España lee más y en más pantallas: el nuevo ecosistema del libro
En el año en que el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros confirma un crecimiento sostenido del índice lector en España y una expansión del formato digital y los audiolibros, los actores que forman parte del ecosistema de la lectura ensayan nuevas estrategias para encontrar el equilibrio entre el auge del consumo digital con el valor de las librerías y bibliotecas como espacios de encuentro. Texto: María Elena Calderón.
Profesionales vinculados al mundo del libro nos cuentan cómo ha evolucionado en la sociedad el hábito de la lectura y el papel que están jugando las herramientas digitales en su difusión y promoción. Han participado el escritor Riccardo Braccaioli, Sara Vega, directora de marketing y comunicación de Fnac España; Laura Díez Mañero, Communications Manager de LID Editorial (sello de Almuzara); y Saúl Fernández Murias, Performance Marketing Manager de Penguin Random House Grupo Editorial.
Evolución de la lectura en España
En España leemos más, y cada vez lo hacemos en más formatos y canales, como se extrae del Barómetro de hábitos de lectura y Compra de libros en España 2025, pero el gran reto sigue siendo transformar ese ecosistema digital en motor real de fomento de la lectura y no solo en un escaparate de novedades.
Los datos confirman que España se consolida como un país lector, pero también que la batalla por la atención se libra ya en las pantallas. El informe refleja un crecimiento sostenido del índice lector y un refuerzo del mercado: el 54,1% de la población compró al menos un libro no de texto en el último año, 6,8 puntos más que en 2017. Las librerías siguen siendo el principal canal de compra (40%), por delante de internet (24%) y de las cadenas de librerías (16%), lo que demuestra que el vínculo físico con el libro sigue siendo central incluso en plena expansión digital. Al mismo tiempo, un tercio de la población lee ya en formato digital (33,2%) y el audiolibro alcanza el 9% de uso, consolidando un ecosistema híbrido en el que el papel convive con pantallas y escucha.

Esa convivencia es, precisamente, el punto de partida de la estrategia de actores como Fnac, donde un 21% de las ventas de libros son ya online y más de la mitad de esas compras se recogen en tienda mediante el sistema “click & collect”, como explica Sara Vega (Fnac): “El ecosistema digital ha ampliado mucho las posibilidades de descubrimiento y acceso a los libros, lejos de canibalizar el formato físico lo ha complementado”, señala. En ese contexto, la apuesta de Fnac es claramente omnicanal: “el cliente se mueve con total naturalidad entre el entorno digital, donde descubre y compara, y la tienda física, donde busca la experiencia, la recomendación de nuestros expertos y el placer de tocar el libro. Los nuevos formatos como audiolibros y ebooks son fundamentales en este nuevo paradigma. No sustituyen al libro en papel, sino que responden a otros momentos de consumo. Permiten que la lectura se integre en la vida de personas que, de otro modo, quizá no encontrarían el momento. Amplían el mercado y, a menudo, actúan como puerta de entrada a la lectura para nuevos públicos, que después saltan a otros formatos”.
Los nuevos formatos digitales, por tanto, lejos de ser una amenaza, se están revelando como una puerta de entrada a la lectura para públicos que antes quedaban al margen. Según datos del barómetro, el 33,2% de la población lee ya en digital y el uso de audiolibros, que alcanza el 9%, crece de forma gradual y con especial incidencia entre los menores de 45 años. Laura Díez Mañero (LID) subraya que “los formatos digitales, audiolibro y ebooks, eliminan fronteras permitiéndonos llegar a todo el mundo.
Por otro lado, el audiolibro, en concreto, nos permite llegar a otro tipo de público, un público que prefiere estar escuchando tranquilamente o bien mientras realiza otra actividad. No podemos olvidarnos de que el con el formato digital y las plataformas de suscripción se pueden formar comunidades, equipos de trabajo… abriendo diálogo en torno a diversos contenidos”. Está de acuerdo Saúl Fernández Murias (Penguin Random House), quien afirma que “el ecosistema digital ha transformado por completo la forma en la que los lectores descubren libros. Ha eliminado las limitaciones físicas de las librerías y ha puesto a disposición del público una oferta prácticamente infinita, permitiendo que cualquier lector encuentre contenidos afines a sus gustos, por diferentes o específicos que sean. Además, ha dado visibilidad a muchos títulos que antes no la tenían y ha alargado significativamente el ciclo de vida de muchos libros”. En lo que respecta a formatos como el audiolibro o el libro electrónico, asegura que “su papel es complementar y ampliar el acceso a la lectura desde una experiencia totalmente diferente. Se adaptan a distintos hábitos y estilos de vida, permitiendo que más personas se acerquen a las historias en formatos que encajan mejor con su día a día y estilo de vida, y contribuyendo así a ampliar la base de lectores”.
