Influencers
Ana Robledo - Directora de marketing y comunicación de Pikolin![]()
Durante años pedimos prescriptores, ahora compramos disponibilidad disfrazada de autenticidad. No inquieta que alguien quiera venderlo todo. Inquieta que la industria siga llamando autenticidad a una voz de alquiler. No compramos credibilidad: compramos alcance, lo maquillamos, lo llamamos estrategia y después nos sorprendemos de la desconfianza.
Gonzalo Saiz - ExCMO de Bankinter y autor de “365 días de marketing” (profit Editorial)![]()
La autenticidad no se declara, se demuestra con coherencia. Cuando una marca, un influencer, un famoso o una voz cualquiera intenta adaptarse a todo, deja de significar algo para alguien. En marketing, como en la vida, no se trata de gustar a todos, sino de ser relevante para alguien.
Mercenarios del engagement
Mientras no alcancemos un consenso sobre su definición -y ese día parece que está aún bastante lejos- “engagement” es una palabra mágica tan válida como abracadabra.
Teniendo en cuenta que es una de las métricas más valoradas cuando se negocia un contrato publicitario con un influencer, el concepto merecería manejarse con un poco más de rigor, pero ya sabemos que en este mercado se mueven muchos miles de euros por prejuicios, creencias y supersticiones.
El principal beneficiario de esta fe ciega en su eficacia es el propio influencer, que lo mismo vende un producto que otro, y a veces sin tener mucha idea de qué es exactamente lo que está vendiendo; como esos influencers que fueron a los Goya sin haber visto ni el tráiler de las películas nominadas. Por lo visto el engagement es líquido y, como todo líquido, se adapta a la forma que lo contiene. Es el anunciante quien tendrá que revisar su idea de lo que es un prescriptor de marca leal y relevante, si no quiere hacer la guerra con mercenarios que hoy están contigo y mañana con tu competidor, pero siempre con el mismo nivel de engagement.
