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Opinión

Las madres no son sagradas

Las madres no son sagradas
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lunes, 8 de junio 2026

Tras leer el informe ‘Mommy Culture Pigeon’ identificamos el ‘Reboot’ de la Maternidad: el paso del sacrificio impecable a la transparencia del arrepentimiento La migración desde el mito de la madre abnegada y perfecta hacia una narrativa de "realidad desbarnizada" que abraza el arrepentimiento parental y la pérdida de identidad como experiencias universales. Un desafío a las marcas a dejar de romantizar el ‘full-time side hustle’ para combatir activamente la penalización salarial y sistémica de ser madre.

Pido perdón, querido lector. Pero empiezo a escribir esta columna con un cansancio que me desborda. Si eres madre, seguramente te habrá pasado lo mismo al leer uno más de esos informes sobre la maternidad en los días de hoy. La culpa, los desafíos, la falta de apoyo. Parece que ya lo hemos dicho todo y seguimos haciendo muy poco.

Leo frases que ya se han convertido en eslóganes estampados en camisetas de la tienda de fast-fashion más cercana: The future is female. It takes a village to raise a child. Una aldea que desaparece la primera vez que te toca volar sola con tu bebé y el pasajero de al lado te mira mal con cada llanto. Cada vez que una de nosotras se pregunta qué le pasará a la vuelta de la baja de maternidad. Cada vez que tenemos que elegir entre nuestros hijos y nuestros deseos. Porque, sorpresa: por más que queramos a nuestros hijos, más que a nada, nosotras deseamos mucho más.

Hago una búsqueda rápida en Google: “Las madres son…”. Y el buscador me sugiere los términos más tecleados: benditas, ángeles, sagradas. A lo mejor ahí está la raíz del problema. Aunque Dios sea hombre, aunque los superhéroes más conocidos sean hombres, ellos se quedan con la gloria, pero a nosotras nos toca el peso del trabajo heroico, divino: gestionar a los hijos, la casa, el trabajo, los grupos de WhatsApp del cole, las fiestas de cumpleaños, los regalos de cumpleaños…

Y la verdad es que cualquiera de nosotras cambiaría ese carácter sagrado y bendito por sueldos iguales y una aldea que funcione más allá de los informes de tendencias. Nosotras, las madres, no somos sagradas. Y tampoco queremos serlo. Lo que queremos es tener el derecho a ser más profanas.

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