El escritor de thrillers policíacos Riccardo Braccaioli coincide en el empuje que ha traído a la lectura el auge de los nuevos formatos digitales, citando los resultados dl estudio Audible Compass 2025, “los audiolibros no sustituyen la lectura tradicional, sino que la complementan. Siete de cada diez oyentes de audiolibros afirman que escuchar audiolibros ha aumentado el número total de libros que leen, tanto en formato impreso como en digital” lo que refuerza la idea de complementariedad.

Estrategias en digital
En el plano de la prescripción, el mapa español se ha llenado de comunidades y microescaparates digitales donde los libros compiten en el mismo feed con series, música o videojuegos. BookTok, el fenómeno lector de TikTok, ha impulsado con fuerza la literatura juvenil y ha convertido a jóvenes creadores en prescriptores clave para editoriales y librerías. Según datos publicados por la plataforma social, una investigación de la Asociación de Editores del Reino Unido reveló que el 59% de los jóvenes de entre 16 y 25 años han descubierto una pasión por la lectura gracias a BookTok, una tendencia que se ha consolidado entre los más jóvenes. A ello hace referencia Sara Vega (Fnac): “Hoy funcionan especialmente bien las herramientas que consiguen generar una conexión real con los lectores. Destacan sin duda las comunidades en redes sociales, con el fenómeno BookTok a la cabeza, que ha vuelto a impulsar con fuerza la literatura juvenil. También el trabajo con prescriptores culturales o influencers que tienen una comunidad fiel y un criterio propio. Las newsletters nos permiten una conversación directa y cuidada con nuestros socios más fieles”.
Para Saúl Fernández (Penguin Random House), TikTok se ha convertido en un impulsor potente de la lectura, “en los últimos años el gran motor del sector editorial han sido las redes sociales, especialmente TikTok. Para entenderlo fácil, lo que fue MTV para la música en su momento, hoy lo es TikTok para los libros: ha conseguido llevar la lectura a audiencias masivas y, sobre todo, a generaciones jóvenes que están leyendo más que nunca. Esto ha ido muy de la mano de los creadores de contenido y prescriptores literarios, que han generado una red de recomendaciones muy potente y, sobre todo, muy auténtica. Porque si hay algo clave en este sector es precisamente eso: la recomendación natural. En el momento en que el lector percibe que hay una marca empujando el mensaje de forma artificial, pierde valor. Por eso, más que ‘impactar’ el reto está en participar de forma orgánica en esas conversaciones, entendiendo que la lectura es algo emocional y que la comunicación también debe serlo (…) Un ejemplo claro es "Cómo mandar a la mierda de forma educada", que llevaba tiempo publicado, pero tras una recomendación en digital vivió un crecimiento enorme. En ese momento, acompañar esa tendencia y amplificarla desde la marca es clave para maximizar el impacto”.
En el caso de LID, al ser un sello especializado en tendencias empresariales y desarrollo de competencias profesionales, tienen a LinkedIn como red social de referencia, “no obstante, en términos generales, son múltiples las herramientas empleadas para acercarse al lector: las diversas redes sociales, las newsletters, los pódcast o las píldoras audiovisuales son algunas ellas. Además, la posibilidad de realizar encuentros en streaming o los directos facilitan el contacto lector/autor y potencia la creación de comunidades”, expone Laura Díez (LID).
Desde la perspectiva de los autores, las herramientas digitales también se han convertido en un potenciador de talento, como en el caso del escritor Riccardo Braccaioli, para quien “el ecosistema digital ha supuesto una auténtica democratización del mundo editorial. Servicios como Audible han permitido que muchos autores puedan publicar sus obras y llegar directamente a los lectores, algo que hace años era mucho más difícil. Los escritores autopublicados tenemos ahora la posibilidad de conectar con nuestro público sin tantos intermediarios. Antes existía un techo muy claro marcado por las editoriales tradicionales; hoy, gracias a los servicios digitales y herramientas como las newsletters, podemos mantener una relación directa con los lectores y oyentes, y construir una comunidad alrededor de nuestras historias”.

