La hipernarración: Cuando la vida se diseña para ser viral
Aunque no sepas lo que es, experimentamos la hipernarración en primera persona. Desde llorar por el Erasmus de un desconocido hasta tragarnos una misión a la Luna como si fuera una sitcom. Luis Landero dice que vivimos vidas de segunda mano con nuestros móviles, pero en realidad haciendo scroll vivimos un millón de vidas ya pensadas en cómo van a ser contadas.
El otro día, en el podcast “Qué estás leyendo”, Luis Landero afirmaba que vivimos de prestado porque el móvil ha inventado una conversación pasiva, y con ella, una vida de segunda mano. Aunque discrepo en la pasividad del usuario, me activó una idea. Si George R.R. Martin decía que quien lee vive mil vidas, hoy quien hace scroll vive un millón.
Ahí entra la hipernarración. “Así es mi vida como corporate girl”, “Acompáñame a un día como estudiante de intercambio en EE.UU.”... Seguimos historias ajenas con una implicación emocional sorprendente. ¿O quién no está triste porque Pakow ha terminado su erasmus en Toronto? Exacto.
No es nuevo que la realidad tenga una dimensión performativa. Guy Debord en la Sociedad del espectáculo, ya habló de una vida mediada por representaciones, pero hay un giro interesante. Ahora vivimos en función de cómo vamos a mostrarlo y la experiencia ya contempla su versión editada. Sé que tienes clips guardados pensando en el recap del año. jeje, yo también.
Para quienes trabajamos en comunicación, esto no es nada loco ni novedoso. Sabemos que quien domina el discurso, construye la realidad. Y quizás por eso la misión Artemis II se nos ha contado casi como una serie. El fallo del váter, el bote de Nutella, el cráter con el nombre de la mujer del comandante… Es mucho más atractivo conectar emocionalmente con lo cotidiano en el espacio, que detenerse en que estamos siendo testigos de las pruebas para la futura explotación de recursos fuera de la tierra. Ups.
En definitiva, la hipernarración es el pacto que aceptamos como usuarios. Es el código de lenguaje de hoy. Y no creo que vivamos de segunda mano. Más bien vivimos dos veces: la vida que ocurre… y la que merece ser contada.
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