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Sobre la modernidad y el marketing político

Sobre la modernidad y el marketing político
Jueves, 21 de abril 2016

Es como si a Coca-Cola y Pepsi les hubieran surgido dos nuevos competidores dispuestos a romper su hegemonía. Este es el efecto que ha tenido para el PP y el PSOE la irrupción en el escenario político de Podemos y Ciudadanos con un 30% de participación del mercado electoral.

Las expectativas, como señalaban claramente las encuestas se han cumplido. Podemos y Ciudadanos han roto el bipartidismo imperfecto pero bipartidismo al fin y lo han hecho porque, según señalaban los estudios sociológicos y demoscópicos, han sintonizado con una importante parte del electorado que demandaba urgentemente un cambio y regeneración. Quizá sea exagerado plantear dicho cambio en términos de la “segunda transición”, pero no porque el anhelo no sea tal, sino porque muy posiblemente estamos en una situación de “transición permanente” como corresponde a la época de la postmodernidad tardía o simplemente post que nos ha tocado vivir que podría describirse como aquel estado en que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo de nacer .

Diagnóstico de situación

Si tomamos como referencia los elementos que constituyen el politing o marketing político veremos que la Investigación -no solo las encuestas sino los estudios demoscópicos en profundidad- es un elemento determinante para entender las claves del éxito de Podemos y Ciudadanos. Así nos lo demuestra el ensayo del sociólogo Jaime Miquel en su libro “La Perestroika de Felipe VI. Miquel estudia los resultados electorales de las  consultas realizadas desde la transición y nos anticipa lo que sucederá el 20–D (hablamos de anticipación puesto que la fecha de la publicación del libro es junio del 2015). Y lo que es mas importante -ya que en realidad todos los sondeos aparecidos durante el pasado año nos señalaban la fuerza con la que Podemos y Ciudadanos iban a entrar en el Parlamento- nos explica el por qué. Esto es las Tendencias que reflejan los cambios en el electorado influidos por la Coyuntura Nacional e Internacional.

Miquel parte de un análisis sociológico-demoscópico dividiendo el segmento electoral en cuadro edades: 1ª, la generación de ”los niños de la guerra”; 2ª, la generación de la autarquía; 3ª, la generación reformista; y 4ª, la nueva generación o generación rupturista.

- La primera seria la generación de los nacidos antes de 1938, que en la actualidad (2015) tienen mas de 77 años. Suman 4 millones de electores y representan un 12 % del censo electoral.

- La segunda la formarían los nacidos entre 1939 y 1959. Tienen entre 57-76 años. Suman 9 millones y constituyen el 25 % del censo.

- La tercera, los nacidos entre 1959 y 1973. Tienen entre 42-56 años . Suman 9.500.000 y constituyen el 28 % del censo.

- La cuarta sería la generación de los nacidos después de 1974. Suman 12 millones y representan el 33 % del censo.

El grueso de los votantes del PP procederían de la primera y segunda. En el caso del PSOE de la primera, la segunda y llegarían hasta la tercera.

El PP obtiene mas de la mitad de sus votos entre los mayores de 65 años y el PSOE entre los mayores de 54. Lo que quiere decir que son partidos envejecidos (lo antiguo, lo viejo).

En el caso de Podemos y Ciudadanos de la tercera y principalmente de la cuarta.

La tesis de Jaime Miquel puede sintetizarse en estos tres puntos, recogidos por José Ignacio Torreblanca (“El País” 13-I).

Primero: El declive electoral del PP y del PSOE y con ellos del bipartidismo solo puede ser entendido desde la falta de capacidad de estos dos partidos para representar la cultura política de unos ciudadanos nacidos en democracia que desprecian los usos y los hábitos de la política tradicional caracterizada por la corrupción, la falta de transparencia y la negativa a rendir cuentas, el clientelismo y la sumisión a la autoridad.

Es oportuno citar aquí a Zygmunt Bauman cuando en su reciente  libro “Estado de crisis” (2016)  dice “Mientras el poder reside en la capacidad de hacer cosas, la política consiste en como hacerlas” y añade “El poder hoy ya no reside en el Estado”.

Segundo: La cultura política del postfranquismo choca radicalmente con la dominante entre los jóvenes de hoy, urbanos e instruidos que es abierta, participativa, informada y crítica.

Tercero: Los nuevos votantes no se sitúan ni a derecha ni a izquierda, ni tampoco abajo esperando un líder populista que les guíe. Sencillamente están “en frente”

Los tres estados de la modernidad

En el ensayo “Los últimos días de la telecracia. Una aproximación a lo post” (Massó-Nebot. 2009. Editado por Grupo Control) se identificaban los tres estados de la modernidad: la primera modernidad o industrialismo ilustrado, la postmodenidad y lo post, con los tres estados estados físicos de los cuerpos: sólido, líquido y gaseoso respectivamente.

En la primera modernidad todo estaba ordenado, era simple, lineal, concreto, duradero, seguro, inamovible, prevalecían los valores absolutos inspirados en la tradición, valores que ofrecían certezas.

En la primera modernidad todo era sólido, claramente delimitado por peso y volumen. Y ahí está anclado el PP. Enric Juliana hablaba de “la mineralización de Rajoy” (L.V. 6-III). No es de extrañar siendo Registrador de la Propiedad. Lo que es aplicable tanto a su concepción de España, una e indivisible, como al sentido patrimonial del PP.

