El fin de una utopía

El fin de una utopía
Martes, 14 de julio 2020

No son pocas las marcas que se han lanzado a boicotear Facebook por su pasividad ante la publicación de mensajes de odio, pero ¿acaso las redes sociales son medios de comunicación sujetos a una línea editorial concreta o simples plataformas donde todo el mundo puede expresarse libremente? El debate está servido.

Aunque sea evidente, los acontecimientos recientes sucedidos en el mercado publicitario internacional nos obligan a recordar que no es lo mismo luchar contra la publicación de bulos en los medios de comunicación que luchar contra la publicación de opiniones que no nos gustan. La diferencia es importante, porque lo primero es defender la libertad de expresión mientras que lo segundo está mucho más cerca de atacarla. Una noticia falsa es un atentado contra la verdad con fines manipuladores, además de una agresión a la confianza que la audiencia pone en los informadores; mientras que una opinión contraria a nuestras ideas puede interpretarse como una invitación a rebatirla con argumentos persuasivos y racionales que sirvan para abrir debates fecundos. Para poner límite a la forma en que se expresan estas opiniones desagradables u ofensivas ya existen leyes que protegen el derecho al honor, a la intimidad e incluso a los sentimientos, y en su nombre se han dictado no pocas sentencias; algunas de ellas bastante discutibles, por cierto.

Por todo eso sorprende la facilidad con la que las marcas se han lanzado a boicotear Facebook alegando que esta red social no pone freno a la publicación de mensajes de odio, mientras que hicieron más bien poco cuando esa misma plataforma contribuyó a la difusión de mentiras que engañaban a la gente y la predisponían a colaborar en calamidades de alcance mundial como poner a Donald Trump en la Casa Blanca. Si se trataba de defender la democracia, el boicot publicitario estaba mucho más justificado por causa de los bulos que por causa de las opiniones racistas o de odio, por mucho que éstas nos ofendan y nos indignen.

El debate sobre si las redes sociales son un medio de comunicación o no viene de largo y estaba sin resolver hasta ahora. En un principio, los gestores de estas redes nos dijeron que sitios como Facebook o Twitter no eran un medio de comunicación como un periódico, una emisora de radio o un canal de televisión, sino ágoras virtuales donde se encontraban las opiniones que publicaban los usuarios, que eran quienes debían hacerse responsables de su publicación, incluso si tenían consecuencias jurídicas. 

Había una diferencia entre eso y una cabecera de prensa, y esa era la novedad. Pero si ahora empezamos a exigir con coacciones económicas que las redes sociales tengan una “línea editorial” como la de los medios de comunicación, esta visión idealizada del espacio de libre opinión al que todo el mundo está invitado se tendrá que poner en cuestión.

Con este boicot publicitario las marcas están haciendo mucho más que una declaración corporativa contra la difusión del odio. No acabarán con Facebook, puesto que su modelo de negocio depende mucho más de los  pequeños y medianos anunciantes que de los grandes, pero sí acabarán con la utopía de un parlamento en el que todo el mundo podía ejercer libre y responsablemente su libertad de expresión. Bien pensado, y a la vista del uso que se hace de él, resulta increíble que alguna vez pudiéramos haber creído que nos lo merecíamos.


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