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El martirio de Burger King: más papistas que el Papa

El martirio de Burger King: más papistas que el Papa
Martes, 03 de mayo 2022

La polémica campaña de Burger King para anunciar sus hamburguesas vegetarianas echaba mano de citas católicas para llamar la atención en plena Semana Santa. No es la primera vez que la publicidad se inspira en rituales religiosos -con notable éxito en muchas ocasiones-, pero sí es novedoso el linchamiento moral al que se ha visto sometida la marca.

Seguramente hace falta tener cierta edad o algún interés por la historia de la publicidad para saber que uno de los anuncios más famosos que se han hecho nunca en España lo rodó Contrapunto en los años 90 para la campaña de Semana Santa de Renfe. Aquel spot titulado “Saeta” mostraba las luces de lo que aparentemente era una procesión para luego cambiar el foco y descubrir al espectador que en realidad lo que estaba viendo era un monumental atasco en una autopista. La metáfora se remataba con el paso de un tren a toda velocidad por encima de los penitentes automovilistas. Esta genialidad fue merecedora de numerosos premios nacionales e internacionales y, que se sepa, no molestó a ningún católico por mucho que se usara la imaginería típica de la Semana Santa con un interés comercial. Pocos años después Casadevall Predreño SPR ganaría el Grand Prix de Cannes con otro spot en el que dos monjas de clausura jugaban con el pene de la estatua de un angelito. Tampoco hubo escándalo entre los católicos por esto. Por aquel entonces Benetton se atrevió a publicar una valla publicitaria en la que se veía a un cura besando en la boca a una monja, y aunque ésta sí suscitó algunas protestas, que era lo que buscaba la marca, su intensidad no tiene comparación con la bronca que le ha caído a Burger King por anunciar sus hamburguesas veganas con el lema “tomad y comed todos de él porque no tiene carne”. Algo ha cambiado.

La lista de campañas que han recurrido a imágenes religiosas en sus anuncios es tan larga que sería casi imposible citarlas todas. Si además incluimos las campañas de Navidad en las que aparecen los Reyes Magos o el portal de Belén, crece ya hasta el infinito. Puesto que se trata de publicidad, sería muy ingenuo creer que este sistema de imágenes se usa con otro objetivo que no sea vender un producto o servicio. Como es perfectamente comprensible, la publicidad usa el patrimonio cultural colectivo para expresarse porque tiene poco tiempo y mucho que decir, y los símbolos sirven para concretar. Además, ese patrimonio cultural no es propiedad privada de nadie; ni siquiera el religioso, por mucho que a veces se pretenda reclamarlo en exclusividad desde algunas instancias. Si antes estas campañas no escandalizaban a los católicos y ahora sí, muy probablemente se deba a que la indignación actual tiene poco que ver con los sentimientos religiosos y mucho con la obsesión con encontrar cualquier excusa para victimizarse y hacer exhibición de una identidad herida en las redes sociales. Todo lo cual reporta muchos placeres narcisistas, incluido el de avergonzar con reprimendas morales al que ha cometido “un pecado”. Como dice Daniele Giglioli “la víctima es el héroe de nuestro tiempo” y como tal se le conceden privilegios como el de ser siempre escuchado y creído. La posibilidad de entrar en la categoría de víctima con solo ofenderse por un anuncio es una tentación demasiado atractiva en la que han caído muchos católicos durante esta Pascua de Resurrección.

No sabemos qué opinará el Papa Francisco de la campaña de Burger King, en caso de que tuviera tiempo de pensar en ello, pero a juzgar por lo que conocemos de él es muy probable que no se tomara tan a la tremenda la campaña de BK. Más bien al contrario. La tendencia a convertir la religión en un rasgo de identidad tribal ha dado, y sigue dando, tantos disgustos históricos a sus promotores que no sería raro que si algo le indignara al Papa fuera el uso de un anuncio de publicidad más o menos afortunado para emprender una campaña de linchamiento, censura pública y cancelación de la libertad de expresión; y encima en defensa de una doctrina que predica la paz, el amor y la compasión con las verdaderas víctimas de las injusticias de este mundo.


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