Carlos Fenollosa: “Los creativos están más espantados de lo que deberían”
Aunque muchos creativos están sintiendo una especie de “magia perdida” con la omnipresencia de la IA, lo cierto es que los propios expertos en la misma, sin quitarle la importancia revolucionaria de su presencia, ponen ciertos límites a las preocupaciones y abogan por tratar el asunto con rigor y serenidad. Sin leyendas negras. Hablamos con uno de ellos en el Día C de Donosti. Texto: Javier Pérez Rey.
En el Día C de Donosti, la Inteligencia Artificial pasó de la abstracción y el "efecto wow" a un aterrizaje más certero para hablar de un desafío de gestión y talento de la mano de Carlos Fenollosa, profesor universitario, así como fundador y director de empresas de IA y autor del libro de divulgación científica "La singularidad" (Arpa, 2024). Con un diagnóstico pragmático, tan necesitado muchas veces en el sector de la burbuja de los ‘hypes’, el experto en IA lanzó un mensaje de calma, y a la vez de urgencia, al sector: los creativos están más espantados de lo que deberían porque sobrevaloran la autonomía de la máquina y olvidan el peso del criterio profesional.
Lejos de la retórica de los ‘Terminators’, como se suele llamar a , el experto desmitificó la IA como una entidad semidivina para definirla como lo que es: una disciplina de ingeniería dedicada a resolver problemas complejos. Con la analogía de que GPT es a la IA lo que La Oreja de Van Gogh es a la música, una rama específica dentro de un universo enorme, Fenollosa instó a los creativos a dejar de estar "espantados" y empezar a surfear la ola. Para Fenollosa, la clave de la supervivencia creativa reside en la voluntad humana y el criterio, situándose en la parte alta de la cadena de valor mientras se delega la ejecución instrumental a la máquina
A continuación, profundizamos en estas y otras claves en la entrevista que concedió a Ctrl en el Kursaal.
Ctrl.- Siempre que hay una disrupción importante en muchos sectores surgen una reacción humana de negación y de autodefensa, pero quizá es con la inteligencia artificial cuando ha habido muestras de un cierre en banda furibundo y un pánico lógico por muchos sectores como en oficios creativos. ¿Cómo lo ve un experto y profesor de IA como tú?
Carlos Fenollosa.- Mis consejos son muy pragmáticos porque creo que no existe una varita mágica, sino una forma de salvarse de la revolución que viene. Es un “mal de muchos, consuelo de tontos”: nos va a pasar a todos, todos los oficios se verán afectados. De hecho, existe una discusión dentro del propio gremio de la informática sobre si no estamos alimentando a la bestia, porque estamos desarrollando una inteligencia artificial que puede sustituir —y ya está sustituyendo— a los programadores. Somos los primeros afectados.
Ante una gran disrupción tecnológica hay que abrazarla y surfear la ola. Si te quedas en la playa sin reaccionar, la ola te lleva. Lo más importante es convertirse en un experto en esta nueva herramienta y usarla para aportar valor, porque la gente va a seguir pidiendo servicios creativos. Pongo una analogía: tú puedes cambiar una bombilla o colgar un cuadro en casa, pero si hay que cambiar las baldosas de la cocina, llamas a un profesional. Puedes ir a comprar el material, pero buscas a alguien que sepa hacerlo.
En el sector creativo se tiene más miedo del que se debería porque se sobrevalora la capacidad creativa de la IA en general. A alguien que pasa por la calle le das una herramienta para crear vídeos o imágenes y el resultado estará a años luz de lo que puede hacer un experto. Por eso: calma y paciencia. Hay que usar la herramienta y entender muy bien dónde aportas valor. Debemos situarnos en la parte alta de la cadena de valor; los “trabajitos'” pequeños de revisar una presentación los hará la máquina, pero los grandes proyectos seguirán dependiendo del criterio profesional.
Ctrl.- No sé si con la revolución de esta generación de modelos de IA se ha mitigado un poco ese “tecnoentusiasmo” que nos ha solido caracterizar a generaciones como la ‘millennial’…
Esta cuestión me parece fascinante: es a la que más tiempo y conversaciones dedico. Soy ‘millennial’ y me metí en informática porque me encanta la tecnología. De repente, resulta que los sueños se han hecho realidad y estamos construyendo todo aquello a lo que aspirábamos. Sin embargo, hay un giro inesperado: todo aquello que hacíamos por placer —porque los informáticos programamos por puro “cacharreo” y los creativos dibujan o inventan sus propias creaciones en casa porque les gusta— ha pasado a ser algo puramente instrumental; ahora lo hace la máquina. Al hablar con otros compañeros, me dicen que programar ya no les entusiasma, que se le ha quitado la “magia” a todo esto. Coincido en que le estamos restando encanto a tareas que antes lo tenían y, por eso, tendremos que empezar a buscar esa magia en niveles más altos, en planos mucho más abstractos.
