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Vidas rebeldes en el CdeC

Vidas rebeldes en el CdeC
Lunes, 23 de mayo 2022

El Día C se convierte en una gran reivindicación del individualismo y el criterio propio de los creadores frente a enemigos de la originalidad como los datos, las modas, las ideas preconcebidas o el miedo al fracaso.

Como es habitual, la entrega de los Premios Nacionales de Creatividad estuvo precedida por la celebración del Día C, una jornada de conferencias en la que cada año el Club de Creativos reúne a gente que tiene algo interesante que decir en torno a una idea central. La de este año era “El poder de crear”, considerado por los promotores del evento como “el mejor trabajo del mundo”. Se celebraba así la suerte que tienen los creativos de publicidad, y no solo ellos y ellas, de trabajar con una herramienta que tiene la capacidad de transformar la realidad, algo que en los tiempos actuales puede considerarse un privilegio, al margen de cómo esté remunerado.

De manera probablemente inesperada, dada la variedad de perfiles que componían el programa, el Día C se fue convirtiendo poco a poco en una reivindicación de la independencia de criterio de los creadores frente a las fuerzas que quieren uniformar la expresión artística, la comunicación o incluso la política. Paradójicamente, muchas veces esa fuerza limitadora del vuelo de la creatividad procede de lo que en publicidad se llama genéricamente “el cliente”; es decir, la persona o empresa que ha contratado al creador para que haga algo diferente que sea recordado entre otras cosas por su originalidad.

Tuvo que ser un productor cuyo trabajo es dar luz verde a las ideas de otros, como era el caso de Domingo Corral, quien lo dejara más claro con comentarios como este: “lo que se entiende como comercial es una idea preconcebida de lo que el público quiere y eso tiende a uniformar las cosas. La visión creativa es lo contrario. Yo valoro a los creadores que defienden a muerte un punto de vista. No tiene sentido contratar a alguien muy bueno para decirle luego lo que tiene que hacer” para rematar con la famosa cita de Claude Debussy: “el arte produce reglas, pero las reglas no producen arte”.

Por el escenario del Kursaal desfilaron políticos, productores, performances, cómicos o escritores y parecía que se habían puesto todos de acuerdo en reivindicar su individualidad y criterio propio, incluso cuando lo que les hace singulares pueda condenarles a sufrir el estigma de los frikis. Se diría que la lección de este año podría resumirse en un lema de galletita china que dijera algo así como “si quieres ser creativo sé tú mismo”. No es que eso te vaya a garantizar nada, pero al menos no caerás en la trampa de las inexistentes fórmulas infalibles. Al fin y al cabo, si el éxito fuera una fórmula todo el mundo la aplicaría y eso probablemente acabaría con el concepto de éxito. Los ponentes de este Día C, que en algunos casos se han limitado a contarnos su vida más que explicarnos cómo y por qué han conseguido triunfar, han coincidido de este modo en no aconsejar recetas sino actitudes, desde explotar al máximo tu presunto defecto porque es lo que te hace original hasta ser fiel a tu idea aunque eso te cueste el contrato más deseado. “La individualidad es el foco de un artista, no la ocultes” recodó la sorprendente Miss Beige.

Si esa lealtad a una forma de ser y expresarse se convierte luego en un éxito habría que tomarlo como una especie de “efecto colateral”. Porque como recordó el propio Domingo Corral con una encomiable sinceridad: “En el fondo nadie sabe con certeza lo que va a funcionar”, algo que ya dijo el guionista William Goldman en su famoso libro “Aventuras de un guionista en Hollywood” y aún parece estar vigente en la industria del entretenimiento y por extensión en la de la publicidad.

Al final, el año del reencuentro ha sido para el CdeC el año de la autoafirmación y la independencia de criterio de los creativos. La gran productora Sally Campbell, que convirtió su intervención en una especie de audiolibro autobiográfico escrito por el fantasma de Charles Dickens, utilizó la palabra “misfits” para describirse a sí misma y a todos los que son como ella. Así es como se titula originalmente la gran película de John Huston “Vidas rebeldes”, una historia de perdedores abandonados por la suerte y el progreso. Tal vez los creativos que han asistido al CdeC de este año no hayan salido del Kursaal con el secreto del éxito, pero al menos sí pueden volver a su trabajo considerándose un poco más afortunados porque han descubierto dos cosas importantes: que tienen el mejor trabajo del mundo y que si son fieles a su propia visión creativa a lo mejor hasta triunfan.


 
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