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3 décadas prodigiosas: crónica de cuando la publicidad se hizo mayor

3 décadas prodigiosas: crónica de cuando la publicidad se hizo mayor
Miércoles, 23 de junio 2021

Nadie duda de que, para nuestra profesión, la tri-década 60’, 70’ y 80’ supuso un espacio de tiempo singular, excitante y, probablemente, irrepetible.

No son acontecimientos menores la implantación de la televisión, el nacimiento de la medición de audiencias, el inicio de la formación universitaria, la tecnificación del márquetin, la estandarización del medio exterior, el color en la prensa, el desembarco de las grandes multinacionales… y, con no menos valor, los nuevos espacios de relación social-profesional  que se ofrecían al publicitario, a los que este acudía con el entusiasmo que animaba a los miembros de un colectivo que se savia capaz de aprender y obligado a innovar. 

Cada junio, más de doscientos publicitarios peregrinaban a Venecia o Cannes para recibir el baño de creatividad que representaba el visionado de cientos de spots, hijos de las mejores agencias del mundo.

El Festival de Cine Publicitario se nutrió, inicialmente, de los invitados de Movierecord, escogidos entre sus clientes principales, anunciantes y agencias, trasladados desde Madrid y Barcelona en vuelos chárter exclusivos. 

El anfitrión, Jo Linten, fundador y propietario de la super-empresa de medios, ofrecía a sus invitados todo lo que se puede esperar de un viaje de lujo, de una semana, nada menos que en el corazón de la Costa Azul y en la joya del Adriático.

El hotel Carlton, en Cannes, era el campamento base de muchos de los afortunados ejecutivos y creativos que asistían al certamen; en la terraza del hotel uno podía encontrarse cenando a Sean Connery o Aristóteles Onassis, aunque este último no pernoctaba en el hotel pues prefería hacerlo en su yate “Cristina” anclado en la bahía.

A los invitados institucionales se fueron sumando creativos y productores, que inscritos particularmente o por parte de sus agencias, entendían el viaje como una actividad profesional. Venecia exigía avión pero Cannes, sobre todo para barceloneses, estaba al alcance del coche, lo que propiciaba una proliferación de nuestras matrículas por el centro de la ciudad, junto a la escucha frecuente de conversaciones en castellano, tanto en la calle como en los bistrós, siempre con los decibelios propios de nuestra tradición vocal. Daba la sensación que Cannes era tomada por las huestes españolas.                                                                                                                 

Inicialmente, Venecia y Cannes se alternaban en la convocatoria anual; más adelante, por desconocidas desavenencias entre las autoridades de Venecia y los organizadores -la empresa inglesa S.A.W.A.- el certamen quedó instalado definitivamente en Cannes.

En ambas sedes persistió siempre el espíritu “fiesta de la profesión”, hecha de aprendizaje, compañerismo y diversión, todo ello vivido en dos de las ciudades con más glamour de Europa y como un nuevo y gran regalo que el ente publicitario ofrecía a sus miembros, algo con nacimiento y pubertad en aquellos años magníficos. 

Un descubrimiento más enriqueció época tan singular: el bolígrafo/linterna con el que, en la penumbra de las proyecciones, se anotaban detalles de cada spot visionado, en el catálogo donde figuraban todos los concursantes.

La publicidad española alcanzó el Palmarés, junto a la indiscutible hegemonía de las producciones inglesas y norteamericanas; se produjo en los albores de la segunda década.

El Festival de 1972 se celebró aún en Venecia, con el Jurado alojado en el  Excélsior, en el Lido, hotel por el que aún circulaban sombras de la película “Muerte en Venecia” que Luchino Visconti había rodado en él, el año anterior. La presencia española era numerosa, las piezas inscritas por nuestros publicitarios también y quien firma esta crónica era el miembro del Jurado que representaba a nuestro país.

Se habían presentado 1.832 piezas, entre televisión y cine, distribuidas en 12 categorías; en la correspondiente a Perfumería y Cosmética, la película “El aroma de tu hogar” de Leopoldo Pomés, para Heno de Pravia, mereció el León de Oro, máxima distinción en su categoría.

A este primer León siguieron muchos otros, pues en los años siguientes nuestra producción publicitaria se situó como una de las más reconocidas y premiadas del concierto internacional. Cannes puso en el mapa la creatividad española, y el éxito no fue efímero.

Nuestro sector recibió un impulso especial, generador de innovación y prosperidad económica. Nuestros profesionales alcanzaron las mejores retribuciones del mercado laboral, no pocas agencias locales crecieron en tamaño y calidad, los medios se tecnificaron a un alto nivel, la publicidad en esta tri-década hizo el gran estirón, que se alargó hasta la impertinente crisis del inicio de los ’90. Después las cosas fueron distintas y las crónicas posteriores se cuidaran de explicarlas.

Desde aquella época prodigiosa, y parafraseando a Humphrey Bogart, decimos: "Siempre nos quedará Cannes".


 
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