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Los consumidores vuelven a preocuparse por el cambio climático

Los consumidores vuelven a preocuparse por el cambio climático
Miércoles, 27 de octubre 2021

Las menciones a temáticas medioambientales en redes sociales se han incrementado un 40% respecto al año 2020. Control a las marcas, dieta vegana, reciclaje y coches eléctricos con algunas de las tendencias de las que más se habla en internet para la supervivencia del planeta.

El fin de la pandemia en nuestro país está cambiando el foco del consumidor, que ha recuperado el interés en algunos asuntos que había dejado a un lado. La preocupación por el cambio climático, algo que en 2020 se había mantenido alejado en sus preferencias, toma fuerzas en este 2021. Según datos analizados por el Departamento de Consumer Insights & Strategy de dentsu X con motivo del Día Internacional contra el Cambio Climático celebrado el pasado domingo, en lo que llevamos de año se han producido más de 275.000 menciones relacionadas con el cambio climático y otros temas medioambientales en redes sociales, lo que representa un 40% más que en 2020. 

Un problema común

En los últimos 5 años, el conocimiento de la población general respecto al cambio climático o el calentamiento global se ha incrementado en un 20%, siendo un tema conocido hoy por 8 de cada 10 españoles. Al generarse más notoriedad sobre el tema, también se genera un sentido general de inminencia, donde el 75% de los consumidores en nuestro país cree que los efectos del cambio climático deben atajarse inmediatamente, antes de que sus consecuencias sean más graves. La inquietud ha ido en aumento, como demuestra el número de personas que opinan que la preocupación por el medio ambiente es excesiva: se han reducido en un 17% en los últimos años y representan ya a menos del 10% de la población. 

Un consumidor alerta que desconfía de las marcas 

El 83% de los consumidores considera que es imprescindible controlar a las compañías para proteger el medio ambiente y exigen actuaciones para que las marcas realicen una oferta más sostenible. Asimismo, existe una gran desconfianza respecto a lo que las marcas comunican y a sus verdaderas políticas de sostenibilidad (lo que suele llamarse greenwashing), donde 6 de cada 10 consumidores creen que las marcas mienten respecto a sus compromisos con el medio ambiente, con casi 10.000 personas hablando sobre ello en RRSS en lo que va de año. 

Según una encuesta realizada recientemente por IBM en España, el sector que según los consumidores necesita transformarse de forma más urgente para ser sostenible es el de la alimentación (75%). Le siguen el de los productos de limpieza y cuidado del hogar (57%) y los de aseo, higiene personal y belleza (47%). 

Las compañías que operan en España deben ser conscientes de que en otros países de Europa el daño al medio ambiente es una de las principales razones por las que los consumidores “boicotean” a las marcas. Aunque en nuestro país este tipo de comportamientos todavía no representa a una amplia mayoría, el consumidor pone al mismo nivel el trato injusto al trabajador con un impacto ambiental negativo (30%).

Un consumidor activo contra el cambio climático

El consumidor está interesado por el cambio climático, preocupación que se ha recuperado tras la pandemia: cada vez más personas están convencidas de que deben tomar acciones frente esta problemática y los usuarios están pidiendo a las marcas que se comprometan con la sostenibilidad. Pero, ¿qué acciones está tomando el propio consumidor para contrarrestar los efectos del cambio climático y cómo están cambiando sus hábitos de consumo para reducir su huella en el planeta? 

Existe una tendencia creciente hacia los hábitos que reducen la huella del consumidor en el medio ambiente: desde conducir un coche menos contaminante hasta consumir menos carne. Estas son algunas de las tendencias que más crecen y los grupos de consumidores en las que crecen más. 

Menor consumo de carne

Como hemos visto anteriormente, muchas personas evalúan el impacto que tienen sus hábitos de alimentación en el medio ambiente y es la industria alimentaria en la que el consumidor espera un cambio más urgente hacia la sostenibilidad. De acuerdo con un estudio publicado en Science.org, el consumo de carne es el que mayor impacto tiene en el medio ambiente, motivado por el uso de la tierra y la producción de metano del ganado. 

Un 14% de los consumidores ya han cambiado sus dietas a otras con menor impacto   ambiental, un número que no hace más que subir. El veganismo entre los más jóvenes ha crecido un 70% en el último año y alcanza ya a un 5% de los menores de 24 años. También se han incrementado un 10% los hábitos de moderación en el consumo de la carne, con un 44% de la población que declara limitar su ingesta de carne.

En cuanto al ruido que provoca este hábito en redes sociales, en lo que va de año se han acumulado cerca de 300.000 menciones respecto a la dieta vegana o vegetariana, originadas por la conversación de 215.000 autores únicos. 

Reutilizar, cada vez más en boga

Cada vez más, el consumidor se esfuerza por encontrar una segunda vida para elementos que antaño desechaba o enviaba a reciclar. El ‘upcycling’ o ‘suprarreciclaje’ no es más que dar una vuelta de tuerca al uso inicial de un producto para aprovechar al máximo los recursos que ofrece. Con un crecimiento cercano al 30% en los últimos 5 años, ya 6 de cada 10 consumidores declara realizar algún tipo de upcycling y la generación Z es quien menos la practica (4/10). 

