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El caso TikTok como paradigma

El caso TikTok como paradigma
Lunes, 18 de enero 2021

Trump no ha cesado en su empeño de prohibir TikTok alegando que se trata de un arma de espionaje del régimen chino. Según los planes del presidente saliente de EE.UU, la única manera de salvar a la popular plataforma es que fuera comprada por una compañía estadounidense. ¿Se anula así el supuesto peligro de un uso cuestionable de los datos de sus usuarios?

En cualquier lista de protagonistas del año en el sector de marketing y publicidad no puede faltar el nombre de la red social que más ha crecido en términos relativos, tanto en el número de usuarios como de marcas que la usan ya como soporte de sus campañas de publicidad y fuente de inspiración. Con más de 500 millones de usuarios en todo el mundo, TikTok es la red de moda entre los jóvenes, algo que no podría escapar a la atención de los profesionales del marketing. Por algo varias de las campañas más brillantes del año 2020 han partido de ideas de instant-marketing que aprovechaban la popularidad de los vídeos creados por los usuarios en este espacio virtual. Es el caso de la brillante acción de Ocean Spray a partir de un vídeo de Nathan Apodaca que logró una inmensa popularidad y la marca supo aprovechar a su favor. Por cosas como esta la revista estadounidense Adage ha nombrado a TikTok “No1 marketer of the year”. Lo irónico del caso es que sea precisamente en Estados Unidos donde la red está teniendo más problemas para sobrevivir; y no por falta de usuarios (tienen 80 millones), sino porque es objeto de una conspiración de carácter político que quiere cerrarla. Hace meses que el saliente presidente Donald Trump (no todo lo que ha pasado en 2020 ha sido malo) ha declarado la guerra a TikTok. Las malas lenguas dicen que es todo consecuencia de un berrinche infantil que se agarró durante la campaña electoral cuando una movilización espontánea le boicoteó un mitin. Sería una hipótesis absurda si no conociéramos al personaje. Él en cambio ha explicado que TikTok debe cerrarse por motivos de seguridad nacional, una vieja excusa con la que ya antes se han recortado derechos y libertades, y no solo durante la presidencia de Trump. Lo que más parece molestar a Trump y sus seguidores es que TikTok venga de China, como el virus, porque alegan que la aplicación rastrea información sobre los usuarios que puede acabar en poder del temible Partido Comunista de ese país. Como solución proponen que la compañía ByteDance, propietaria de la marca, sea vendida a una corporación estadounidense, y no hay que descartar que esa acabe siendo la solución a este controvertido caso. Al parecer, a los trumpistas no les preocupa tanto lo que puedan hacer los nuevos propietarios de TikTok con esa misma información sobre los usuarios, siempre que sean estadounidenses.

Mientras todas estas cuestiones se dilucidan en los tribunales y en los despachos de los rascacielos, los jóvenes usuarios de TikTok siguen compartiendo con fruición sus contenidos en esta red social, que, contra el pronóstico de algunos, no ha sido destronada por su rival estadounidense Byte en el campo de batalla del mercado.

El caso TikTok se convierte en paradigmático de un dilema de nuestro tiempo que divide a la sociedad e incluso al poder político. Por un lado, están los entusiastas adoptadores de todas las soluciones tecnológicas que satisfagan sus deseos de lograr atención, relaciones sociales y entretenimiento. Por otro, los que miran con suspicacia, miedo e interés maquiavélico todo lo que ofrezca posibilidades de controlar a la sociedad a través de las nuevas tecnologías.

En el año nuevo, más capítulos de este serial.


 
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