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No es guerra generacional, es un desajuste estructural

No es guerra generacional, es un desajuste estructural
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jueves, 26 de febrero 2026

Desde Ipsos apuntan que el desafío generacional en España no es solo cultural sino estructural, con la vivienda como principal foco de tensión. Y es que los jóvenes se ven forzados a adaptarse a un entorno marcado por salarios estancados, precios al alza y mucha incertidumbre.

Ipsos ha celebrado una nueva edición del Ipsos Day, una jornada en la que la compañía ha puesto el foco en las tensiones entre generaciones desde una perspectiva estructural, donde la vivienda juega un papel fundamental para entender los desajustes que se producen entre unas generaciones y otras.

Durante el encuentro, los expertos de opinión pública de Ipsos pusieron sobre la mesa una lectura más profunda del debate generacional. Lejos de interpretarlo como un choque de valores entre jóvenes y mayores, la compañía propuso entenderlo como el reflejo de cambios estructurales que han transformado las condiciones de acceso a oportunidades clave. Más que una “guerra generacional”, lo que emerge es la necesidad de analizar con mayor precisión cómo han evolucionado las reglas del juego en las últimas dos décadas.

En este contexto, Ipsos señaló que el foco no debe situarse en diferencias culturales ni en actitudes individuales, sino en el entorno material en el que cada generación construye su proyecto vital. La sucesión de crisis económicas, el encarecimiento de la vivienda, la transformación del mercado laboral y la redefinición de los mecanismos de movilidad social han configurado un escenario distinto al de etapas anteriores, especialmente para los menores de 40 años, cuyas trayectorias están marcadas por nuevas dinámicas económicas y sociales.

La vivienda como eje central del conflicto generacional

El impacto de la vivienda en la vida de las personas varía de forma drástica según la edad. Ante la pregunta “¿Cuánto cambiaría tu vida si mejorara tu situación de vivienda?”, el 52% de los mayores de 60 años afirma que no cambiaría nada frente a un 10% entre los menores de 40 años. Para una parte significativa de la población mayor, la vivienda es un problema resuelto y un activo patrimonial. Para los jóvenes, en cambio, es un desafío vital que condiciona la emancipación, la formación de una familia, la estabilidad, la movilidad laboral, el ahorro y el consumo.

El precio es la principal barrera para acceder o mantener una vivienda adecuada para el 64% de los menores de 40 años, frente al 22% de los mayores de 60. Para Ipsos, esto no se traduce en una simple diferencia de percepción, ni en diferentes estilos de vida, sino que es una fractura material objetiva.  Ante esta realidad, la herencia o ayuda familiar es finalmente lo que marca la diferencia en el acceso a la vivienda para los jóvenes.

“El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de desigualdad intergeneracional en España. El llamado “desajuste generacional” no es solo cultural, sino estructural”, según confirmó Paco Camas, director de opinión pública en Ipsos, en su ponencia. “Las generaciones mayores accedieron a la vivienda con precios mucho más bajos en términos relativos, en un contexto de empleo estable y crecimiento económico. La compra suponía un esfuerzo con recompensa patrimonial, estatus y protección frente a la inflación. En cambio, los jóvenes se enfrentan hoy a un mercado tensionado, salarios estancados, mayor precariedad y menor capacidad de ahorro. España es, además, el tercer país de la UE donde más crece el precio de la vivienda en relación con los salarios (29%)”.

Asimismo, remarcó que la vivienda se ha convertido en el gran mecanismo de reparto desigual de oportunidades, por encima incluso del salario. No solo condiciona dónde se vive, sino que afecta a la emancipación, a si se tienen hijos o no, a la capacidad de ahorro, al consumo… En este contexto, destaca cómo los Boomers disfrutaron de un contexto macroeconómico excepcionalmente favorable, en el que el boom inmobiliario acompañó su etapa de madurez. La “cultura del esfuerzo” ha sido la filosofía de vida que los Boomers siempre han defendido, una filosofía que no validan las nuevas generaciones, quienes comprueban que a igualdad de esfuerzo hoy hay desigualdad de resultados.

El peso del contexto y el desajuste estructural

Durante la jornada se puso de relieve que, aunque el ciclo vital y la rebeldía asociada a la juventud sea algo que comparten todas las generaciones, el contenido de esa experiencia ha cambiado de forma radical. La evolución de los valores, la relación con la tecnología y los hábitos de consumo no pueden entenderse sin tener en cuenta el contexto económico y social en el que se desarrollan.

Ipsos destaca que muchos de los cambios atribuidos a una transformación cultural responden, en realidad, a un proceso de adaptación forzada a un entorno marcado por salarios estancados, precios al alza e incertidumbre. En este escenario, la individualización y la pérdida de estructuras de seguridad tradicionales han incrementado la sensación de inseguridad y han intensificado las tensiones entre generaciones.

Más allá de las etiquetas generacionales

Silvia Bravo, directora de opinión pública de Ipsos, subrayó la necesidad de ir más allá de las etiquetas habituales como baby boomers, generación X o Z. Aunque estas categorías resultan útiles desde el punto de vista analítico, la compañía insistió en que solo cobran sentido si se interpretan a la luz del contexto económico y social de cada país.

“El debate mediático y político tiende a apoyarse en juicios morales y estereotipos que enfrentan a unas generaciones con otras, pero este enfoque, impide comprender por qué determinados comportamientos se repiten y por qué determinadas expectativas ya no se cumplen”, remarcó Bravo.

Un reto de país, no un conflicto entre generaciones

Ipsos clausuró la jornada con un mensaje claro: estas tensiones no responden a un enfrentamiento entre generaciones, sino al desgaste de un modelo de bienestar que ya no funciona con la misma eficacia. Las herramientas que en el pasado permitieron alcanzar estabilidad económica y social no garantizan hoy los mismos resultados, incluso cuando el esfuerzo es equivalente.

Ipsos apuntó que, si la investigación social y de mercado no incorpora este enfoque estructural en las estrategias públicas, reputacionales y comerciales, se corre el riesgo de seguir explicando los comportamientos únicamente desde categorías culturales, ofreciendo una visión incompleta de la realidad. Entender el contexto es el primer paso para construir soluciones que se adapten mejor a las necesidades de las distintas generaciones.

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