Saúl Fernández (Penguin Random House) y Laura Díez (LID)
Un entorno lleno de retos
La atención es uno de los mayores retos en la actualidad, pero a la hora de leer eso se magnifica, como describe Riccardo Braccaioli “Hoy en día todos estamos sometidos a un bombardeo constante de información y estímulos. Eso también influye en la forma en que leemos y en cómo los escritores debemos contar las historias. Personalmente intento adaptar mi estilo a ese ritmo. Me gusta escribir capítulos cortos, evitar un lenguaje innecesariamente complicado y terminar cada capítulo con un ‘cliffhanger’ potente que invite al lector a seguir avanzando. Mi objetivo es que tenga un ritmo muy dinámico. Idealmente, un capítulo debería poder leerse entre una y dos paradas de metro. Si cuando el lector llega a su estación siente que necesita leer un capítulo más, entonces sé que la historia está funcionando”.
En Fnac también son conscientes de esa realidad y en su más reciente campaña, 'Menos Smart' interpelan críticamente a la propia tecnología para defender el tiempo de calidad que exige la lectura, como explica Sara Vega (Fnac) “aunque pueda parecer paradójico viniendo de un retailer tecnológico, es una campaña que nace de una profunda reflexión sobre nuestro papel como agitadores culturales. Es un posicionamiento a favor de un uso más consciente de la tecnología y, sobre todo, una reivindicación del valor de la cultura presencial, como leer, escuchar música o ir al cine, como la mejor forma de recuperar nuestro tiempo y nuestra atención. Invitamos a la gente a desconectar del móvil para conectar con un libro. No es una campaña contra la tecnología, sino a favor de la cultura, y demuestra cómo una marca puede liderar una conversación relevante para la sociedad, yendo más allá de la pura transacción”.
Este auge digital también trae retos que el sector afronta con cierta inquietud. La dependencia de grandes plataformas y sus algoritmos plantea un problema de visibilidad y diversidad: Sara Vega (Fnac) destaca que “depender demasiado de unos pocos algoritmos para descubrir libros puede limitar la diversidad editorial. Sin embargo, las oportunidades son inmensas. La mayor de todas es la omnicanalidad. (…) La tienda física se convierte en un espacio de descubrimiento y comunidad, y un ejemplo muy claro del valor de la experiencia física es Sant Jordi. Este día demuestra cómo el libro es un fenómeno social y cultural que trasciende lo digital, donde la experiencia de pasear, descubrir y encontrarse con autores es insustituible. Para nosotros, garantizar nuestra presencia en el corazón de Barcelona en un día así es un pilar estratégico y parte de nuestro ADN. Además de la comunidad, otro gran valor es la curación. En un mundo de sobreabundancia, el filtro y la recomendación de un prescriptor de confianza, ya sea uno de nuestros ‘Expertos Fnac’ o un evento en nuestro Fórum, es un valor enorme. Finalmente, las comunidades nicho, desde los fans del manga a los juegos de mesa, encuentran en nuestras tiendas un punto de encuentro físico que complementa su actividad digital”.
Saúl Fernández (Penguin Random House) destaca que a pesar de ser cierto que el sector tiene una dependencia creciente de grandes plataformas, “también es importante poner en valor algo que en España sigue siendo diferencial: el peso de las librerías independientes. Siguen siendo un pilar fundamental y aportan mucha riqueza al ecosistema editorial. Dicho esto, la convivencia con grandes players como Amazon es ya una realidad. No solo han ganado peso como canal de venta, sino que han creado un nuevo entorno donde cualquier persona puede autopublicar un libro de forma muy sencilla. Esto ha provocado un crecimiento enorme en el número de títulos disponibles y, como consecuencia, una competencia cada vez más fuerte, especialmente en entornos digitales”. Agrega que en ese contexto el reto que se plantea es cómo ser relevante y destacar en un contexto con tanta oferta, “ya no basta con publicar un buen libro, hay que conseguir visibilidad en plataformas que tienen sus propias reglas de juego y donde la experiencia y el conocimiento marcan la diferencia. A esto se suma un nuevo desafío que está creciendo muy rápido, el papel de la inteligencia artificial en la recomendación de libros. Cada vez más usuarios preguntan a herramientas como ChatGPT qué leer, y eso abre un nuevo frente para el sector: entender cómo funcionan estas recomendaciones y cómo conseguir ocupar espacios en ellas”. Ante estos retos, Fernández plantea dos oportunidades: “La primera es precisamente la inteligencia artificial aplicada al marketing: está permitiendo dar visibilidad a todo nuestro catálogo, no solo a las novedades, conectando cada libro con su lector potencial de una forma mucho más eficiente. Esto es especialmente valioso en un sector con tanto fondo editorial. Y la segunda gran oportunidad es, paradójicamente, lo humano. En un contexto cada vez más automatizado, la cercanía y la conexión directa con el lector ganan valor. Canales como redes sociales o el email marketing permiten construir relaciones más personales, recomendar de forma más relevante y generar comunidad. Y en un sector como el del libro, donde la emoción es clave, esa conexión marca la diferencia”.
