Mi vida como Trader Programático en un Sector de Transformación
A pesar de que el sector publicitario rebosa talento femenino, este se evapora conforme subimos en el organigrama.
Las barreras invisibles de esta industria son, en realidad, los lugares secundarios a los que todavía se nos relega. Como mujer y trader programático, mi mayor reto, no se reduce sólo a nivel técnico, sino a ocupar los espacios de liderazgo que nos corresponde. He aprendido que la verdadera batalla no se libra contra los algoritmos, sino en esas salas de juntas donde la neutralidad de los datos se pone a prueba y donde contar con un equipo que sí escucha marca toda la diferencia.
Trabajar en el área más técnica de la publicidad, el AdTech, significa habitar una intersección compleja. En España, aunque somos mayoría en las facultades de publicidad, la cifra de especialistas digitales ocupadas apenas supera la media europea, y en las disciplinas puramente tecnológicas, la brecha es un abismo: solo el 1,25% de las jóvenes aspira a profesiones TIC.
A menudo, en las reuniones de estrategia, me encuentro en la necesidad de reforzar una credibilidad que, de forma natural se presupone en otros perfiles. Tengo la suerte de trabajar en un entorno donde el mérito técnico sí se reconoce, pero sé que no es la norma del sector: existe un sesgo estructural que vincula el análisis de datos y los presupuestos millonarios a un perfil concreto, una inercia que incluso en los equipos más conscientes puede llevar a que demostrar el dominio del backend o la lógica de una API se convierta en un paso extra que otros simplemente no tienen que dar.
A pesar de que el sector publicitario rebosa talento femenino, este se evapora conforme subimos en el organigrama. Solo el 22% de los puestos de liderazgo editorial y de medios están ocupados por mujeres a nivel global, una cifra que en las agencias creativas y tecnológicas se siente igual de estancada.
Incluso cuando alcanzamos el mismo puesto, la recompensa no siempre refleja el mismo esfuerzo. En España, las mujeres cobramos, de media, un 15% menos que los hombres. En el trading, una disciplina donde los resultados son medibles y los datos no mienten, estas brechas resultan especialmente difíciles de justificar cuando detrás hay criterios que rara vez contemplan la ausencia de redes de mentoría o el coste real de la conciliación.
Como profesional en un sector que no duerme, donde una campaña puede necesitar ajustes un domingo a las diez de la noche, la conciliación es el gran elefante en la habitación. He visto a compañeras brillantes retrasar la maternidad por el temor real de que su carrera se estanque o que el “ritmo del mercado” las deje fuera de juego. En el trading programático, la obsolescencia es rápida, cuatro meses fuera pueden parecer una eternidad tecnológica, y el sistema actual rara vez ofrece los puentes necesarios para un regreso en igualdad de condiciones.
Ser trader hoy es más que optimizar un CPA. Para mí, significa también optimizar mi entorno. La falta de referentes femeninos en puestos técnicos de AdTech es una barrera que solo se rompe ocupando esos espacios y alzando la voz. No queremos cuotas, queremos que el terreno de juego sea tan equilibrado como las subastas que configuramos cada día: basadas en el valor real y no en el perfil del postor.
“El verdadero cambio del sector llegará cuando el talento técnico, sea quien sea quien lo aporte, tenga el mismo peso en la mesa de decisión”.
Gracias
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