Coronavirus: la vacuna contra el miedo es el humor

Coronavirus: la vacuna contra el miedo es el humor
Miércoles, 04 de marzo 2020

Además de los contagiados y fallecidos por el Coronavirus, hay un daño colateral de esta alerta sanitaria que afecta a la sociedad en general y se propaga con mucha mayor rapidez que el propio virus: el miedo. Las pérdidas económicas son su síntoma más preocupante y los medios de comunicación su principal aliado, pero hay una cura.

Lorenzo Milá lo ha intentado. Su famosa crónica sin mascarilla para el informativo de RTVE ha conseguido colarse entre los éxitos virales del mes como un ejemplo de periodismo sensato que informa sobre los hechos y sus verdaderas dimensiones, sin caer en la tentación de aumentar la audiencia con alarmismos o dramatizaciones. Se dice ahora que este vídeo debería servir como ejemplo en las facultades de periodismo, pero, como la universidad no puede ser una fábrica de parados, eso solo debería ser así siempre que los empresarios de la comunicación buscaran este tipo de profesionales y no a los que han hecho las crónicas con la mascarilla puesta. Y, por desgracia, la realidad desmiente a diario que esto sea necesariamente cierto. Si el consumidor de información demanda sensacionalismo y posverdad (o sea, mentiras complacientes con sus prejuicios), el empresario que quiera sobrevivir en este mercado no tendrá una especial preferencia por periodistas como Lorenzo Milá, que son unos aguafiestas y dejan que la realidad estropee una buena historia (entendiendo por “buena historia” la que genera muchos clics en las redes, por ejemplo). Es el mercado, amigo. Al fin y al cabo, Milá trabaja en un medio público que no se financia con publicidad, y eso no es casualidad. Como esto siga así, llegaremos a un punto en que el rigor periodístico –por no decir la verdad- será un lujo que los medios privados no puedan permitirse.

Como cada uno es libre de entretenerse, que no informarse, como quiera, esta tiranía de la demanda no tendría que preocuparnos especialmente, si no fuera porque ya está muy comprobado que la desinformación –o el entretenimiento disfrazado de información- tiene costes sociales onerosos para la comunidad. Y si no, que se lo pregunten a los británicos.

Con el coronavirus hemos vuelto a comprobarlo. Como han dicho algunos expertos en estos días, el pánico se ha extendido a una velocidad mucho mayor que el Covid-19, con la inestimable y poderosa ayuda de los medios de comunicación, y particularmente, de las redes sociales. Que haya caído la bolsa o se haya suspendido un congreso como el Mobile, que aporta millones de euros a Barcelona cada año, es un efecto colateral de este miedo histérico que nos ha salido muy caro y demuestra una vez más que las fake news y el clic-bait no salen gratis a la comunidad. Cuidado, porque cualquier día este coste de informar sin responsabilidad puede convertirse en una coartada para poner límites a la libertad de expresión. Ya se están oyendo propuestas en este sentido.

Por mucho que se haya viralizado su vídeo, un héroe sin capa como Lorenzo Milá no puede detener él solo la película de ciencia ficción que se ha montado alrededor de este suceso. El miedo es demasiado libre y rápido como para frenarse delante de un periodista honesto. Hace falta algo más; algo tan poderoso y seductor como el propio miedo; y ese algo es el humor, que también tiene la virtud de utilizar las redes para llegar a la velocidad del electrón a todo el mundo.

Bienvenido sea el aluvión popular de memes y chistes sobre el coronavirus que con admirable ingenio está poniendo las cosas en su justa dimensión. Basta comprobar el perfil de coronavirus (@coronavid19) para reírnos un poco de nuestras reacciones desproporcionadas. Ya lo dijo Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el chiste, entre otras muchas cosas, es una agresión sobre nuestro propio miedo destinada a restarle poder de intimidación. O sea, una liberación. ¿Qué mejor vacuna queremos?


ISDI julio 2020
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