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La Revolución de Octubre en la historia del diseño gráfico

La Revolución de Octubre en la historia del diseño gráfico
Martes, 07 de noviembre 2017

Se cumplen cien años de la revolución rusa y hemos querido buscar la huella del constructivismo soviético en el diseño gráfico moderno. No ha sido difícil encontrarla. Los hallazgos estéticos de aquella vanguardia y la actitud comprometida de sus miembros siguen fascinando a los artistas de todo el mundo y hay infinitos ejemplos que demuestran su vigencia.

Aunque el comunismo haya dejado atrás sus años de hegemonía en el mundo, la huella de la Revolución de Octubre sigue vigente en muchos aspectos de nuestra vida, y no solo en el político. Con ocasión de su centenario, las librerías se han inundado de libros que revisan, unas veces con nostalgia y otras con la perspectiva crítica que dan cien años de distancia, el pensamiento, el legado y el zeitgeist que inspiró aquella revolución.

También en el campo del arte y el diseño pueden encontrarse los vestigios de aquel acontecimiento, en algunos casos con ejemplos paradójicos, como el famoso cartel de la campaña de Barack Obama “Yes we can” creado por Shepard Fairey, al que no es difícil encontrarle la influencia constructivista en toda su obra. Casi cien años después, los artistas que pusieron su arte al servicio de un poderoso sistema alternativo al capitalismo en las primeras décadas del siglo XX inspiran el cartel que ayuda a ganar las elecciones al presidente de la gran potencia capitalista enemiga del comunismo. Así se escribe la Historia.

Y no es el único caso. Hoy ese mismo diseño post-constructivista puede encontrarse también en infinidad de productos de consumo burgués como portadas de discos, ropa y objetos de decoración. Dicen que esa es precisamente una de las ventajas evolutivas del capitalismo, su capacidad para fagocitar y asimilar a sus enemigos y poner sus eslóganes al servicio del mercado.

Un arte propagandista

El constructivismo ruso alcanzó su mayor proyección cuando los bolcheviques buscaron la alianza de estos artistas para propagar sus ideas entre el pueblo y exaltar la figura del heroico trabajador anónimo. Fue entonces cuando se quiso que el arte saliera a la calle para hacer la revolución y cambiar el mundo, y a este compromiso se debe, en parte, el nombre con el que es conocido este movimiento. 

Los constructivistas buscaba la inspiración en los nuevos materiales industriales, sobre todo el acero y el cristal, y en conceptos relacionados con la idea de progreso como el movimiento y la velocidad. En el diseño gráfico serán frecuentes las líneas, composiciones y perspectivas que sugieran esta nueva relación del ser humano con el espacio y el tiempo, convertida en metáfora de un avance hacia un futuro mejor.

Es sin duda un arte propagandista y tal vez por eso siga fascinando a tantos diseñadores publicitarios un siglo después. Su retórica plástica transmite al espectador ideas de “poder popular” “cambio” “evolución” “movimiento” o “camaradería”. Aunque todos estos conceptos eran parte fundamental de la propaganda comunista, cien años después son usados también en muchas campañas de publicidad para vender, no una ideología, sino un producto o servicio.

En la estética constructivista también es frecuente la presencia de efectos visuales derivados de la producción en serie típica de las fábricas y las imprentas, como la repetición de elementos, las tintas planas de colores básicos, las tramas de cuatricomía o las tipografías sin serifa. El uso de las formas rectas, planas y geométricas en las composiciones es también una evidencia de que se inspiraban en una idea de progreso tecnológico, igual que sucede hoy con muchos de los diseños digitales, sobre todo para Internet.

La metodología de trabajo constructivista abordaba el diseño gráfico con pragmatismo, como la búsqueda de soluciones a un problema o mediante procesos objetivos que alcancen las metas previamente definidas; es decir, sin los sentimentalismos individualistas típicos del artista romántico. Esta actitud ajena al lucimiento personal -al menos en apariencia- es muy familiar para todos los diseñadores gráficos y publicitarios en su trabajo cotidiano y esa puede ser también una razón de la vigencia de aquel movimiento artístico cien años después de la Revolución de Octubre.

Morir a tiempo

El constructivismo desapareció de la escena soviética después de la muerte de Lennin en 1924. Para Stalin era un arte extraño e ingobernable y por eso prefirió el realismo socialista como instrumento de propaganda. Esta muerte prematura del movimiento ha permitido que no se asocie su estética con las atrocidades políticas que estaban por llegar y, en cierto modo, ha hecho más tolerable su aceptación en todas partes muchos años después. Por esta razón, el constructivismo hoy conserva ese halo utópico, idealista y rebelde ...

... Puedes leer el artículo completo en el número de octubre de la Revista Ctrl.


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