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Diarrea mental

Diarrea mental
Lunes, 04 de julio 2022

Parece que el alcalde de Albacete y algunos de sus concejales no tienen sentido del humor. A este paso el placer de hacerse la víctima terminará siendo más practicado que el de reírse de uno mismo. No es difícil deducir cuál es más aconsejable para el bienestar individual y general; aunque tratándose de políticos también podríamos suponer que lo hacen porque encuentran más rentabilidad electoral en quejarse que en reírse de un chiste sobre la ciudad a la que representan.

Tenía que ser precisamente en Albacete, una ciudad que es conocida por algo más que la famosa rima, donde sucediera esta absurda polémica. Hace no muchos años, un grupo de cómicos trajo de aquellas tierras una nueva manera de hacer humor cuya influencia todavía puede detectarse en la cultura popular. Sin ir más lejos, la campaña “Albacete caga y vete” que ha causado el incendio en las redes está redactada y narrada con un inconfundible estilo Muchachada Nui; y es, por tanto, una muestra más del legado cultural que nos dejaron estos geniales manchegos. Pero el alcalde de Albacete no ha querido verlo así, ni tampoco el concejal del Partido Popular que ha pedido por las redes “la retirada inmediata” de la campaña. En lugar de presumir de denominación de origen en una forma inteligente de hacer humor, ellos prefieren ofenderse, armarse con esa legitimidad que últimamente otorgamos a la víctima para exigir cancelación y censura de la libertad de expresión. Pero no se dan cuenta de que, sin pretenderlo, siguen haciendo humor absurdo. Porque absurda es la reacción, además de contraproducente. ¿De dónde hay que retirar la campaña si no se ha planificado en ningún espacio publicitario? “Albacete caga y vete” es solo un brillante ejercicio de clase creado por unas alumnas de la escuela Brother Madrid. Como mucho se puede retirar de la web de la escuela y de sus perfiles en las redes sociales, como ya se ha hecho, pero ya es demasiado tarde para evitar la enorme difusión que ha tenido el vídeo en todos los medios de comunicación online gracias al efecto Streisand generado por la ridícula indignación de los políticos albaceteños. Lo que era un ejercicio de clase se ha convertido en una de las mayores lecciones que la escuela Brother puede dar a sus alumnos y alumnas, y por extensión a todos los que hemos seguido este caso en redes y medios: a veces la diarrea mental de tus haters puede multiplicar la difusión y eficacia de la campaña. Porque a su manera, esta campaña ha sido eficaz en la consecución de sus objetivos al llamar la atención sobre las medidas de prevención contra el cáncer de colon. Nació siendo ficticia, pero los indignados pusieron un plan de medios a coste cero y terminó haciéndose real. En el fondo, habría que darles las gracias. La campaña ha contribuido a la concienciación sobre este problema, y no tiene ningún sentido intentar sumar a los enfermos de cáncer de colon, que son las verdaderas y únicas víctimas en toda esta historia, a un movimiento de censura contra un vídeo que habla de su enfermedad lanzando un mensaje preventivo. Las creativas que han tenido esta idea no deberían ocultar su nombre. Al contario, esperemos que pronto fichen por una agencia o funden la suya, para que continúen haciendo campañas tan buenas y divertidas. Empieza a ser urgente recuperar el mejor sentido del humor. Y si es para una buena causa, mejor.

 


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