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Opinión

Una cuestión central

Una cuestión central
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lunes, 28 de agosto 2023

Las marcas patrocinadoras del fútbol han empezado a levantar la voz contra el intolerable comportamiento del que fuera Presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, quien hizo gala de un escandaloso abuso de poder ante los ojos del mundo entero en el preciso momento en el que las jugadoras de nuestra selección celebraban un logro histórico.

El incendio de verano en las redes sociales no ha sido el proceso de negociación de un nuevo gobierno, ni la truculenta historia de un crimen pasional en Tailandia, ni siquiera que la selección femenina de fútbol ganara el campeonato mundial en Australia. Cualquiera de estas noticias tenía posibilidades de colonizar las redes en el mes de las serpientes de verano; sobre todo la del Mundial, teniendo en cuenta lo que significa el fútbol en este país, pero nada ha sido comparable con la ola de comentarios provocados por el grosero comportamiento del presidente de la federación española de fútbol durante el partido final y la ceremonia de entrega de trofeos en este torneo. Con un beso robado y una tocada de huevos en el palco de autoridades perdimos el mundial justo después de ganarlo y aún lo estamos buscando. Se perdió en el fragor de una batalla dialéctica que al parecer nadie deseaba, puesto que prácticamente todos los comentarios sobre esta cuestión que se han podido leer en las redes y otros medios, tanto los que defienden a Rubiales como los que lo atacan, estaban siempre acompañados de la frase “es una pena que esto eclipse la victoria de nuestras jugadoras”, o alguna otra que venía a significar más o menos lo mismo. Sobre eso sí hubo un consenso general a pesar de lo polarizadas que estaban las opiniones. Cada nuevo comentario era una palada más sobre la fosa en la que se estaba sepultando el triunfo de la selección, pero no por eso se paraba el entierro. Siempre eran los otros los que tenían que parar. Un famoso cómico español quiso expresarlo en X y escribió que una cuestión marginal estaba desviando la atención de lo que era más importante. Como era previsible, le cayó la del pulpo por usar el adjetivo “marginal”. Porque lo cierto es que la cuestión hacía tiempo que había dejado de ser marginal, si es que alguna vez lo fue. Le pese a quien le pese, el beso no consentido se había convertido en un símbolo de algo más grande que la primera estrella de la selección femenina de fútbol. Era la viva imagen, retransmitida en directo ante millones de personas de todo el mundo, del comportamiento abusivo de algunos jefes con sus subordinadas, empleadas o cualquier otra mujer considerada inferior en la jerarquía de la empresa o la organización en la que ambos trabajan. Y todos y todas sabemos que eso no tiene nada de marginal. A Rubiales le ha pasado lo mismo que a Plácido Domingo. Las razones por las que al tenor se le toleraban ciertos comportamientos que él consideraba galanteo son las mismas por las que la jugadora besada no podía decir que no a la invasión de su intimidad, y las mismas por las que quiso quitarle importancia en las primeras declaraciones a la prensa. Era una cuestión de poder, uno de cuyos privilegios para el que lo ejerce es la impunidad. A Jennifer Hermoso le dio más miedo hacerle la cobra a su presidente que asumir la responsabilidad de tirar el penalti. No sin razón. El penalti lo falló y no pasó nada. De quitarle la cara a Rubiales no debió de pensar lo mismo. Solo cuando se ha comprendido que este era el tema del debate se entiende su trascendencia, su centralidad. Por eso las marcas patrocinadoras de la selección, que con todo el derecho del mundo no tardaron en aprovechar publicitariamente la victoria, estaban obligadas a posicionarse sobre la cuestión. Lo hicieron cuando ya era clamoroso su silencio; unas con más contundencia que otras. Aunque algunos patrocinadores se hayan limitado a emitir un comunicado de condena, la sola existencia de este documento público representa ya un avance respecto a otros casos como el del propio Plácido Domingo o el de los insultos racistas a Vinicius en un partido de la liga de fútbol, donde brillaron por su ausencia en la mayoría de los casos. Cada vez está más claro que en las estrategias de patrocinio del marketing moderno ya es imposible eludir la participación en la conversación pública. Cuando la polémica llega a estos niveles, el silencio y la equidistancia siempre serán interpretables como complicidad con alguna de las partes, lo que hace imposible la neutralidad.

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