Malud Sental
La semana pasada me llamó un colega con dieciséis años de experiencia en agencias. Me dijo: "No puedo más."
Podría poner otros cinco nombres más, con un año de experiencia y con veinte también. Seguramente te está pasando.
Nuestra principal herramienta de trabajo es la cabeza. Y llevamos décadas utilizándola como si fuera un recurso infinito.
Los datos son públicos y demoledores:
En 2024 se registraron 671.618 bajas laborales por problemas de salud mental en España. En 5 años ha aumentado en un 111 % (Adecco).
En publicidad, comunicación y relaciones públicas, el 70 % de los profesionales ha sufrido burnout durante el último año. Setenta por ciento. ciento o siento.
No estamos simplemente viviendo "tiempos difíciles". Estamos pagando el precio de algo que hemos normalizado durante demasiado tiempo.
Seguimos confundiendo compromiso con autoexplotación.
Seguimos celebrando al que siempre está disponible.
Seguimos creyendo que la urgencia permanente forma parte del oficio.
Mientras tanto, las nuevas generaciones ya no compran ese discurso. Y quizá deberíamos preguntarnos si no son ellas las que tienen razón.
Llevamos años escuchando frases como:
"Ya descansaremos cuando salga la campaña."
"Todos hemos pasado por esto."
"Es ASAP o perdemos la cuenta."
"En otras agencias están peor."
Pero nop. Nada de esto es normal.
No es normal vivir pendiente del móvil a todas horas.
No es normal enlazar semanas de 60 horas.
No es normal que la urgencia de un cliente se convierta automáticamente en la emergencia de todo un equipo.
Y tampoco es normal que pedir ayuda siga interpretándose como una señal de debilidad.
Si convirtiéramos este problema en un caso para Cannes, probablemente ganaría el Grand Prix.
A quienes hoy lo están pasando mal y leen estas líneas: no sois el problema. El problema es una cultura que durante años ha confundido sacrificio con excelencia. Pedir ayuda, a un responsable, a Recursos Humanos, a un amigo o a un profesional, no resta talento. Al contrario.
Y a quienes dirigimos equipos, nos toca hacer autocrítica. Escribo esto sabiendo que también he sido parte del problema y quisiera ser parte de la solución.
Revisemos cómo cerramos las jornadas.
Cómo repartimos las cargas.
Qué hacemos cuando alguien dice "no llego".
Cómo respondemos cuando un compañero suspira antes de abrir el ordenador.
El liderazgo se demuestra cuidando a las personas que las hacen posibles.
Quizá ha llegado el momento de dejar de admirar al que nunca desconecta y empezar a reconocer a las agencias que saben proteger a sus equipos.
Porque ningún premio. Ningún cliente. Ninguna campaña. Vale más que la salud de quienes la hacen posible.
La inteligencia artificial puede trabajar sin descanso. Pero necesita detrás a gente capaz, con seniority, descansada y lúcida. Capaz de aportar el criterio que ella no tiene y de darle el uso correcto y diferencial.
Y para eso hay que descansar. Desconectar primero.
Creer que la IA es útil porque no necesita descansar no solo nos va a salir carísimo como profesionales. También la vuelve deficiente en la práctica.
Que las ideas sean las únicas locas.
Feliz Agosto. Feliz Verano. Feliz Descanso. Feliz reflexión.
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