Sleeping Connaisseur

Sleeping Connaisseur
Sábado, 04 de marzo 2023

A la era de la fragilidad mental se le está escapando una tendencia de consumo. El sibarita del dormir.

Cuanto más nerviosos estamos, producto de la intoxicación informativa y las cámaras de eco contra las que estrellarnos, cebados por el algoritmo, menos y peor dormimos. Más yoga, más chía, más crossfit. Pero ninguno de esos paraísos artificiales, ante el terror de la insoportable levedad del ser, te va a hacer dormir mejor. Lo que pueden hacer es dejarte molido, harina de otro costal. 

Dormir de labriego, mas no de caballero

Y que se me entienda bien. No me interesa para nada el territorio de la salud, sino el del placer de dormir.

Defiendo aquí que dormir tiene que ser un arte consciente y una forma de ocio y consumo como lo es comer, viajar o las jugueterías sexuales, Hay que recrearse en la única actividad no activa. La producción que no produce. La de no solo no hacer, sino la de no ser. Al dormir, morimos. Suspendemos los sistemas de alerta, confiando que ningún dientes de sable entrará en nuestra cueva a despedazarnos.

Dormir es un acto revolucionario que te separa seis, ocho horas de tu función principal, que es consumir. 

Será que a mí me parece que la industria del sueño está en pañales, con posicionamientos planos y un go-to-market de pensión del centro. Tímida franquicia, una de carísimas camas suecas que hay en la calle Serrano de Madrid, me indica que gentes más civilizadas que yo han visto el filón. 

Queda tanto por andar que el mejor claim sobre este tema data de 1635 y lo acuñó un copy llamado Calderón.

La vida es sueño > Just do It. 

Los españoles eso sí, somos más de vino y caer rendidos en un banco de madera con el cuello dislocado, mientras un niño, anónimo, nos birla el queso.

Pero no podemos pretender gastar 1.400 euros cada año en el ordinario aparato ordinal de vigésimos que nos quita el sueño, y 599 cada diez en el que nos lo da. Tuve un jefe gay del subtipo vividor que me contó que un día durmió en un hotel en Bogotá tan bien, que no paró hasta que la fábrica de colchones le sirvió uno igual. Pagó 4.000 dólares y hubo de esperar meses, pues los colchones de hotel no se venden en Pikolín, ni son normablock. 

Esto me abrió los ojos. Pues toda actividad humana sólo es interesante en cuanto tenga capacidad de sofisticarse.

La capas de visco, carbono y sus infinitas mezclas de grosor hipoalergénico y dureza deberían dar en este país tan famoso por dormir, para catas. Dónde están los enólogos de almohada, que los vea yo. Me temo que ir al Ikea a por ellos es tan sofisticado como la cama de paja del porquero medieval. No por la calidad, que habrá la mala y la menos mala, sino por la indiferencia del consumidor que en otros placeres busca, descubre, se esfuerza y engalana. En definitiva, se distingue en la vigilia.

Se te encienden todas las red flags cuando al mayor colectivo de soñadores sufridores se les llama colchoneros.

Pero ser un disfrutón de la cama, donde se duerme, folla, llora y muere no termina en el colchón ni en la almohada. Desde la cama, tus colegas te ven palmarla en el LoL a las tres de la mañana. Dales cariño. A los pobres se nos ha convencido que los colchones medios y duros son los adecuados. Sí, claro. Como la margarina era mucho mejor que la mantequilla.

Ilusos, despertad.

La creación de silencio tendría que ser un negocio de billones. Ventanas, paredes, moquetas, aire acondicionados, mobiliario, colorterapia, aromas, hilos musicales escamoteados, vapores. CBDs también. Sigo. Ausencia de olores, estática y electromagnética, alergias, decoración. Wifi Zero. En breve, los mejores hoteles ofrecerán inhibidores de señal y cobrarán extra. Los hoteles toman y dan parte de ello pero no, el circuito integral del buen dormir no tiene ningún jugador monopolístico ni un ecosistema de valor completo. 

No hay un Apple del dormir. Y yo, acariciado en mi pijama de seda color berenjena no puedo comprenderlo.

En un intento por despertar al mundo comencé a crear el blog de referidos quierodormir.net, pero me atacó el sueño viendo los copies de colchones en Amazon, me olvidé de vosotros y caí profundamente dormido.


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