Pensar el inglés

Pensar el inglés
Lunes, 23 de enero 2023

La cultura británica es una de las cosas más cuquis que existe en el mundo y yo estoy "in love" con ella. Tanto o más que de la francesa, la alemana, la italiana y la española, que la verdad, son las mejores y más altas culturas de este gajo del globo.

Dos de los componentes britanos más originales entre todas las naciones son la excentricidad de su gente y la lluvia. Parecen haberla inventado junto con otras decenas de miles de cosas. Tal es el uso superponderado del verbo make en su vocabulario diario.

Sabemos de su practicidad para el comercio, donde las cuentas, claras. - Y lo bien que suena (léase frase anterior con la voz de J. Sazatornil). Suena bien porque es el idioma que inventó el marketing. Y por eso estamos aquí. Quiero decir que es la lengua más transaccional que existe, toda vez que la publicidad es el canto de sirena de las bondades de la mercadería. Cocacola, lemon, bier, pinapol!

Como el comerciante no va a vender nunca algo que no engorde, el idioma inglés agranda la cualidad de cualquier cosa. No sabemos qué fue primero, si la lengua transaccional o los amos del comercio del mundo, porque tampoco somos antropólogos doctorandos. Somos planners. Ya sabéis.

Su ventaja competitiva para ser la correa transmisora del globalismo es abismal. Ya no por el poderío naval y la delgada línea roja, sino por la mutación invasiva de su lengua. Capitalismo e inglés son indisolubles. No os empeñéis en traducir los términos de mercadotecnia al castellano, como ellos nos respetan al no traducir tapas.

En el entorno laboral, ya sea porque trabajas en una agencia o marca global con remites en Londres o Nueva York, o aunque sea porque tienen submarinos nucleares cerca de Zahara de los atunes, intentar comprender mejor su cosmovisión a través del lenguaje es crucial. Muy al contrario de lo que nos habían enseñado en el fraude Ponzi generacional que fue la universidad para todos en los 80s y 90s, esto no va de aprender inglés.

Hay que pensar el inglés, no pensar en inglés. Y sí, son difíciles. No les gusta discursar como a nosotros. Les encanta cursar en estilo indirecto, a los británicos y en telegráfico, a sus primos de Washington.

Pretendo utilizar este escrito para retraducir al castellano algunos de sus términos, sin intencionalidad exhaustiva ni orden lógico, y es solo algo probable que abra una de tantas puertas de la percepción que tenemos cerradas por no mirar una cosa desde otra perspectiva, al vivir en la prisión de nuestra propia cultura.

El objetivo es entender a los ingleses desde el inglés. Usando palabras sueltas como motivo de reflexión inductiva. Empezamos por cualquier lado. Pero como estoy en un aircraft o creación aérea, empiezo por aquí:

  • Takeoff - Es la composición de un verbo y un adverbio que se utiliza para cuando un avión despega. Literalmente significa “quitarlo de ahí”. Del suelo, se entiende. Cuando el piloto dice takeoff dice “quitar de donde está”. Maravilloso.
  • What did I tell you - El inglés es fácil porque sus verbos son muy fáciles. Una frase en pasado como esta es espectacular porque lleva meta código. Un apaño a plena vista. La partícula did indica acción en el pasado. De esta forma se coloca como aviso contextual al inicio de una frase para que se haga saber que la acción que se va a narrar, ocurrió en el pasado. 

Esto sucede mucho, ya que el 99% de las veces el verbo en inglés se usa en infinitivo con partícula de pasado, futuro o condicional. Y a correr. Menos es más. Así es la grandeza de Apple.

Solo los horteras y gente muy pro de Yale o Harvard conjuga los verbos en inglés como una niña de 7 años haría con los verbos en castellano. Subjuntivos y tiempos perfectos dentro de coordinadas y subjuntivas.

Nota mental: Te sorprenderá leer que te sorprendería tu capacidad de entendimiento de un texto docente en inglés sobre cualquier portada de The Sun. Esto es porque la gente anglo culta, utiliza gramática y vocabulario latino. Mini punto para Mario, Augusto y Trajano. También para ti Cicerón, pues lo que te perdonó César es temerario que lo sancione yo.

Vuelvo al did de la cuestión.

Es prácticamente una señal por obras. Es una no palabra. Cinta americana. Es la llave allen del Ikea, que se la han dejado puesta al montar la frase.

La frase anterior What did I tell you se traduce literal y mentalmente como Qué - partícula señal de pasado - yo decir a ti? Vamos, no me eches más judías. No hay forma de decir eso y no imaginar a un druida con la cara pintada de azul.

Es tosco como Stonehenge. Parece lo mínimo que se despacha en una tribu sajona cuando está a punto de ponerse a llover y arruinar el día de mercado. Es como el Spitfire. Pequeño, maniobrable y mantiene a raya al enemigo, la falta de entendimiento. Es imperfecto pero funciona perfectamente. Encantador.

Otra de las maravillosas ventajas del inglés es que no resulta difícil leer su poesía. ¡Excelente sorpresa! A favor de todo pronóstico es descriptiva, llana y plana. Y es bella porque es simplona. No son buenos poetas ni grandes pensadores, pero sí los mejores narradores del mundo. 

Lee poesía en inglés. 

