La resistencia de Netflix

La resistencia de Netflix
Viernes, 21 de febrero 2020

La industria de la publicidad mira expectante a Netflix y debate sin descanso sobre cuáles serán sus próximos movimientos en el mercado del entretenimiento. ¿Acabará sucumbiendo a los encantos de la comercialización de sus espacios o se mantendrá fiel a su modelo de negocio original?

Netflix, el gigante audiovisual que revolucionó la distribución de contenido en streaming y ahora pisa la alfombra roja de los Oscar como productor de grandes y exitosas películas, parece haberse detenido en una encrucijada de su extraordinario viaje. Delante tiene dos caminos posibles: por un lado continuar con su actual modelo de negocio basado en el pago por contenidos; y por el otro, desviarse por la tentadora senda de la introducción de publicidad en su oferta. Por el momento, el CEO de la compañía, Reed Hastings, no cesa de decir a todo el que se lo pregunta que no se van a meter en el negocio de la publicidad porque consideran un error intentar competir con los gigantes Google, Facebook y Amazon en su propio terreno. “Cuando leas especulaciones sobre nuestra intención de vender espacios publicitarios, ten la seguridad de que son falsas”, comentaba en una carta dirigida a los accionistas en la segunda mitad del año pasado.

Sin embargo, esas especulaciones siguen escuchándose en todos los foros y mentideros, porque, le guste o no a Hastings, tienen mucho fundamento. Algunos analistas de prestigio como Instinet ya han calculado que si Netflix ofreciera opciones más baratas o incluso gratuitas, al estilo Spotify, podría rentabilizar la audiencia adicional conseguida facturando mil millones al año en concepto de publicidad (otros multiplican la cifra por cinco). Por no hablar de otras opciones derivadas del estudio y comercialización de los datos de sus usuarios. Ante estas perspectivas, no es extraño que se considere inevitable que Netflix acabe dando el paso. Entre otras razones porque aunque fueron pioneros, ya no son los únicos en el mercado de la distribución audiovisual online y, paradójicamente, los que vinieron detrás pueden acabar marcando el camino a los que lo abrieron. Ese camino es ahora una autopista por la que circulan nombres de la categoría de Amazon, Disney o Apple, que además, y a diferencia de Netflix, son compañías que tienen negocios millonarios en otros sectores. A este respecto, puede ser definitivo el lanzamiento este año de Peacock, la plataforma streaming del gigante NBCUniversal, que no ha tenido ningún reparo en anunciar que ofrecerá un menú de opciones a los usuarios, desde las Premium de pago hasta las gratuitas a cambio de publicidad. El resto de los grandes nombres del sector tampoco tendrán reparo en diseñar este tipo de oferta. Habrá que estar atentos a la reacción de la demanda, cuya ley es implacable. Cualquier aficionado a los western sabe que los pioneros de la conquista del oeste acabaron engullidos por la civilización que habían ayudado a crear. Pero Netflix no está en una película de John Ford, está en el mercado, donde los consumidores de las películas más sentimentales luego no tienen ninguna consideración romántica a la hora de tomar sus decisiones.


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