El periodismo está vivo

El periodismo está vivo
Domingo, 26 de mayo 2019

En pleno debate sobre el futuro del periodismo como profesión y como contrapoder, algunos de sus más conocidos representantes se suben a un escenario a contar crónicas del presente y el pasado a un público que no ha perdido la fascinación por una buena historia. Se llama Diariovivo y es la versión española de un espectáculo que empezó en San Francisco.

No es teatro ni periodismo, pero tiene algo de ambos. La escena convertida en un espacio vacío con un micro abierto en el centro del proscenio. Siete sillas ocupadas por los protagonistas, que esperan su turno para tomar la palabra y hablar durante ocho minutos. A un lado del escenario, un músico que tocará los interludios que separarán un relato de otro. Esta noche el público no espera ficciones, ni actores, ni una gran puesta en escena. Ha venido a escuchar historias y confía en la fuerza del relato y en el impacto que produce saber que todo lo que le van a contar sucedió de verdad. Eso es todo. No quiere más, ni quiere menos, a cambio de los 14 a 22 euros que ha pagado por la entrada. Como ocurre con cualquier representación de teatro, será una sesión única e irrepetible, imposible de reproducir o piratear; una experiencia que, como dicen los organizadores de esta noche mágica, “no se graba, se recuerda”.

Este sencillo espectáculo que empezó casi como experimento escénico en San Francisco en 2009, se presenta en España con el nombre de diariovivo. Ha sido recibido con entusiasmo por el público desde sus inicios en diciembre de 2017 y agota las entradas en cada nueva edición. El próximo mes de junio celebrará la número nueve en el Teatro Cofidis Alcázar de Madrid.

Su éxito demuestra muchas cosas, algunas de ellas muy importantes para los que se han ofrecido a participar en esta experiencia de “periodismo en vivo” sin ser actores o actrices profesionales ni tener una especial querencia por las tablas y los focos. En un tiempo en que se habla de la muerte del periodismo tal y como lo conocíamos hasta ahora y el ciudadano ha dejado de pagar por informarse, con las fake news poniendo presidentes en la Casa Blanca y los periodistas haciendo política y opinión hasta en los titulares y los pies de foto que escriben, cuando en las ruedas de prensa empieza a haber tantos blogueros como reporteros y el prestigio de esta profesión se pierde por sumideros conocidos como las Cloacas del Estado, un teatro con capacidad para casi mil personas se llena para escuchar en vivo una serie de crónicas narradas con el estilo conciso de aquellos corresponsales que contando la guerra en los diarios llegaron a hacer literatura y ganar el Premio Nobel.

Que ese mismo público que ya no acude al quiosco todas las mañanas agote ahora las entradas de este espectáculo puede considerarse una evidencia de que aún hay esperanza para esta vieja profesión. Los periodistas lo necesitaban porque una corriente de pesimismo se ha apoderado de su gremio y es difícil resistirse al contagio. Las consecuencias de la crisis económica sobre los modelos de negocio de los medios, combinada con la revolución tecnológica y la desidia de unos ciudadanos que no acaban de comprender que para que exista un periodismo independiente tal vez haya que pagar por él son algunos de los factores que están acabando con ese mítico “cuarto poder” que servía de pilar de la democracia.

El libro de David Jiménez “El director en el que este veterano periodista narra su experiencia de poco más de un año dirigiendo El Mundo ha dejado por escrito lo que ya se comentaba en el ambiente profesional desde hace años, que el periodismo ha tenido que sobrevivir a la crisis abandonando la función de vigilante de los abusos del poder, en ocasiones para hacer justo lo contrario, y olvidando ese romántico afán por narrar la verdad que despertaba tantas vocaciones entre los jóvenes de otro tiempo. La lectura de esta cruda confesión, uno de los tres libros más vendidos en el pasado Sant Jordi, conduce a la paradójica y triste conclusión de que el periodismo ha tenido que suicidarse para poder sobrevivir.

