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Chico Trópico, donde conviven lo naif, la psicodelia y lo experimental

Chico Trópico, donde conviven lo naif, la psicodelia y lo experimental
Martes, 27 de agosto 2019

Chico Trópico son Pedro Buschi y Sara Brito. Fueron la avanzadilla en la difusión de la psicodelia latinoamericana y los sonidos tropicales en Madrid, aunque el colectivo tiene muchas más armas musicales: desde talleres sonoros hasta una furgoneta de grabación ambulante pasando por piezas escénicas en un parking con vecinos del barrio madrileño de Villaverde. (Por @javierperezrey)

Chico Trópico funciona "como programadores del underground iberoamericano y comisarios de formatos innovadores, y como djs/músicos, formadores y performers movidos por la ex- perimentación, el humor y el desafío constante al concepto de música popular y folclore", según cuentan en su web (www.chicotropico.com). Su labor es ecléctica porque sus proyectos abarcan multitud de formatos, pero siempre funcionan como una "centralita de acciones artísticas" sin corsés ni ataduras. Hablamos con Pedro Buschi y Sara Brito sobre sus proyectos musicales y de experimentación comunitaria.

Ctrl.- ¿Cómo nace Chico Trópico y cómo ha evolucionado hasta convertirse en un hervidero de creación de nuevos formatos experimentales?

Pedro Buschi y Sara Brito.- Chico Trópico nace en 2010, como festival de experimentos tropicales en Casa América (Madrid). Se repitió en formato festival: en 2011 en el mismo lugar y en 2012 en Matadero, también en la capital. Esos festivales fueron muy radicales y divertidos, creemos que influyó bastante en la generación de una escena, la de la neocumbia y música tropical, que hoy es un hecho en Madrid y ahora camina y baila felizmente. Desde ahí en adelante no hemos parado de inventar cosas, generar formatos de festivales, encuentros, hacer radio, música, performances y proyectos híbridos que tienen que ver con lo sonoro, lo experimental y lo popular.

Nos interesan las creaciones comunitarias donde conviven experimentación, humor, participación y que tienen mucho que ver con activaciones en el espacio público y la búsqueda de formas de convivencia cultural poco complacientes. También nos interesa hacer cosas con la infancia o desde la infancia, lo que surgió no solamente porque tenemos dos hijos, sino porque nos gusta generar cosas como niños, desde el juego y la invención y con poca solemnidad.

Ctrl.- ¿Cuáles son vuestras influencias musicales y artísticas? ¿De dónde viene vuestra simpatía por la improvisación?

Tenemos todo tipo de influencias y musicalmente podemos beber tanto de Los Panchos, de Violeta Parra, Eduardo Mateo o The Residents, como de Dick El Demasiado, Los Ramones o cualquier banda de pueblo o fiesta popular con cierto espíritu guasón y punk. Nos interesa la psicodelia entendida como una distorsión, como alteración de lo que tenemos a mano. También el espíritu punk o el ‘Do it yourself’. Creemos en hacerlo todo nosotros, en compañía de más gente pero sin confiar demasiado en la especialización y sí mucho en la intuición. Por otra parte, Pedro es el músico del colectivo, y él ha estudiado composición y tiene un conocimiento y unas herramientas que siempre enriquecen.

Ctrl.- La recuperación del espacio público y la creación espontánea son dos de las señas de identidad de algunas de vuestras propuestas. ¿Qué objetivos tenéis cuando queréis democratizar la creación y sacarla a la calle?

El hecho de que la improvisación musical sea un medio de composición nos quita la pretensión de hacer obras solemnes o sobrevalorar algunos sonidos. Tratamos la música como una actividad que se desarrolla en el tiempo y no tanto como un objeto. Tenemos claro el sonido que queremos pero no nos obsesionamos en hacer una obra única y para la radiodifusión, o al menos no siempre lo hacemos. Queremos que sirva como diario de un momento vivido, en donde lo pasamos bien y, a través de una grabación, poder recordarlo y generar una raya en el espacio. Esto es así en el caso de La C.O.S.A. También hacemos muchas otras intervenciones: desde talleres de sonorización de oficios, generación de bandas experimentales en familia, karaokes con gafas VR (realidad virtual) o, recientemente, un festival de Autotune, además de piezas musicales. Todo esto tiene en común que es música, es sonido, pero son también acciones que nos pone a las personas a jugar juntas. Desviando el eje de lo que se espera salen cosas increíbles.

Lo de realizar acciones en el espacio público es parte de un interés por habitarlo más allá del consumo. Recuperarlo como un espacio de encuentro y de creación. La C.O.S.A. es un dispositivo que funciona como aglutinador de personas que están ahí y que se paran y se encuentran para hacer algo juntas. Sin duda, nos emociona, ya que se generan lazos, pasan muchas cosas, hay gente que vibra junta y eso lo hace la música y el encuentro en un espacio común. Por otra parte, en muchos de nuestros proyectos, incluida La C.O.S.A., tratamos de funcionar con horizontalidad, y huir del concepto de casting y de elegidas o elegidos. Más bien se trata de generar un contexto y unas reglas que nos facilite a todas participar de alguna manera. Nos ha pasado estas últimas semanas en un curso que estábamos dando en el CA2M para familias: en Panra! invitábamos a familias a crear una banda y hacer una performance musical. Les dimos una serie de herramientas para jugar con la identidad y para componer a través de gestos o partituras gráficas, y no te imaginas las soluciones inventivas e irreverentes a las que llegaban en apenas dos horas.

Ctrl.- Contadnos un poco más acerca de La C.O.S.A., cómo surgió y qué habéis aprendido con ella después de registrar los sonidos de los vecinos de un distrito de Madrid durante muchas sesiones.

Puedes leer la entrevista completa en el número de Julio-Agosto de la revista Ctrl Control Publicidad.


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