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Tiempo para la creatividad

Tiempo para la creatividad
Miércoles, 16 de septiembre 2020

Si las situaciones de estrés, tensión y restricciones pueden favorecer positivamente el ingenio creativo, la crisis desatada por la pandemia de la Covid-19 debería ser considerada una oportunidad para innovar tanto a nivel empresarial como personal.

La inesperada muerte de Ken Robinson -el gran defensor de un nuevo modelo educativo que no mate la creatividad innata de todos esos niños y niñas que ahora parecen ir a la escuela a aprender a no ser originales sino lo más parecidos posibles a todos los demás- ha coincidido con la publicación del Informe Scopen sobre creatividad en tiempos de pandemia. Robinson es una de las fuentes de inspiración de este interesante análisis sobre el creciente valor de la creatividad en el ámbito empresarial y personal derivado de la situación extraordinaria que estamos viviendo. Entre las muchas cosas que nos recuerdan sus autores, hay algunas que deben ser especialmente bienvenidas por arrojar un poco de optimismo a un panorama de futuro que se acostumbra a pintar demasiado lúgubre. Entre otras, el informe señala que las situaciones de estrés, tensión y restricciones, siempre que no sean asfixiantes, pueden favorecer positivamente el ingenio creativo, mientras que la ausencia de problemas de esta índole impulsaría al adocenamiento y la vulgaridad. Por no hablar del poder del aburrimiento como gran estímulo de la creatividad.

La idea tiene fundamento y está avalada por la historia. La lista de grandes inventos de la humanidad que tienen su origen en una crisis es infinita y de todos es sabido que las guerras, aún siendo indeseables por motivos humanitarios, han sido casi siempre los periodos de mayor progreso tecnológico. Por poner solo un ejemplo tan reciente como significativo para los profesionales de la comunicación, baste citar el caso de Internet. La red digital que ha transformado nuestras vidas puede considerarse una consecuencia de la guerra fría, puesto que tiene su origen en la necesidad militar de proteger la información ante un ataque enemigo.

Muchos de los cambios que estamos implementando ahora en las empresas y están mejorando costes y conciliación ya eran posibles técnicamente hace mucho tiempo, pero ha tenido que llegar el virus para que nos decidiéramos a emprenderlos. El teletrabajo es un ejemplo paradigmático. A veces no basta con que algo sea técnicamente posible, se necesita también la voluntad de hacerlo... o la necesidad.

Dice el estudio: “Nos han sacado de nuestra área de confort, hemos cambiado la forma de trabajar, nos han restado libertades, nos hemos tenido que someter a reglas impensables para nosotros. Hemos pasado miedo y nos hemos enfrentado a esta situación inédita. Las limitaciones y el aburrimiento nos llevan a pensar, imaginar y a hacer (...) son buenos impulsores de la creatividad”. Como todos hemos pasado por esta experiencia, a nadie le costará pensar en ejemplos ilustrativos de la explosión de creatividad vivida en los hogares propios y ajenos durante el confinamiento. Los autores del estudio -en un alarde de optimismo que ya solo por eso no merecería ser cuestionado- parecen augurar un comportamiento similar en el mundo empresarial, que no solo ha tenido que enfrentarse a su propio confinamiento sino también a la crisis que va a causar el parón económico. En los duros días del encierro hubo más de un ingenuo que se atrevió a defender la idea de que íbamos a “salir mejores”. Parece que no será necesario tanto cambio. Bastará con que seamos como siempre: gente que tiene las mejores ideas cuando llegan los problemas.


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