Incendio provocado, apagado y facturado

Incendio provocado, apagado y facturado
Jueves, 04 de abril 2024

Arde la red con una noticia sorprendente; se podría decir incluso que "demasiado" sorprendente: una empresa anuncia un servicio de paseadores de niños y la gente se vuelve loca.

Nace una empresa que ofrece servicios de paseadores de niños, con su web, sus perfiles en las redes, sus tarifas y su menú de rutas por la ciudad. No se llama “Peripatetic kids”, “Ambulapeques” o “Los galeotillos”. La empresa promotora del servicio ha elegido un nombre tan vulgar como “Paseadores de niños”, para que quede claro lo que están proponiendo. En la web explican los detalles. Dicen, entre otras cosas, que los hijos de sus clientes irán amarrados con arneses durante los lúdicos paseos por el parque; “por la seguridad de los peques y la tranquilidad de sus papis”. Y por si alguien no tiene suficiente imaginación, muestran fotos y vídeos en los que se ve a un adulto sujetando una recua de niños y niñas de entre seis y nueve años como el que lleva unos pavos al mercado navideño.

Varios influencers han colaborado en la difusión de esta noticia. Como quien no quiere la cosa, han comentado en sus canales que les han contactado para que hablen y opinen del servicio. Luego se sabrá por qué (lo que no se sabrá es por cuánto).

Datos como estos deberían haber levantado banderas rojas entre la audiencia. Sin embargo, se ha evidenciado una vez más que en plena era de la posverdad todavía hay gente crédula que no ha desarrollado las suficientes defensas intelectuales contra esa creciente afición a hackear la realidad que empezó siendo una excéntrica costumbre de artistas pioneros y hoy parece haber contagiado ya a todo el mundo; políticos, creativos publicitarios o simples cibergamberros.

Lo de los paseadores de niños ha sido un incendio provocado. Se lo ha creído la suficiente gente como para para convertir la falsa noticia en una ardiente polémica, que es lo que muy probablemente pretendía la agencia LLYC con esta inteligente campaña para Multiópticas destinada a ser un nuevo referente de la publicidad moderna. Cuando el teaser fue revelado, la marca declaró que su intención era abrir un debate sobre el excesivo tiempo que pasan los niños delante de las pantallas, con el consiguiente daño sobre su salud óptica. Generación borrosa, lo llaman. Si el éxito se mide en medios ganados, es indiscutible que la campaña ha funcionado. Incluso los primeros detractores se han rendido ante la broma.

No ocurrió lo mismo cuando el colectivo artístico post-situacionista Homo Velamine abrió una falsa web anunciando el llamado “tour de la manada”, donde se ofrecía un viaje por los escenarios de la famosa violación en grupo durante las fiestas de San Fermín de 2016. Se lo creyeron hasta algunos reputados comunicadores, a los que les faltó tiempo para denunciar en sus medios de comunicación esa aberrante manera de hacer negocio con una desgracia como aquella. Irónicamente, eran los mismos medios que llevaban meses dando un tratamiento sensacionalista a la noticia con la poco disimulada intención de acaparar audiencia y venderla en paquetes publicitarios. Hubo canales de televisión que hicieron el tour de la manada en directo y micrófono en mano alegando “interés informativo”, y periódicos que publicaron un plano de Pamplona en el que se marcaba la ruta de los violadores con la misma precisión que Google Maps te dice por dónde tienes que ir para no perderte. Esta carroñería amarillista era lo que Homo Velamine pretendía denunciar con su campaña. Pero una cosa es hablar de padres irresponsables que no vigilan el tiempo que sus hijos pasan delante de las pantallas y otra muy distinta denunciar el sensacionalismo mediático. Cuando se reveló que la web del tour era falsa, no todos los medios se lo tomaron con el mismo sentido del humor que han demostrado con la campaña de Multiópticas. La vergüenza de algunos periodistas se convirtió en ira y las consecuencias fueron fatales para los “creativos”.

La historia de esta campaña puede leerse en el libro de Juan Soto Ivars “Nadie se va a reír”, recomendable para lectores sin prejuicios que quieran entender de comunicación en estos tiempos turbulentos. Como siempre, la publicidad imita al arte. Pero hemos aprendido que ni todos los debates son igual de tolerables, ni todos los creativos igual de respetables. Por eso a Multiópticas le caerán premios en los principales festivales de publicidad; mientras que al fundador de Homo Velamine le cayó una sentencia de año y medio de cárcel.


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