Las puertas de la Meta-publicidad

Las puertas de la Meta-publicidad
Miércoles, 01 de diciembre 2021

Con los universos inmersivos en los que vamos a entretenernos, informarnos, trabajar y relacionarnos en el futuro -como el nuevo proyecto de Zuckerberg y otros pioneros del metatarso- se abren infinitas posibilidades para estrechar la relación de las marcas con sus consumidores.

Cada vez que un cuñado en la cena de Navidad dice aquello de “no sé por qué la gente paga el precio de una entrada para un concierto si en casa tumbado en el sofá se escucha mucho mejor la música” demuestra que no ha bastado un confinamiento de casi tres meses para hacerle comprender el impagable valor añadido de la experiencia presencial y compartida; de la que por desgracia nos hemos visto privados tantas veces durante la pandemia por mucho que las videollamadas y otras soluciones tecnológicas hayan hecho lo que podían por compensar la pérdida. Las ansias de realidad no virtual con las que salimos de casa cuando nos levantaron las prohibiciones demuestran que ninguna máquina o medio telemático puede hoy en día sustituir este tipo de experiencias y contactos. La música en vivo, como el teatro o los happenings, por no hablar de las distintas formas en que nos relacionamos con nuestros semejantes, incluidas las más íntimas, no tienen por el momento rival en la ciberesfera, aunque nadie puede decir que nunca lo tendrán, porque lo que Zuckerberg y otros pioneros del metaverso están intentando hacer con sus nuevas empresas es superar esta brecha entre la realidad física y la virtual; o al menos estrechar la diferencia al mínimo suficiente para engañar o confundir al cerebro e incluso al corazón. Aunque aún estemos en una fase muy primitiva del proyecto, si se cumplen las previsiones los nuevos espacios digitales por los que vamos a navegar pueden tener un impacto en la vida de la gente comparable al que supuso en su día la llegada de Internet o las redes sociales, y quién sabe si incluso mayor. Para financiar este ambicioso proyecto hará falta una gran financiación, y por tanto, unos modelos de negocio que probablemente basarán una parte importante de sus ingresos en la publicidad, como ha sucedido antes con Internet y las redes sociales, y en el siglo pasado con otros fenómenos mediáticos como la televisión. Por todo ello será necesario que los anunciantes y sus agencias acompañen a estos pioneros del metaverso en este viaje hacia una nueva era de las telecomunicaciones. Para ello tendrán que comprender que con estos universos inmersivos en los que vamos a entretenernos, informarnos, trabajar y relacionarnos en el futuro se abren infinitas posibilidades para estrechar la relación de las marcas con sus consumidores. Tras las primeras experiencias display están apareciendo otras más relacionadas con el branded content, los eventos en vivo, si es que pueden llamarse así, e incluso el comercio electrónico, porque en nuestra vida en el universo paralelo también se compran productos y servicios que se consumen dentro y fuera de este espacio. La meta-publicidad está llamando a nuestra puerta y abrirla es misión de las mentes creativas, esas que aún pueden mover a la acción a otras mentes apelando a anhelos humanos ajenos a la inteligencia artificial como el deseo, la felicidad o el amor, sin los cuales la tecnología no tendría propósito alguno.


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