El compromiso es más que esto

El compromiso es más que esto
Lunes, 06 de julio 2020

La retirada a bombo y platillo de la película "Lo que el viento se llevó" del catálogo de HBO Max y la posterior decisión de readmitirla con una advertencia previa sobre su contenido racista huele a campaña de marketing y son muchas las cuestiones que se plantean.

Lo que parecía imposible ha sucedido. Un tema no relacionado directamente con la pandemia ha acaparado la atención de los usuarios de las redes sociales este mes. Será que parte de la nueva normalidad consiste también en hablar de otras cosas.

La ola de indignación desatada tras el asesinato de George Floyd en Estados Unidos y el posterior movimiento #BlackLivesMatter para concienciar sobre la pervivencia del racismo en nuestra sociedad ha conseguido el protagonismo que en los últimos tres meses parecía reservado exclusivamente al dichoso virus. Son muchos los incendios provocados por este asunto, y algunos tienen relación directa con el marketing y la publicidad. Uno de los más significativos ha sido la muy comentada retirada de la película de la Warner “Lo que el viento se llevó” del catálogo de HBO Max, su plataforma de streaming, por considerar que ofrece una visión demasiado amable de la esclavitud; mostrando a esclavos felices de serlo y algunos estereotipos desfasados y discriminatorios. De poco parece servir que el título de la película haga referencia a que todo eso se lo llevó el viento hace mucho tiempo, para fortuna de la humanidad. 

Lo primero que habría que decir, desde el punto de vista de un observador del marketing y la comunicación, es que no ha sido una retirada subrepticia -como la que haría cualquiera para ocultar un defecto o un fallo del que se siente avergonzado-, sino que se ha hecho a bombo y platillo, delante de las luces y las cámaras para que consiga la máxima repercusión posible; objetivo que se ha conseguido con creces. En otras palabras, la Warner ha hecho todo lo posible para que todo el mundo sepa lo buenos que son tomando esta decisión. Ha convertido su decisión en noticia, todo lo cual hace sospechar que aquí hay una decisión marketiniana un poco oportunista. Para que llegáramos a considerarlo parte de una estrategia de responsabilidad social o el buen gobierno corporativo tendríamos que saber cuál es el compromiso a largo plazo de Warner en la lucha contra el racismo más allá de retirar temporalmente de su catálogo una película de 1939 que la mayoría de nosotros ya hemos visto; y cómo pretende acreditar y medir los resultados de esta gestión.

Como nada de esto se ha explicado, hay razones para sospechar que se trata de una decisión un poco hipócrita que, no porque la causa en cuyo nombre se ha tomado sea loable, hay que dejar de denunciar. El portavoz de Warner que la anunció dijo que la película volvería pronto al catálogo, pero con una advertencia para los espectadores; como si eso solucionara de algún modo el problema que se ha planteado al abrir el debate sobre el juicio moral a las obras de arte o el control de su carácter pedagógico, un asunto demasiado serio como para resolverse con el recurso a esas “advertencias previas” que, como todo el mundo sabe, muchas veces funcionan más como reclamo que como disuasión.

Sobre el comportamiento dudosamente moral de los protagonistas de otras producciones que se ofrecen en este catálogo -como "Los Soprano" o "Juego de Tronos", sin ir más lejos- no se ha dicho nada, ni se ha hecho el más mínimo amago de retirada en nombre de una buena causa porque “el tema del momento” es el racismo. Tal vez cuando la actualidad decida que ese tema sea el machismo, el terrorismo, el maltrato infantil o el cambio climático decidirán retirar las películas y series que consideren convenientes para mostrarse en sintonía con el sentir popular de ese momento. A eso se le llama poner las velas según sopla en viento, y no parece el mejor modo de navegar con un rumbo definido.


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