Publicación especializada en estrategias de marketing, publicidad y medios de comunicación.
Opinión

A Fernando Martorell. In memoriam

A Fernando Martorell. In memoriam
Comparte
martes, 7 de abril 2026

“Fue el mejor jefe que he tenido en mi vida”. Esta frase, del amigo Enrique Bueno, sintetiza bien una de las muchas cualidades de Fernando Martorell, publicitario integral en el sentido más pleno del término, que falleció hace unos días.

Indiscutiblemente, Fernando fue un gran jefe, uno de esos que te marca a fuego si tienes la inmensa suerte de cruzarte en su camino. Pero atesoraba muchas otras cualidades.

La primera, su bonhomía. Firelay, mi pareja, que sabe bien de quién habla pues le conocía desde hace más de cuarenta años, decía de él: “es una persona que no conoce la maldad”. Es verdad; de hecho, he conocido a muy pocas personas tan buena gente como Fernando.

Además de ser esencialmente bueno, Martorell se distinguía por su simpatía, generosidad, honestidad radical, empatía, energía, positivismo, pasión, humanidad, y por su cercanía. Todas estas virtudes las desprendía tanto en el ámbito personal como el profesional y constituían la base de su indiscutible carisma.

He dejado expresamente fuera de esta lista de calificativos escogidos -que podría leerse como un decálogo de su carácter- la cualidad que, en mi opinión, más explica su éxito profesional: su valentía. Me resulta imposible encontrar en el mundo publicitario un ejemplo tan claro de valentía como el que pude experimentar en primera persona a lo largo de mis muchos años de vida profesional con él.

La zona de confort de Martorell era mucho mayor que la del resto de los mortales. Igual que se lanzó a montar su propia agencia a los 26 años, tampoco sintió vértigo cuando, ya veterano, apostó por una idea tan revolucionaria como fue El Sindicato. No dudó nunca en asignar responsabilidades aparentemente por encima de sus capacidades a jóvenes -me incluyo en ese cupo- que llevábamos en esto de la publicidad muy poco tiempo. Ni le tembló el pulso cuando nombró directora general a una mujer, Mei Aguirre, algo que no era en absoluto práctica habitual en el sector entonces. Una persona así, ¿cómo iba a arrugarse cuando decidió lanzarse a la conquista del mercado madrileño, pero no para ser una agencia más, sino para intentar ser la mejor?

Me detendré en esto último. Y les explicaré cosas que hoy pueden sonar increíbles. Martorell apostó para liderar esa apertura tan ambiciosa por un chaval de 26 años cuya corta carrera publicitaria se había desarrollado íntegramente en Barcelona. Algunos no llamarían a eso valentía si no temeridad. Pero no quedó ahí la cosa ni muchísimo menos. Para liderar creativamente esa agencia, a propuesta de su flamante y joven director general en Madrid, intentó fichar a otro chaval de 25 años. Un tal Toni Segarra. ¿Se imaginan hoy a algún presidente de agencia ya establecida, consolidada y de renombre poniéndose en manos de dos tipos de 26 y 25 años para liderar su apuesta de negocio más estratégica? Yo, sinceramente, no lo imagino. Pero él lo intentó.

Sigo. La entrada de Slogan en Madrid se hizo adquiriendo una agencia, Prieto Golden, que prácticamente era una house agency del Grupo Zeta. ¿Y qué hizo Fernando Martorell cuando su joven e inexperto director general le propuso, para poder retener talentos creativos como los de Fernando Vallejo, Horacio Bertolotti o José Luis Esteo, renunciar a ese cliente que suponía el 90% de los ingresos de la agencia? Se la haré corta: estábamos en su restaurante favorito, el Finisterre de Barcelona, se me quedó mirando fijamente durante un minuto sin decir palabra y transcurrido ese tiempo me preguntó “¿estás seguro?”. Le dije que sí, y me contestó “no se hable más y déjalo en mis manos; yo me encargo de hablar con el cliente y con el consejo de administración.”

Así era Fernando. Un valiente. Pero en absoluto un inconsciente.

Gracias a esa decisión, y gracias a poder retener ese extraordinario talento creativo, Slogan Madrid en muy pocos meses se convertía en uno de los grandes referentes creativos en España, cosechando el gran premio y varios oros en San Sebastián (“Llegar y besar el santo” se leía en las camisetas que lucía toda la orgullosa plantilla de la agencia en su masivo desplazamiento a Donosti). Y, a partir de ese sorprendente éxito y situarse en el mapa, empezó a conseguir no sólo más encargos del mejor anunciante del país en ese momento, la ONCE; también ganó muy buenos contratos con importantísimas empresas españolas y multinacionales radicadas en Madrid.

En definitiva, Martorell demostró con hechos a lo largo de toda su vida profesional que la valentía, bien empleada, tiene recompensa. Ojalá hubiera más personas como él en esta bendita profesión.

Descanse en paz un valiente que para mí fue mucho más que “el mejor jefe que he tenido en mi vida”. Fue el mejor mentor que hubiera podido tener. Y todo un ejemplo al que cada día de mi vida he intentado honrar con mi conducta.

pd.- Me hace especial ilusión publicar estas líneas en Control, publicación con la que Martorell mantuvo una muy especial relación. Mil gracias, Sergi, por abrirme espacio aquí.

Recibe nuestra
Newsletter

Con toda la actualidad informativa sobre el mundo de la publicidad, los medios y el marketing.

Comparte

Artículos recientes

RECIBE NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete gratis a nuestra newsletter para recibir cada día el contenido más actual sobre creatividad, publicidad, marketing, y comunicación.