Ctrl.- Igual la idiosincrasia del ser humano es aprovechar durante el proceso innovador pero al ver la “creación” asustarse ante lo conseguido. No sé si tú, con una mente más analítica y conocedora, ves en peligro a la creatividad.
La figura del experto en creatividad es súper necesaria. Yo no tengo “gusto” estético, y no lo digo por falsa humildad: cuando veo algo terminado sé si me gusta o no, pero ante una hoja en blanco soy incapaz de crear. He programado muchas páginas web, pero siempre recurriendo a plantillas porque no sé combinar colores, tipografías o espaciados; cosas que son muy básicas para un profesional creativo.
La creatividad nace primero de la voluntad: del “quiero hacer algo por este motivo”, para cubrir un caso de uso, una necesidad o un objetivo de comunicación concreto. Yo soy incapaz de definir eso y, de momento, la máquina también lo es. Durante mucho tiempo seguiremos necesitando personas para esta tarea. ¿Dentro de veinte o treinta años? No tenemos ni idea, pero esa voluntad es puramente humana y, en realidad, poca gente la tiene. Insisto en que el sector creativo está más espantado de lo que debería. Se tiende a sobrevalorar las capacidades de la herramienta cuando está gestionada por alguien que no tiene ni idea del oficio.
Ctrl.- Y la última cuestión: el tema del talento 'junior'. Es algo que comento mucho con las agencias tras la ola de teletrabajo pospandemia y, ahora, con el crecimiento de la inteligencia artificial. No sé si se está generando una sequía de perfiles 'senior' a futuro; si es posible que las empresas de todo tipo —ya sean creativas, de programación o de cualquier otra clase— estén provocando una carencia de talento futuro al no apostar por la base 'junior' en este nuevo contexto.
Esto ha sido una bomba de relojería: la Covid-19 más el impacto de ChatGPT y otras herramientas en apenas tres años han cambiado totalmente el paradigma. Con la pandemia nos pusimos a trabajar desde casa; uno trabaja solo, la comunicación es diferente y el empleado es más independiente. Nosotros siempre habíamos tenido becarios por una cuestión de responsabilidad social; además les pagábamos, porque hay que educar a la gente. Yo mismo fui becario y me trataron muy bien, así que creo que hay que tratar a todos bien. Pero con el COVID dejamos de hacerlo porque era muy complicado; hasta que no volvimos a la oficina no volvimos a contratar perfiles 'junior'.
En este 'impasse', aparece la IA generativa y mis propios ingenieros 'senior' me decían: “Oye, Carlos, igual no hace falta contratar becarios”. Seamos sinceros: un becario te cuesta dinero y, de entrada, quizáno te rinde; muchas veces lo que hace está mal, pero lo que es cierto es que no pasa nada porque es una inversión de futuro para que esa persona se forme. El problema es que esto se ha roto muy rápido y ahora parece que ya no es económicamente viable u óptimo.
Está la visión utilitarista: desde una óptica puramente del capital, el empresario piensa: “Si al senior le pongo una herramienta de IA y me hace el trabajo de un par de seniors y un par de juniors, ¿para qué quiero a los universitarios?”. Así se acaba produciendo la sequía de talento que comentamos. Quizá no es tan grave como parece todavía, porque sigue habiendo empleo, pero las cifras van a la baja y hay que revertirlo antes de que vaya a mayores. Por una parte, apelando a la buena voluntad de quienes tenemos empresas: si no contratas 'juniors' hoy, no tendrás 'seniors' dentro de diez años. Y la segunda vía, aunque no quería ser polémico en la conferencia, es la regulatoria. Como empresario quizá no me guste que se pongan normas excesivas, pero quizás las empresas de más de un número determinado de trabajadores deberían estar obligadas a contratar un porcentaje de recién licenciados. El incentivo de la empresa es no hacerlo, pero el incentivo social es hacerlo: hay que empezar a darles vueltas legalmente para dar oportunidades a los jóvenes, que son el futuro.
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