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Opinión

Libres para pensar

Libres para pensar
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jueves, 2 de marzo 2023

El debate sobre la IA generativa está contaminado de fantasías sobre la rebelión de las máquinas contra sus creadores que recuerdan a novelas y películas basadas en las catástrofes que se producen cuando el ser humano juega a ser dios. Hay un modo más optimista de recibir la llegada de esta nueva herramienta: ahora tendremos más tiempo para el pensamiento creativo y estratégico.

Si algo ha generado la llamada Inteligencia Artificial Generativa es una ola de especulaciones y conjeturas sobre las consecuencias que esta tecnología puede tener en nuestras vidas. Solo por eso ya tiene bien puesto el nombre. Generativa de ansiedad.

Lamentablemente, no todos estos vaticinios son sensatos, optimistas o fundamentados en un conocimiento más o menos cabal de esta nueva tecnología. En el tratamiento informativo de estas noticias, y también en las conversaciones derivadas de tanta expectación, se suele colar de improviso esa fascinación por la posibilidad de crear vida que parece ser parte de nuestra condición de humanos con complejo de Prometeo, que tanto ha inspirado a escritores y artistas desde tiempos remotos. De pronto parece que se ha anunciado la llegada de Matrix con todas sus lúgubres consecuencias, cuando lo único que ha ocurrido es que un par de aplicaciones se han hecho de acceso tan fácil, sencillo y barato que casi cualquiera puede usarlas para sentirse el doctor Frankenstein o el dueño de Tyrell Corporation por unas horas. Olvidamos fácilmente que llevamos años conviviendo con la IA a diario; por ejemplo, cuando escribimos un whatsapp y el corrector predice, no siempre acertadamente, la palabra que queremos escribir. Lo dijo un creativo en el Anuario 2023 de Ctrl: “nos estamos comportando como los niños cuando quieren que sus juguetes estén vivos”.

No obstante, no podemos ignorar el enorme impacto que este avance tendrá en los sistemas de trabajo rutinarios de empresas como las agencias de publicidad, de medios o de comunicación y contenidos, por decir solo tres de las principales que componen el tejido industrial publicitario. Todas ellas tienen experiencia previa con la IA, sobre todo las de medios en los sistemas de planificación programática, pero es la palabra “generativa” la que ha causado el desasosiego actual. La posibilidad de que el desarrollo del big learning permita a una máquina crear algo “de la nada” es lo que nos hace sentirnos amenazados o desafiados por nuestros propios engendros mecánicos. Pero si lo pensamos bien, nunca se crea algo de la nada; no lo hacen las máquinas ni tampoco los humanos. La velocidad y precisión con la que un programa de IA responde a nuestras demandas es asombrosa y supera sin duda a la más brillante mente humana, pero eso no debe confundirse con la motivación o el criterio con el que se crea. La máquina crea para responder a una orden, mientras que el humano crea para satisfacer inquietudes intelectuales o emocionales; y muchas veces para compartir el resultado con sus semejantes. Nada de eso pone en marcha la IA, que, al menos por el momento, solo responde a una motivación inducida por un humano. Por razones como esta Deep Blue puede ganar a Kasparov, pero nunca podrá crear un juego tan bello como el ajedrez. Lo que sí aportará la IAG es mucho tiempo para pensar a todas esas mentes humanas que antes tenían que emplear muchas horas en hacer tareas más tediosas. Y esa es una buena noticia porque el futuro de las agencias de publicidad está amenazado si su negocio depende de la producción o la ejecución más que de la creatividad y las soluciones estratégicas.

Dejando al margen las consecuencias que esto puede tener en las plantillas de las empresas, podemos interpretar que una nueva tecnología ha llegado para proporcionarnos mayores y mejores oportunidades para crear. Un pintor nunca fue tan libre ante el lienzo en blanco como después de que se inventara la fotografía, y lo mismo le sucedió a una directora de teatro en la era del cine. La tecnología no les quitó el trabajo, sino que les permitió explorar nuevos caminos al liberarles de la necesidad de competir contra los logros de las máquinas. Esta es la mejor actitud con la que podemos recibir la llegada de esta nueva herramienta de comunicación que, nos guste o no, será nuestra cotidiana y omnipresente compañera de trabajo a partir de ahora.

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