La letra pequeña de la aplicación de LaLiga

La letra pequeña de la aplicación de LaLiga
Martes, 25 de junio 2019

LaLiga la sido sancionada por abuso de poder tecnológico al rastrear los bares que emiten fútbol sin licencia mediante un método más que cuestionable: activar el micrófono del teléfono de sus usuarios sin aviso previo, o mejor dicho, con el uso de una letra prácticamente ilegible en las condiciones de uso de la app.

Los usuarios hemos descubierto este mes que la letra pequeña es la burundanga de las aplicaciones. Uno se descarga una aplicación y antes de usarla debe aceptar un montón de condiciones en cuerpo 6 semitransparente que se extienden en ocasiones a lo largo de tres pantallas. Lo normal es firmar ese contrato sin leerlo, con la misma resignación displicente del que bebe un amargo jarabe. Casi nunca pasa nada, pero luego nos enteramos de cosas que no sabíamos porque resulta que existe lo que jamás imaginamos que pudiera existir: un ser humano que se lee la letra pequeña. Este héroe anónimo, al que todavía no se le ha dedicado ninguna estatua en las plazas de las ciudades por haber tenido la paciencia de leer lo que todos aceptamos a ciegas, ha descubierto que en ese río de jerigonza legal que son los textos de aceptación de las aplicaciones puede estar diluida la droga con la que violan nuestra intimidad. El jarabe tiene efectos secundarios.

Exactamente eso es lo que ha ocurrido este mes con una aplicación de la liga de futbol para seguir los resultados de la jornada, con miles de descargas y usuarios en toda España. Resulta que esta aplicación tiene la posibilidad de activar el micrófono del teléfono en el que se ha descargado, sin avisar previamente a su desdichado poseedor de que está siendo escuchado. El micrófono recoge el sonido ambiente del lugar donde está el incauto poseedor del móvil y la Liga usa este registro de audio para detectar, mediante geolocalización (otro dato interesante para el caso) si el sujeto está en un bar que no tiene licencia para emitir fútbol.

Tras la denuncia de un ciudadano alerta, ha intervenido la Agencia de Protección de Datos y la Liga ha sido sancionada y multada por abuso de poder tecnológico. Como en otras ocasiones, el sancionado se ha defendido con la vieja excusa de los facinerosos de estas y otras prácticas más abyectas, diciendo que era “una relación consentida”. O sea, que la víctima aceptó las condiciones. Pero todos sabemos que eso es una falacia, porque todos sabemos cómo se aceptan esos contratos.

En su alegato de defensa La Liga ha dicho también que al otro lado del micrófono no había nadie, que eran solo máquinas cotejando la onda de sonido con la de la emisión de fútbol, y que solo cuando había match entre estas dos ondas sonoras (como en el Shazam) se ponía en marcha la operación anti-pirata. Y sobre todo que, como no hay ningún humano escuchando lo que registra el micrófono, esto no es espiar. Es apasionante discutir si un robot que escuche nuestro sonido ambiente registrado por un micrófono de nuestro móvil está espiando o no, pero lo verdaderamente importante –y no se está hablando tanto de ello- es que ahora todos sabemos que alguien que no somos nosotros puede poner en marcha algunas de las prestaciones de nuestro ordenador sin que nosotros nos demos cuenta; porque eso es lo que es nuestro móvil, un ordenador. Prestaciones como el micrófono o la cámara de vídeo. ¿Estamos ya en el episodio “shut up and dance” de Black Mirror o todavía hay quien cree que no? Porque la Liga ha dicho que han sido buenos y no han escuchado lo que registraba el micrófono de los “usuarios no espiados”, pero incluso si eso les disculpa, no habrá que esperar mucho para que alguien decida no ser tan bueno y ponga la oreja humana, ya sea porque en estos tiempos donde hay datos hay negocio o por puro morbo. Al fin y al cabo, siempre podrá decir que lo hemos permitido, porque bebimos el jarabe voluntariamente.


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Agripina septiembre 2019
 
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