Laura Díez (LID) incide un poco más en el desafío que representa para las editoriales explicar el valor añadido de la edición tradicional frente a la autoedición y la impresión bajo demanda, en un contexto donde publicar por cuenta propia es cada vez más sencillo, “más allá de imprimir un manuscrito, el valor que aporta una editorial es múltiple incluyendo una gran cadena de procesos: diseño, asesoramiento editorial, edición y corrección a diferentes niveles, distribución del libro físico y digital, promoción en medios de comunicación, organización de eventos y firmas, contacto con los canales de distribución, etc.”.
El Barómetro recuerda que la librería tradicional sigue siendo la puerta de entrada más importante para la compra de libros no de texto, con un 40% de cuota, seguida por internet y las cadenas de librerías, lo que convierte a estos espacios en nodos fundamentales de mediación cultural. A la vez, crece la lectura en formato digital y el uso de dispositivos como el e-reader, el ordenador y el móvil, lo que exige a las editoriales adaptarse a una nueva lógica de descubrimiento online, como ya han señalado los profesionales consultados. En este entorno, la verdadera diferenciación pasa por combinar alcance digital con experiencia física.

Sara Vega (Fnac) y el escritor Riccardo Braccaioli
Buscando el equilibrio
El horizonte es optimista, si nos remitimos a los datos y los testimonios del sector, pero no complaciente. Por un lado, cada vez más españoles leen por ocio y el porcentaje de compradores de libros no deja de crecer. Por otro, la lectura digital y los audiolibros amplían el mapa de situaciones en las que un libro puede entrar en la vida cotidiana: del metro al gimnasio, de la pantalla al auricular. Leer es un acto de placer que el entorno digital solo ha expandido. En ese contexto el reto, como resume Sara Vega (Fnac), es aprender a usar la tecnología “como lo que es, una herramienta muy útil, pero sin dejar que nos quite tiempo para la reflexión, la concentración o el placer de leer. Me gustaría que espacios como las librerías, las bibliotecas y, por supuesto, nuestros Fórums culturales en Fnac, sigan siendo faros de descubrimiento y encuentro. Que seamos capaces de transmitir a las nuevas generaciones no solo la importancia de leer, sino también el placer de apagar las notificaciones y sumergirse en las páginas de un libro. En definitiva, mi deseo es que la verdadera inteligencia, la de saber cuándo conectar y cuándo desconectar, garantice la magia de la lectura para siempre”. El anhelo de Laura Díez (LID) es similar, “dedicar más tiempo a la lectura para poder profundizar en ella y no ceñirnos exclusivamente a la avalancha de contenidos rápidos que las nuevas tecnologías ponen en nuestras manos. La lectura, en cualquiera de sus vertientes, nos permite desarrollar nuestra creatividad e ingenio, imaginar, soñar, crecer personal y/o profesionalmente, ahondar en diversas temáticas y profundizar en ellas… ¡No perdamos los buenos hábitos!”.
Por su parte, Saúl Fernández (Penguin Random House) desearía que “el hábito de la lectura siga creciendo y expandiéndose como lo ha hecho en los últimos años. Que siga consolidándose en nuestra sociedad, especialmente en un contexto cada vez más saturado de estímulos. Ojalá también sepamos cuidar nuestras librerías, reforzar el comercio local y preservar toda la experiencia que rodea la compra de un libro, que es parte esencial de lo que representa la lectura. Y, ante la oleada de innovación tecnológica que estamos viviendo, que no perdamos la humanidad y la emoción que caracterizan a este sector. Que leer deje de percibirse como una obligación y se entienda, cada vez más, como un placer y una forma de conectar con uno mismo”.
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