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Autogol en Qatar

Autogol en Qatar
Viernes, 09 de septiembre 2022

El mundial de fútbol de Qatar será único por algo más que celebrarse en otoño. Las redes sociales se convertirán en un hervidero de comentarios y discusiones sobre las polémicas que han rodeado a este evento desde que empezó a organizarse. Si no se gestiona bien este asunto, lo que está pensado como una oportunidad de marketing excepcional puede convertirse en un infierno para las marcas patrocinadoras.

Quedan menos de cien días para la inauguración de Qatar 2022. Será sin duda el evento deportivo más grande del año a escala mundial, con todo lo que eso significa en términos de audiencia y activación económica en general. No han faltado los analistas y expertos que, buscando motivos para responder al pesimismo y la incertidumbre sobre la evolución del mercado en el segundo semestre, consideran que este acontecimiento será una oportunidad para que la inversión publicitaria remonte. Razones no faltan para pensarlo, si consideramos los precedentes, pero el pronóstico se enfría si tenemos en cuenta que este no será un mundial como los demás, y no solo porque se celebra en otoño.

La polémica ha acompañado a la FIFA desde que anunció que la próxima Copa del Mundo se celebraría en Qatar, un país cuya tradición futbolística es tan grande como su respeto por los derechos humanos. Más allá de algún veto pintoresco, como el rechazo de Gary Lineker a ser el presentador del sorteo de grupos o las declaraciones de personajes como Eric Cantona, estas polémicas no han impedido, ni parece que vayan a impedir ya, que el mundial mantenga su controvertida sede. Sin menospreciar el gesto de los futbolistas que se han atrevido a pronunciarse en contra de esta extraña versión de la copa del mundo de fútbol, a estas alturas parece claro que la FIFA habría hecho mucho más caso de las críticas y objeciones si las hubieran hecho los patrocinadores. Por dinero se decidió hacer el Mundial en Qatar y solo por dinero se podría haber rectificado a tiempo.

Pero eso no ha sucedido; al menos con la intensidad necesaria para provocar el cambio. No es que las marcas se hayan quedado en total silencio ante lo que era ya un clamor social, pero este cuestionamiento ha llegado tarde o ha carecido de suficientes coaccionadores. Sony, Adidas, Coca-Cola, Hyundai, BP y Visa han manifestado abiertamente sus dudas respecto al modo en que se consiguió la concesión a la federación qatarí, y han pedido una investigación al respecto. Otras marcas como ING Group o GLS, patrocinadores de las selecciones de Holanda y Bélgica, han declarado que no aceptarán las entradas que le corresponden ni se involucrarán en ningún tipo de promoción sobre el mundial porque “es inapropiado, dada la discusión sobre la situación de los derechos humanos en el entorno y las infraestructuras del torneo”.

Seguramente los directivos de la FIFA confían en que toda esta negatividad quedará sepultada por el tsunami emocional que se levantará en cuanto el balón empiece a rodar por los campos qataríes. Nunca hay que subestimar el poder del fútbol para hacer olvidar los problemas y preocupaciones de la gente. Pero que no se les olvide que éste también será el Mundial más comentado en las redes sociales en tiempo real. No solo se va a cuestionar a la organización, sino también a los patrocinadores del evento, y esa conversación no puede monitorizarse, ni siquiera desde un régimen autoritario. La jugada maestra de Qatar todavía puede terminar en autogol.


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