Jiménez, que ha participado también en diariovivo, repasa algunos de los dilemas a los que tuvo que enfrentarse el director de uno de los periódicos más importantes de España para superar las presiones y coacciones de los poderes fácticos, pero no olvida tampoco que esta muerte del periodismo se debe también a que el público ha contribuido a este declive, porque los consumidores no solo son reacios a pagar por la información, sino que también parecen renunciar a la verdad si eso contradice sus creencias, ideas o incluso sus prejuicios.

Obviamente, los artífices de Diariovivo no pretenden dar respuestas definitivas a estas cuestiones que tanto desasosiegan a los nostálgicos de la vieja prensa estos días en España y en el resto de los países del mundo. Sería una pretensión demasiado ambiciosa, pero han creado un espectáculo de periodismo en vivo en el que la gente paga por escuchar historias extraídas de la realidad, y casi por accidente el evento se convierte de algún modo en una reivindicación pública de la vieja prensa. El teatro se llena de gente en plena era de la posverdad, y no para escuchar ficciones, descripciones sesgadas de los hechos o mentiras. Son los antiguos lectores, que ahora vuelven al periódico, transmutado en un escenario sobre el que los periodistas no escriben sino hablan. Como dice Vanessa Rousselot, una de las fundadoras, diariovivo es “un medio de comunicación”.

Un medio de comunicación

Rousselot, realizadora francesa especializada en documentales y ahora afincada en Madrid, ejerce de redactora jefe adjunta del diariovivo. “En España ha tenido el mismo éxito que en todos los países donde se ha hecho”, comenta, “y creo que es porque ofrece a la gente algo que ya no tiene; la oportunidad de escuchar historias inéditas de primera mano, identificando al narrador aquí y ahora, lo que tiene mucha importancia porque vivimos tiempos en que abundan las fuentes anónimas y poco fiables; además, es algo que no se va a repetir, efímero, que no acabará en youtube para que se reproduzca miles de veces y eso también es original. Ese es el secreto del éxito”.

Sin apenas publicidad, cada nueva edición ha ido superando a la anterior en asistencia. Son muchos los espectadores que cuando prueban, repiten. Por las tablas de este diariovivo han pasado ya firmas históricas del periodismo español como Soledad Gallego Díaz, Iñaki Gabilondo o Miguel Ángel Aguilar. Sin ser el objetivo principal del espectáculo, Rousselot es consciente de que esta respuesta del público tiene un significado especial en esta época de cuestionamiento del periodismo: “puede ser una de las muchas respuestas que necesitamos en este momento de crisis del periodismo. Tiene algo de homenaje y rehabilitación de una profesión. Los periodistas, incluso los más conocidos y populares, nos dicen que para ellos la experiencia ha sido muy especial, una reconciliación con su vocación profesional”.

Diarovivo no solo es original porque no puede grabarse ni multiplicarse o reproducirse, también va contra corriente de los tiempos modernos en otros aspectos. Algunas de las historias narradas por los periodistas no son de “última hora”, ni están pensadas para satisfacer a ese espectador de hoy, siempre ansioso por saber lo que acaba de ocurrir y olvidar lo anterior, sino que suponen un viaje al pasado para rescatar historias que merecen ser recordadas en estos tiempos. Es lo que hizo Soledad Gallego Díaz, ahora directora de El País, al elegir una historia sobre la primera sesión de las cortes democráticas en plena Transición Española. Su emocionante relato sobre ese parlamento en el que La Pasionaria se sentó enfrente de Adolfo Suárez concluyó con la frase “os lo cuento porque lo vi”, una confesión llena de significado en un tiempo como el nuestro en que tanta gente cuenta cosas que no vio en medios online que no tienen ninguna credibilidad y prácticamente han sido creados para la difusión de bulos. Porque para recuperar el prestigio de la prensa se hace necesario reivindicar la autoridad y la credibilidad de la fuente que actúa como testigo de los hechos narrados.

Puedes leer el reportaje completo en el número de mayo 2019 de la revista Ctrl ControlPublicidad.


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