Colar una "publi" no es influir
Mientras el sector del Influencer Marketing celebra su capacidad de reacción, los usuarios huelen a estrategia... y a #publi.
2025 fue un año de fenómenos virales con nombres propios. Montoya, Fabiana, Magdalenita, Leto. Personas que, en muy poco tiempo, se convirtieron en tendencia y marcaron la conversación durante semanas. Y ante esa diversión genuina y colectiva, llegan las marcas. Tan rápido como un perfil genera conversación, proliferan las colaboraciones. Ansiosas por ser las primeras en capitalizar el momento, con la mirada puesta en la que hoy parece la medida del éxito: el comentario “subidle el sueldo al CM”.
Sin embargo, mirando de cerca esta dinámica, aparece una fisura. Mientras el sector celebra la capacidad de reacción, en los usuarios se instala una sensación generalizada. Que las redes han dejado de ser divertidas, que todo huele a estrategia... y a #publi. Hemos desvirtuado la influencia convirtiéndola en un mero soporte publicitario, tratando como sinónimos ruido y relevancia.
Aceptamos el ruido —sumarnos a conversaciones existentes, aunque no aporten al negocio— porque nos hemos acomodado en la reacción. Reaccionar es seguro: ofrece validación ágil, visibilidad inmediata y métricas fáciles de justificar. Crear, en cambio, se defiende con tiempo, coherencia y resultados a medio-largo plazo.
Fingimos que esas relaciones fugaces entre influencers y marcas son auténticas, pero la realidad es que ya no resultan creíbles. En 2026 la influencia recuperará el norte si dejamos de celebrar los aplausos a la comunicación y empezamos a medirla por acciones atribuibles a las marcas. Y eso conlleva valentía. La de dejar de ir a rebufo del fenómeno y volver a liderar desde las ideas.
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