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Todo lo que puedes hacer es mucho

Todo lo que puedes hacer es mucho
Miércoles, 15 de abril 2020

Aunque sirva a corto plazo como desahogo de angustias, miedos y culpas, la cultura de la queja no nos sacará de esta situación. Empresas y profesionales debemos preguntarnos por nuestra propia responsabilidad en la tarea de la recuperación.

En pleno proceso de elaboración del que es nuestro número más importante del año nos dijeron que debíamos confinarnos en nuestras casas y eso hicimos. Desde allí hemos completado el trabajo haciendo uso de la tecnología telemática. En contra de lo que algunos han dicho, los que decidimos cumplir el confinamiento a rajatabla no lo hicimos por miedo ni por sumisión ciega a la autoridad, sino porque entendimos que era nuestro deber con la comunidad a la que pertenecemos; es decir, por un sentido cívico de cuya ausencia otros se jactan. En los días más difíciles, algún escritor de discursos con talento de copy publicitario lo resumió todo en un lema: “la vacuna eres tú”. Evidentemente, era un trasunto del quiasmo más famoso de la historia de la comunicación política: “no preguntes qué puede hacer el país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”, incluido por el presidente Kennedy en un discurso que, no por casualidad, se pronunció en tiempos de guerra. “La vacuna eres tú” significa que si te quedas en casa evitas contagios y salvas vidas. Tan sencillo como contundente.

Ha costado muchas vidas redescubrir el peso de nuestra propia responsabilidad en el devenir de los acontecimientos. Aunque solo sea por respeto a esas víctimas, no deberíamos olvidar que lo que ha pasado y lo que pasa, sea bueno o malo, no pasa solo, ni siquiera principalmente, por causa de otros, del gobierno, de la naturaleza o de los malos en general, sino también por nuestra propia causa, por acciones y decisiones que dependen de nosotros. Esa es la mentalidad con la que deberíamos enfrentarnos ahora al ingente periodo de reconstrucción que tenemos por delante, cada uno en su ámbito profesional y personal.

En lo que se refiere al marketing y la comunicación, hay muchas maneras posibles con las que podemos poner en práctica este renovado sentido de la responsabilidad. Tanto en nuestra faceta de comunicadores y vendedores como en la de espectadores y consumidores. Han sido días históricos en los que cada empresa será recordada por lo que hizo más que por lo que comunicó en su publicidad. Tal vez a partir de ahora, redescubierto el peso de la responsabilidad social de las empresas en su comunidad, sea más fácil que los departamentos de RSC y marketing se entiendan mejor para que lo que una empresa dice sea también lo que hace, y para que las campañas de publicidad nazcan de un compromiso avalado con hechos probados.

Y algo parecido podría decirse del sector de los medios de comunicación. Han sido días, todavía lo son, en los que los bulos, infamias y calumnias han circulado con inusitada viralidad (y nunca mejor que ahora se puede usar esa metáfora). Si juntos vencimos al virus quedándonos en casa como medida profiláctica, y juntos también vamos a reconstruir la economía devastada por la pandemia, también juntos deberíamos conjurarnos para luchar contra la infame propagación de las mentiras que alimentan el odio, los prejuicios y el encanallamiento. Algunas veces, estos bulos se difunden con intenciones políticas; otras, son gamberradas estúpidas; y otras, las que más vergüenza nos deberían dar los profesionales, se publican en medios de comunicación porque generan audiencia, que es la mercancía con la que trafica la publicidad. No podemos ser cómplices de esta adulteración de nuestra profesión, ni como comunicadores ni como anunciantes. Por decirlo con un lema conocido: contra ese virus, también eres tú la vacuna.


Agripina septiembre 2020
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