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Opinión

En casa del herrero…

En casa del herrero…
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lunes, 2 de febrero 2026

En las agencias solemos presumir de cómo cuidamos las marcas, cómo las hacemos crecer, de cómo somos capaces de convertirlas en relevantes para los targets a los que nos dirigimos… Pero, ¿qué pasa cuando se trata de nuestras propias marcas?

Llevamos mucho tiempo, tanto que a veces empiezo a pensar que es parte de este negocio, viendo cómo agencias se crean, se fusionan, se diluyen y desaparecen.

Casos como DDB, MullenLowe o China, por poner un ejemplo cerquita… Grandes nombres de la publi, con míticos trabajos, que acaban en un “Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”.

Llamadme nostálgica, pero como ex Grey, me da morriña y tengo la sensación de que no defendemos suficientemente lo nuestro, de que cedemos terreno por luchar entre los Juegos del Hambre y el de Tronos, dejándonos llevar por los planes de mamá internacional, clientes o tendencias mal entendidas.

¿Y el resultado? Siglas impronunciables, matrimonios de conveniencia y posicionamientos que parecen la fusión de dos papelitos sacados al azar de una urna donde, eso sí, habrán usado la IA para buscar esas palabras comodín, intercambiables, sin alma.

Puede que el alma sea la clave, aquello que nos enseñaron que trasciende a la existencia, más allá del nombre: los valores, el talento, las personas... Algo que también nos ha demostrado este negocio, del que siguen saliendo agencias independientes con grandes profesionales que nos ayudan a no perder la esperanza… Así que a seguir creyendo y luchando.

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