Esta afirmación es difícil que sintonice con los deseos de la nueva generación.”La política no son solo ideologías y programas, son también actitudes” escribía Juan José López Burniol (L.V. 5-II). Las actitudes responden al nuevo posicionamiento de los partidos como consecuencia del reajuste post, impulsado por los partidos emergentes al que se ha sumado el PSOE de Pedro Sánchez pero no el PP.

El PP se siente, no se si cómodamente, instalado en la primera modernidad, como se sentía el PSOE, pero Sánchez ha sabido reaccionar al reto de la postmodernidad.

En la postmodernidad todo cambia: el orden deja paso al desorden -cumpliéndose el segundo principio de la termodinámica: las cosas por su propia naturaleza tienden a la entropía- lo simple resulta complejo; lo concreto se vuelve ambiguo, el discurso lineal se hace circular, las cosas no son duraderas sino efímeras; lo fuerte, débil. La obsolescencia y la fragilidad sustituyen a la planificación. Ya no hay valores absolutos sino que todo se relativiza.

En resumen, en la postmodernidad lo sólido se transforma en líquido. El contenido se adapta al continente. La ideología al nuevo posicionamiento y los programas a los pactos. Que es lo que ha hecho el PSOE pactando con Ciudadanos a la vez que sustituyendo la vieja dialéctica derecha-izquierda por continuismo-cambio.

La misma dialéctica que Podemos ha manifestado explícitamente y Ciudadanos implícitamente. Aunque la forma de entender el cambio del PSOE y ya no digamos de Ciudadanos, de la de Podemos sea diferente.

Puesto que la palabra cambio ha sido la mas utilizada en la historia de las elecciones hay que recordar, como señalaba la Escuela de Palo Alto, que hay un cambio 1 y un cambio 2. En el primer caso se trata de cambiar dentro del sistema. En el segundo de cambiar el sistema, que es lo que ocurrió en la transición, el cambio de un régimen autoritario a uno democrático. El cambio de  gobierno de uno a otro partido pertenece  al cambio 1. Lo que esté por suceder Dios dirá.

Los tres escenarios de la comunicación

Los tres escenarios de la comunicación política podrían ser llamados “sondeocrocia”, “platocracia y “cibercracia”.

En primer lugar están las encuestas utilizadas por los políticos y los partidos, las propias y las ajenas. Ya que también las mismas se han convertido en un medio de comunicación en la medida que orientan las agendas de los periódicos y alimentan las tertulias radiofónicas y televisivas y se realimentan a través de un efecto feedback en donde sus efectos son causa de otros efectos.

La frase: se gobierna a golpe de encuestas nunca había sido tan válida como hoy, aunque habría que sustituir el “se gobierna” por se “espera gobernar”. Habrá pactos o se esperara al 26-J según las encuestas.

De la misma manera que hay debates según la conveniencia de los candidatos. Y en este caso tenemos que hablar en pasado al referirnos a los debates previos al 20-D, debates que mostraron  actitudes que pudieron condicionar las estrategias futuras. Con ello hemos entrado en el segundo escenario: la televisión.

Hay dos debates clave: el debate a cuatro, con los líderes del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Pero sucede que en lugar de aparecer Rajoy sería Soraya Sáenz de Santamaría quien debatió con Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Fue la primera espantada de Rajoy. Aunque posiblemente no podía hacer otra cosa. O era prepotente  -el solo debatiría con el líder de la oposición como así fue- o corría el  riesgo de quedar fuera de juego, bordeando el ridículo, máxime atendiendo a la escenografía  preparada. Al hacerse explícito  un gap generacional, podía haberse hecho  implícita  una ruptura entre lo viejo y lo nuevo, siendo lo viejo el PP y lo nuevo PSOE, Podemos y Ciudadanos. Ya que ante las cámaras de TV tan importante como el qué, es el cómo, y en el mismo va incluida no solo la expresión verbal sino gestual y la proxemia.

En el segundo debate se veía a Mariano Rajoy mas cómodo, confortablemente instalado en la mesa camilla que les había  preparado Manuel Campo Vidal, pero entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Con la corrupción de fondo Rajoy y Sánchez entraron en el cuerpo a cuerpo, lo que podía orientar el futuro de las estrategias políticas de  uno y otro.

En el bien entendido que hay tertulias y tertulias. Las hay próximas al reality show -desde la sabatina de La Sexta a la apocalíptica de 13TV-. Y también las hay más próximas al debate, la nocturna de 24 horas de TVE, por citar solo unos ejemplos. Aunque unas y otras son adictivas por su efecto repetitivo y cíclico. De ahí su éxito. Son el exponente del simulacro, que define mejor que ningún otro elemento lo que es la sociedad post.

Con ello entramos en lo que ha sido la pista de lanzamiento de Iglesias y Rivera, la televisión. Se ha criticado su uso y abuso pero es que no podían hacerlo de otra manera si pretendían alcanzar lo mas rápidamente posible la máxima notoriedad de sus partidos, otra cosa es la complicidad que pudieran establecer con las televisiones. Pero, y ahí reside la clave del éxito de ambos partidos: si bien su plataforma de  lanzamiento fue la televisión, su desarrollo vino dado por la inteligente utilización de Internet y las redes sociales, abriendo un nuevo escenario para la comunicación y activación política.

Si en la telecracia el medio era el mensaje, en la cibercracia el medio es el receptor que es a su vez es emisor replicando viralmente los mensajes. Hasta el infinito... o la nada, cuando todo es ruido.

Pero es que como dice el filósofo y sociólogo Hermant Rosa: “vivimos en un rueda de hamster acelerados sin poder avanzar”. Así es la postmodernidad.

Por Enrique Nebot


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