Su capacidad para crear historias universales está fuera de toda duda, como la de inventarse héroes que nunca existieron. La novela inglesa no tiene comparación. Te pongas de aburrido como te pongas, Murakami.

Como no son poetas arrebatados, no esperemos que sean buenos amantes. Según no sé qué encuesta son los peores del mundo. Hubieron de sublimar con James Bond. 

No me quiero desviar. Diversion. Significa desvío, por ejemplo, cuando se cierra una calle por obras y hay que ir por una ruta alternativa. Diversión es algo que estimula por el efecto de la contrariedad. En castellano lo tomamos en positivo, pero recordad que también existe la ironía, te parece divertido?.

Al tomar una diversion (desvío) te están diciendo eso, que aquí viene una contrariedad en el camino. ¿No es delicioso? Es muy hobbit. Y deja abierta la posibilidad de que algo extraordinario te suceda. Como robarle un anillo a un homeless. 

¿Por qué tal leve excitación por una desvío? Por no saber improvisar. La planificación cursada con educación y emociones neutras es su manía principal. Y la puntualidad, por lo tanto, uno de sus rasgos distintivos. Intento decirte que todo es causa consecuencia. La puntualidad es algo exacerbado, por la revolución industrial, era que protagonizaron en la más absoluta de las soledades como nación y que tanto poder les reportó. Llegar tarde les parece una falta de respeto muy grave. Puede ponerse a llover en cualquier momento.

O’clock. Esto hay que pronunciarlo en voz alta para percibir su sentido acústico. O’clock significa en punto. Pero tal y como suena bien dicho y bien pronunciado, es la propia palabra la que cronometra, pues su sonido imita la manecilla del reloj al caer la hora.

Clock, clock, clock.  O’clock es la onomatopeya de un momento exacto. Cómo te quedas.

Dices six o’clock y son exactamente las 18:00:00. La o cae desde lo alto, hasta el sonido de la k, al que se llega de manera acelerada, para no llegar tarde. 

Tómate unos segundos para probarlo right now, en el ahora correcto.

Para que la palabra y su sonido coincidan con el universo convencional, que es la medida del tiempo. ¿Pero cómo no va a sentir superioridad, vestida con fragancias de modosidad irresistible, la gente que curvó espacio-tiempo con una máquina de vapor y vigas de hierro puestas por el suelo de la jungla? 

Muy parecido por cierto a un o-lé dicho con gracia y con el tempo correcto.

Nosotros somos precisos para el pellizco de la pasión y ellos para el de la eficiencia. Hablando de diversión, funny es una cosa divertida. Otra vez lo mismo. Funny en realidad se usa también para cosas que han causado un ligero desasosiego. 

Cuando sucede inconveniente, un suceso fuera de la norma, la cosa es funny. Liosa, liante. Ji, ji, ji. Casi se escapa nerviosa. Si vinieran a hacer trámites a cualquier ayuntamiento español, sin duda cada una de estas experiencias incluiría la palabra funny en su descripción. En España, que es un país barroco por exceso de sol en la sesera y polvo en los pies, un trámite burocrático sería valorado casi seguro con la palabra suplicio. Pues aquí, el alma se nos retuerce con los contratiempos y las agonías. 

Miras un cuadro de Zurbarán y entiendes todo. 

En España una vieja no puede preparar huevos fritos sin atisbarse rostro de surcos profundos, pecados físicos y morales en un trasfondo de negrura nacional. No somos todos curas porque preferimos la pasión carnal, pero por muy poco y no en todas las Autonomías.

La arquitectura cultural británica, que es protestante, es la del hombre contra sí mismo, mientras que la hispana es la del hombre contra Dios. O el diablo.

Termino por el momento con una de mis favoritas, sobre la que tuiteé en cuanto me iluminó. Como están tocando el buscador, espero no contradecirme. Nevermind. Es otra maravilla de este idioma. Se utiliza para decirle a otra persona que lo deje estar, o que no le preste mayor atención. Literalmente significa nunca en la mente. Pero aquí viene una de las magias del inglés, que recordamos, es ultra práctico. Importar y mente son la misma palabra: mind. La orden de dejarlo estar es un, sácatelo de la cabeza desde la practicidad. No se trata de olvidar algo que no podemos controlar (que incluiría espíritu barroco atormentado), sino de ahorrarle CPU al cerebro de tu interlocutor, de decirle: nunca más vuelvas a preocuparte por esto, que no ocupe tu mente. Nunca en tu mente. Nunca importar. Los norteamericanos dicen forget about it, olvídalo, y no es ni la mitad de sofisticado que un nevermind bien colocado en una transacción. Claro, porque ellos son la fotocopia violenta de estos isleños, transformados en una masa continental que todo lo traga. El pecado original americano es la ira. Y esta cultura solo me pone triste, con lo que no la nombro más.

Son los británicos junto a la china las dos culturas con las formas más exquisitas que existen. No en vano son los dos mejores pueblos del mundo equipados para el comercio. 

La ventaja británica frente a la china sigue siendo que la practicidad de su lengua es eficiente de asombro. Siempre y cuando no colapsen en su propio jugo, los tendremos en videoconferencias y en nuestros emails, pero sobre todo por encima en el organigrama un par de décadas más. 

Tras 20 años en el oficio , creedme que es mejor quererlos que rodearlos.


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