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¿Sirve para algo la publicidad?

¿Sirve para algo la publicidad?
Martes, 07 de junio 2022

Llevo casi 40 años trabajando en este mundillo y he tenido que escuchar esta pregunta en multitud de ocasiones, normalmente cuando hablaba del sector en el que trabajo.

Como mi inicio en esta profesión fue meramente administrativa (y era muy joven), casi siempre me quedaba sin palabras y no sabía qué contestar. Tampoco me lo planteaba seriamente: necesitaba trabajar. En la empresa en la que comencé éramos todos muy jóvenes, nos lo pasábamos muy bien y, para qué engañarnos, recibir el salario a fin de mes era muy satisfactorio.

Pasaron los años y, finalmente, trabajé en un departamento más técnico. Ahí comenzaron mis auténticas reflexiones... 

Es importante saber que, por aquél entonces, todo era mucho más sencillo que en la actualidad. Solo había dos televisiones: Televisión Española y la UHF. Las teles privadas estaban iniciando su andadura, pero era complicado. También comenzaba a ser posible colocar publicidad en autobuses (¡qué bonitos quedaban los mensajes pintados! Sí, “pintados”: ¡con brocha!). La gráfica atravesaba sus mejores momentos y no había campaña que no estuviera en el papel, por el prestigio que representaba. Los costes eran “los costos”, y se hablaba de “propaganda”. La publicidad en la Red no existía; solo algunos visionarios empezaban a ver que ese medio era el futuro y comenzaron a estudiar y a formarse: hoy son unos triunfadores.

Habrá lectores que no sabrán ni de qué estoy hablando, pero, para mí, estos años han pasado en un suspiro.

No quiero trasmitir nostalgia en estas líneas, porque soy una completa convencida de que “cualquier tiempo pasado NO necesariamente fue mejor”. Hay que buscar lo mejor de cada momento y así me he comportado siempre laboralmente, aprovechando cada posibilidad de aprender, de avanzar y de crecer.

En estos años han pasado tantas cosas y hemos aprendido tanto, que no he tenido mucho tiempo para pararme y preguntarme el título de este artículo. Pero, últimamente, cuando voy vislumbrando el final de mi vida laboral, sí lo he hecho, aunque solo haya sido para demostrarme a mí misma que no he “perdido” el tiempo haciendo algo que no me aportaba nada.

Lo primero que me viene a la cabeza es lo obvio: La Publicidad da de comer a muchísimas familias. No hace falta describir las profesiones de todas aquellas personas relacionadas de una forma u otra con nuestra labor. 

También, e igual de obvio, es necesaria para que los consumidores puedan disfrutar de contenidos gratis o por mucho menos dinero del que costaría sin esa publicidad. Esto no parece fácil de comprender para el público en general cuando rechaza la publicidad, carga los “adblocked” en su ordenador personal y demoniza los cortes publicitarios, los anuncios en gráfica o la invasión de publicidad en páginas web.

Puede ser “Arte” con mayúsculas. Hay anuncios, cuñas, gráficas, etc. que, cuando interaccionan contigo, te das cuenta de que detrás hay oficio, mimo y destreza. Hay campañas que mueven las emociones: nostalgia, tristeza, amor, alegría, … Campañas que no se olvidan, y te das cuenta de que aún te puedes emocionar en 20 segundos o con una única imagen. Campañas que sorprenden, enseñando que la tecnología tiene todavía mucho, mucho recorrido en esta profesión. Campañas divertidas, que nos arrancan una sonrisa e, incluso, una carcajada; nos pueden arreglar un momento malo, una hora mala, un día malo. Campañas que informan, que nos muestran algo que no sabíamos, nos sirven para aprender. Campañas que trasmiten ilusión, son aspiracionales, crean necesidades… Y así un largo etcétera.

No todo es tan bonito, lo sé. Hay publicidad “casposa”, inadecuada, políticamente incorrecta, fuera de contexto. Aun cuando este tema no deja de ser tremendamente subjetivo: lo que para algunos es divertido, para otros es ofensivo. Lo que para unos es burdo, para otros es divertido. 

Está claro que la Publicidad SÍ que sirve para algo.

Estoy muy orgullosa de trabajar en esta profesión. He conocido muchísima gente y, seguiré conociéndola, que me ha aportado mucho. He aprendido muchísimo y sigo aprendiendo cada día de todos los que me rodean.  “Uno no deja de aprender al hacerse viejo, envejece cuando deja de aprender”. No sé quién hizo esta reflexión, pero es una gran verdad.


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