios del narco procede de la marihuana”, explica Armando Santacruz, uno de los cuatro ciudadanos que desde la ONG México Unido contra la Delincuencia ha ganado la primera batalla para la legalización del cannabis. “La caída de las ventas haría desaparecer una porción importante del narcomenudeo, que es uno de los principales motores de la violencia”. No en vano, el 60% de los encarcelados en México han sido condenados por delitos relacionados con el tráfico de drogas. Pero aún queda mucho camino por recorrer, pues la polémica resolución judicial sólo es válida para quienes pidan el amparo. La carrera legal hacia una despenalización completa, por tanto, no ha hecho más que empezar.

Del prohibicionismo a la regulación

Arturo Zaldívar, ministro de la Suprema Corte y promotor del proyecto para la legalización de la marihuana, lo ha explicado hasta la saciedad: “la política prohibicionista sobre el consumo de la marihuana vulnera el derecho a decidir responsablemente si se desea consumir una sustancia que afecta a la salud”. Es decir, el derecho a la libertad personal debe prevalecer sobre el paternalismo injustificado e impuesto desde las instancias de gobierno.

La sentencia, además, se apoya en estudios que apuntan a que, si bien el consumo de cannabis produce daños a la salud y al orden público, éstos son menores a los que comúnmente se cree. Se podría decir que son similares a los que ocasiona el consumo de alcohol y tabaco, sustancias con las que convivimos día a día sin revuelo alguno. Y, además, si lo que preocupa es la salud y la seguridad ciudadana, una regulación del consumo de marihuana evitaría la exposición del consumidor a productos adulterados y maleantes sin escrúpulos. Lo conveniente, por tanto, sería abordar el tema de forma libre de prejuicios y estigmas sociales: si quieres fumarte un porro, hazlo asumiendo todas sus consecuencias y sin armar jaleo.

Cabe aclarar que la sentencia que nos ocupa no permite la comercialización de la marihuana, si bien son ya muchas las voces que se han manifestado a favor de ella: “No creo que haya en el mundo ningún otro país tan gravemente dañado por esta política punitiva. Liberar la producción y comercialización de la marihuana sería un primer paso en la dirección correcta”, alega el mismísimo subgobernador del Banco de México. Los defensores de esta corriente apuntan, además, a la conveniencia de imponer gravámenes a los productores de droga para obtener recursos con los que implementar programas educativos sobre los narcóticos y sus consecuencias para la salud y la sociedad.

Otro factor a tener en cuenta es el omnipresente y poderoso vecino de México. Estados Unidos es uno de los principales consumidores de cannabis en el mundo y es fácil deducir quién es su principal proveedor. Ambas naciones, por tanto, deben asumir su responsabilidad en el tráfico ilegal de drogas para el bien de los ciudadanos de ambos lados de la frontera. Recordemos que Estados Unidos ya ha iniciado un giro en su política sobre la materia al legalizar el consumo recreativo de la marihuana en los estados de Colorado, Washington, Alaska y Oregón.

Marihuana artesanal

Cabe recordar también que Uruguay fue el primer país latinoamericano en despenalizar el cannabis. Si bien ya estaba permitido el consumo personal desde 1974,  no fue hasta 2013 cuando el senado uruguayo aprobó una ley para regular su producción, distribución y venta con el fin de proteger a los ciudadanos de los abusos del narcotráfico ilegal. La cosa parece haber surtido efecto: la marihuana artesanal, cultivada en casas particulares y debidamente registrada, se abre camino en un mercado mucho más seguro para el consumidor. Y, para colmo, muchos dicen que la calidad del producto es infinitamente mejor: “basta con dos caladas”. Todo apunta a que algo parecido puede ocurrir en México en breve.

La comercialización de una sustancia tradicionalmente estigmatizada por la sociedad no es un proceso fácil, pero un país tan vapuleado por la violencia y la delincuencia como México no parece tener muchas otras salidas. “La guerra contra las drogas, en la que han muerto miles de jóvenes, es una prueba del fracaso de la prohibición”, ha reiterado numerosas veces el ex-presidente del gobierno mexicano Vicente Fox para justificar su propuesta de legalizar la producción de todos los estupefacientes para quitar el negocio a los criminales y pasarlo a manos de empresas y agricultores. Y si un político de talante conservador, que presidió el gobierno de México durante un sexenio, llega a semejante conclusión habrá que meditar sus palabras. Otra cosa es que nos tomemos en serio su idea de  organizar una “Expo Mariguana”.


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