Elogio del contexto

Elogio del contexto
Jueves, 01 de diciembre 2022

La campaña #Entoncesquien? del Ministerio de Igualdad consigue resultados ambivalentes. No hizo falta que se mencionara su nombre para que algunos se sintieran aludidos, y con sus réplicas aumentaron el alcance de la campaña, pero se ha bordeado la delgada línea de la manipulación con el uso de algunas frases fuera de su contexto, lo que ha posicionado a una parte de la audiencia del lado contrario al deseado.

Malos tiempos para los matices, las explicaciones largas que no caben en los delgados moldes de los medios de comunicación y, sobre todo, para el añorado y humanista “principio de caridad” en la conversación pública. Mucho peores tiempos para la ironía, el doble sentido, la insinuación y otros recursos retóricos de los que antes disfrutábamos como grandes hallazgos poéticos o literarios y ahora levantan la bandera roja de los vigilantes de la moral dominante. Sin este tipo de juegos de la inteligencia se pone cada vez más difícil cultivar placeres de la vida como el humor, el erotismo o la trasgresión artística; lo que no parece importarle demasiado a los modernos puritanos, convencidos de que tienen una misión trascendental y el poder hegemónico para cumplirla.

En las redes sociales, y por extensión en el debate público, impera la literalidad, y lo hace con la furia punitiva de los tiranos. Una de sus consecuencias más nefastas es que la diferencia entre lo que se quiso decir y lo que se dijo puede costarle a cualquiera un linchamiento público, una cancelación o un desprestigio sin derecho al olvido porque siempre se puede volver a él en el buscador de Google. No hace mucho tiempo una ministra del gobierno hablaba sobre la importancia de la educación sexual para los niños y sus enemigos políticos no tardaban en extraer de su discurso unas frases cuidadosamente elegidas para decir por las redes que estaba fomentando la pederastia. Obviamente, no se lo creen ni ellos, pero las frases pueden interpretarse literalmente así, si se sacan de contexto y se ignora el mencionado principio de caridad. Con eso basta para provocar el incendio, y cada vez hay más pirómanos a los que este tipo de cuestiones éticas les importan lo mismo que a Putin que Ucrania gane el festival de Eurovisión.

Sorprende por tanto que esa misma ministra sea la responsable de una campaña publicitaria en la que se hace exactamente lo mismo que ella sufrió poco tiempo atrás: sacar frases de su contexto para ponerlas al servicio de la defensa de un relato, por muy encomiable que sea la causa que lo inspira, que en este caso es la lucha contra la violencia de género, y muy machista que sea el programa de televisión en el que se dijeron. Dicho esto, hay que reconocerle a la campaña algunos méritos. Sin necesidad de mencionar a los autores de las frases, todo el mundo los ha identificado. Y si alguien no lo ha hecho, ya estaban ellos mismos para delatarse con sus réplicas en sus respectivos espacios mediáticos. Todo lo cual ha multiplicado gratuitamente el alcance de la campaña. El efecto Streisand vuelve a demostrar su eficacia, lo que no impide que, al menos en este caso, algunas de estas réplicas hayan recordado a los espectadores el contexto en el que se dijeron las frases, dejando en evidencia el uso espurio que se ha hecho de ellas en nombre de una causa justa; todo un desafío para los que aún conserven alguna capacidad de raciocinio más allá de la pasión por sus convicciones ideológicas. El contexto es lo que tiene.


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