En lo que va de año, se han producido cerca de 325.000 conversaciones en redes sociales sobre el suprarreciclaje y solo en octubre se han contabilizado más de 20.000.

Y es que, a pesar del nombre novedoso, nuestras abuelas llevan muchas décadas reutilizando, por ejemplo, los envases del helado para guardar croquetas. Sin embargo, este hábito ha salido del hogar y se ha extendido a otras industrias, como la de la moda. Un informe de la fundación Humana destaca que la compra de prendas usadas en sus tiendas de segunda mano ha aumentado un 38% por punto de venta en los últimos años. El consumidor es ahora más consciente de que la moda es responsable del 8% del total de las emisiones, por lo que la reutilización textil es el tipo de suprarreciclaje que está más en auge. 

El plástico, declarado “enemigo global”

Dentro de las primeras y más comunes acciones para combatir el cambio climático y la contaminación del medio ambiente, la reducción y reutilización de los plásticos ocupa un lugar predominante. En redes sociales, la conversación alrededor de esta temática ha acumulado en lo que va de año más de 50.000 menciones. 

Con la entrada en vigor de la nueva normativa europea para la reducción de plásticos de un solo uso y la inminente aprobación de la nueva ley de residuos, el consumidor se verá en la obligación de dejar de consumir este tipo de productos. El consumidor ya se ha adaptado a este asunto y puede comprobar, por ejemplo, en que 9 de cada 10 llevan sus propias bolsas cuando van a hacer la compra. 

Si bien es cierto que la normativa como iniciativa gubernamental regulará a las compañías, el consumidor por su parte ya está tomando decisiones para reducir su consumo de plásticos e incluso rechaza aquellos productos que abusan de este material. Este año, más de 3,1 millones de personas declaran que no compran un producto cuando este tiene mucho embalaje; aunque lo que más impresiona es el crecimiento de esta tendencia, que casi multiplica por tres el alcance que tenía hace 5 años, donde solo afectaba a poco más de 1 millón de personas. 

Resulta curioso que, nuevamente, los más jóvenes, a pesar de ser quienes más ruido hacen respecto a este tipo de hábitos y su abierto descontento con las marcas y su contribución a la contaminación por plásticos, no son quienes son más radicales al respecto, ya que solo 7% de ellos afirma no comprar productos con mucho embalaje, frente al 12% que encontramos en el tramo de 25 a 34 años o el 9% entre 35 y 45. 

Apuesta firme por lo eléctrico

La descarbonización del transporte es uno de los asuntos más urgentes a atender para reducir el impacto medioambiental en nuestro país. Los coches eléctricos se presentan como una mejor alternativa a los vehículos por combustión interna, porque, por un lado, reducen las emisiones de gases efecto invernadero, ayudan a mejorar la calidad del aire porque no emiten nitrógeno ni partículas al ambiente, tiene una contaminación acústica casi nula y generan menos residuos tóxicos por tener una necesidad inferior de aceites, productos refrigerantes o lubricantes. Todas estas y más son las razones por las que el consumidor cada vez tiene más presente este tipo de vehículos para su día a día. 

Así lo demuestra el interés que presenta este tipo de vehículos en el consumidor, concentrando 156.000 autores únicos y generando más de 332.000 conversaciones en el último año. Respecto al año pasado, se han producido un incremento de cerca de 120.000 conversaciones y 45.000 usuarios extra han entrado en el debate, lo que representa un crecimiento del 56% vs. el 2020. 

Según la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), las matriculaciones de vehículos electrificados, híbridos y de gas aumentaron en septiembre un 36,6% respecto al mismo mes del año 2020 y por su parte, la evolución declarada en la posesión de coches eléctricos o híbridos ha ascendido desde un 0,7% del total población en 2015 hasta un 2,5% en el último año. Esto quiere decir que hoy, en España, cerca de 1 millón de personas ya disponen de un vehículo que se mueve gracias a la energía eléctrica, siendo el segmento de 45 a 55 años el que mayor penetración muestra, ascendiendo hasta el 3,3%. 

Una tendencia imparable

Google y YouTube anunciaron recientemente la prohibición de promoción de contenidos negacionistas del cambio climático en sus plataformas, lo que impedirá ganar dinero a aquellos que insertan publicidad en noticias o vídeos de ese tipo. Para Farah González, Consumer Insights & Strategy Manager de dentsu X, “estamos ante una tendencia imparable. La concienciación es cada vez mayor y ya no se admiten teorías contrarias al cambio climático porque es una evidencia científica. Eso implica, una vez superada la fase de asumir que el problema es real, actuar fehacientemente contra el cambio climático. No es una opción para las compañías, el consumidor castiga duramente las verdades a medias y exige como obligación de las marcas el tomar medidas para mejorar la situación medioambiental”.


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