Si Sócrates era tan listo, ¿por qué no llegó a director creativo?
Referencias. Qué importantes son las referencias.
Qué haríamos nosotros sin las referencias. Sin saber que eso ya está hecho, sin recordar aquella campaña de tal o sin asentir poco convencidos cuando fingimos saber de qué mitiquísimo anuncio nos están hablando. Daríamos cualquier cosa por ellas, las referencias. Y qué no darían, sobre todo, esas personas que son auténticas enciclopedias de publi.
Yo no soy de esas personas, pero no por ello dejaré de decir lo que voy a decir. Eso que no se debe decir y nadie nunca se ha debido decir antes. Algo impensable, blasfemo, herético. Que las referencias también pueden ser perjudiciales para la creatividad.
Ya lo he dicho. Y sí, sé bien lo que estoy diciendo. Y no, no es algo absolutamente novedoso. Las vanguardias eran eso: cuestionar la tradición, romperla, soltar el yugo de la forma e incluso del fondo heredados durante tanto tiempo para inventar una nueva realidad creativa, diversa en sus recursos y sus temas. Y, aborreciéndolas yo artísticamente, algo de razón sí tenían precisamente en esto los vanguardistas: por mucho que la creatividad sea necesariamente un proceso sostenido en el tiempo y basado en la experiencia humana acumulada, también es innegable que la mera existencia de referentes crea una realidad distinta a que si no hubiese referente alguno.
Porque sí, nuestro proceso de pensamiento, nuestra creatividad, están más o menos condicionados por las referencias que conocemos. Esto no quita que haya que conocerlas, pero sí conviene ser conscientes de ello para escuchar también a quien no sabe o, mejor dicho, sabe otras cosas, a quien tiene limpia la mirada y ve un mundo diferente, tal vez aún más amplio y vasto fuera de lo que ya está hecho. Se me ocurre, no sé, un junior o un trainee, por ejemplo. Sócrates tampoco era director creativo, pero algo de razón también tenía.
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