La sostenibilidad aburre
¿Es un poco "clickbait" el título de este artículo? Desde luego. Pero si el "clickbait" existe es por algo. Porque vivimos en la era de la atención, un recurso finito (al contrario que la información) por el que competimos todos. Y la atención hay que ganársela.
Y con la sostenibilidad, igual: si repites el mismo mensaje una y otra vez, la gente desconecta. O peor aún, se vuelve cínica. Sobre todo si perteneces a una generación que ha crecido oyendo que el planeta se va a pique desde antes de que nacieras. En un ecosistema mediático saturado, la sostenibilidad es una marca más, con la única diferencia de que, en vez de querer que te compres unas zapatillas o un móvil, intenta venderte un mundo habitable.
Pero para vender esa marca, hay que renovarse. Hay que dejar atrás los clichés. Las fotos de osos polares en glaciares derretidos o las chimeneas humeantes. Hay que hacer lo que en creatividad hemos hecho siempre: encontrar una nueva forma de decir las cosas. Entender a tu público. Estar donde están y adaptarse a su lenguaje, a sus códigos y a su cultura. Ganarse su atención.
Y tratar de seducir en vez de dar sermones. Probar a ver qué pasa si, en lugar de asustar con el apocalipsis, intentamos explicar todas las ventajas y beneficios de la transición energética, o los cambios en nuestros hábitos de consumo. Hacerlo divertido, o aspiracional. Surrealista. Desconcertante. Lo que sea, menos genérico y trillado.
La sostenibilidad, tal y como se está contando ahora, aburre. Pero eso no tiene por qué ser así. La sostenibilidad (y el impacto positivo de cualquier tipo) pueden ser lo que se nos ocurra. Un meme. Un trend de TikTok. Hasta un titular de clickbait.
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